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La baja por un esguince puede durar 111 días o 53, según quién la gestione

Un informe analiza estos procesos ante una dolencia traumatológica idéntica Las mutuas atribuyen esta diferencia a la mayor rapidez en las pruebas diagnósticas y un mayor control

La baja médica de un trabajador que tiene una tendinitis en un brazo suele durar una media de 79  días. Sin embargo, si esa lesión es fruto de un accidente laboral y quien gestiona la baja es la mutua colaboradora con la Seguridad Social ese mismo trabajador tiene una baja de 47 días de media, con lo que se reincorpora antes a su puesto de trabajo. Así, la duración de una baja médica de un trabajador difiere notablemente en función de qué organismo la gestione desde su inicio hasta que se produce el alta. En concreto, la diferencia radica fundamentalmente en si la lesión se trata hasta el final por una mutua o por la sanidad pública.

En España los médicos de cabecera de los servicios regionales de salud dependientes de las comunidades autónomas son, en términos generales, los encargados de dar de baja y de alta a los trabajadores, lo que técnicamente se denomina baja por incapacidad temporal (IT).

Si bien, las dolencias que provocan estas bajas pueden tener dos orígenes: una enfermedad común, por un lado, o un accidente de trabajo o enfermedad profesional, por otro. En este último caso, si la dolencia es causada en accidente laboral o es enfermedad reconocida como profesional, los trabajadores también pueden recibir el alta de los médicos de las mutuas de la Seguridad Social. Estas entidades son, además, las que gestionan casi la totalidad de los procesos de accidentes en las empresas.

Según esto, la patronal de las mutuas de la Seguridad Social (AMAT), ha elaborado un análisis comparando cuánto dura la baja por una misma dolencia, dependiendo de si esta se ha originado en un accidente laboral o es una enfermedad profesional y, por tanto, gestiona el alta del trabajador un médico de las mutuas o, por el contrario, la lesión se ha producido fuera del ámbito laboral, como enfermedad común, y es un médico de la sanidad pública el que decide cuándo se da el alta y el trabajador vuelve a su puesto.

En general y para todo tipo de dolencias, la duración de las bajas gestionadas de principio a fin por las mutuas duran de media 36,17 días, frente a los 43,07 días que duran las bajas gestionadas por los servicios regionales de salud y el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS).

Pero es en las lesiones traumatológicas donde se ve más esta diferencia. Así, tras analizar la duración de las 20 patologías musculoesqueléticas más comunes se observa que una baja de este tipo es de 30,49 días si la gestión completa es de una mutua, lo que supone casi la mitad de días que lo que dura una baja por una dolencia idéntica si el alta se produce por la sanidad pública (57,61 días).

Si se desciende a patologías concretas, los casos más llamativos se producen en los esguinces y torceduras de todo tipo. Así, una baja por un esguince de hombro o de la parte superior del brazo dura una media de 111 días si la gestión es del médico de cabecera y de 53,31 días si el proceso es gestionado por una mutua.

También es muy considerable la diferencia en la duración de otras lesiones como los trastornos articulares no especificados o las alteraciones cervicales, donde las bajas también duran casi la mitad de tiempo si las gestiona una mutua.

Por el contrario, en las fracturas, cuya curación es más clara en una prueba de diagnostico, esas diferencias no son tan abultadas. Por ejemplo, cuando un trabajador se rompe el brazo (radio y cúbito) la diferencia de ese proceso de baja es de apenas seis días: 96 días si la gestión y el alta la da una mutua y 102 días, si lo hace el médico de cabecera y los especialistas de la sanidad pública.

Fuentes del sector de las mutuas explican estas diferencias por la mayor rapidez en las pruebas diagnósticas que realizan estas entidades, y por un mayor control de las bajas.

Antes de 2014, en todos los procesos de baja médica debía haber partes de confirmación cada semana pero desde ese año la ley fijó una duración estimada para cada dolencia y de esta forma los partes de confirmación se dilatan en función de los días que se prevea que dure la baja. “Sin embargo, en las mutuas, por ejemplo, apuramos más al día estos controles, aunque se respeten los plazos estimativos que da la ley”, explican estas fuentes.

Con este argumento de una mayor diligencia en la gestión de las bajas de los trabajadores las mutuas de la Seguridad Social defienden desde hace tiempo que si los médicos de estas entidades pudieran dar el alta en los procesos de bajas por enfermedad común, supondría un importante ahorro monetario y en días de trabajo perdidos.

El pasado año se presupuestaron casi 7.000 millones de euros para costear las prestaciones por incapacidad temporal. De esta cantidad, las mutuas abonaron 4.500 millones en prestaciones económicas de bajas por enfermedad común –en procesos en los que no pudieron dar el alta al trabajador que se incorporó a su empleo cuando lo determinó su médico de cabecera–. Para 2018 está previsto destinar casi 8.000 millones a costear todas estas bajas.

En este escenario, desde AMAT calculan que si las bajas por enfermedad común pudieran tratarse en los centros de las mutuas y sus médicos determinar las altas, se podrían ahorrar a los trabajadores y las empresas más de 32,5 millones de jornadas laborales perdidas y el coste en prestaciones se recortaría 2.000 millones anuales. Si bien, de momento, ninguno de los equipos de Gobierno que ha pasado por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ha visto con buenos ojos esta posibilidad.

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