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El reto de la seguridad en los aeropuertos

Los gestores de las ciudades deben ser capaces de implantar las medidas necesarias

Pasajeros en el aeropuerto de Barajas (Madrid). EFE

En el mes de agosto, como cada año, España cuelga el cartel de “cerrado por vacaciones”. Millones de personas se disponen a disfrutar de esta época estival y esto es sinónimo de numerosos movimientos en tren, coche, autobús, barco o avión. Pero, aunque este verano se prevén más de 80 millones de desplazamientos por carretera, cada vez más los españoles se decantan por utilizar el avión en sus vacaciones. De hecho, en agosto de 2017 se registró un aumento del uso de este medio en un 5,2%, situándose por encima del tren como alternativa.

Sin ir más lejos, Aena cerró 2017 con un tráfico de más de 249,2 millones de pasajeros, batiendo un récord histórico en los aeropuertos españoles. Un aumento de la afluencia de viajeros que con la llegada de agosto se complica. Las cancelaciones y los retrasos anunciados por las huelgas de las aerolíneas, sumadas al aumento de pasajeros, colapsan en muchas ocasiones nuestros aeropuertos. Y en estas fechas es más necesario que nunca garantizar la seguridad de este tipo de infraestructuras. Porque, aunque el avión sea uno de los medios de transporte más seguros, no debemos mirar sólo al cielo en busca de garantías, porque nuestra seguridad también está en tierra.

Es en tierra donde se sitúan las cámaras de videovigilancia, los detectores de explosivos, lecturas de huella dactilares, reconocimiento facial o los arcos de seguridad. Son estas, entre otras muchas tecnologías, las que hoy en día se han convertido en las grandes aliadas de nuestras fuerzas de seguridad aeroportuarias. Los turistas los vemos como un mobiliario más, que a veces nos resulta hasta incómodo, pero su función no es accesoria ni disuasoria, sino imprescindible.

Conscientes de los cambios de hábitos de los pasajeros, las medidas de seguridad en los aeropuertos también han evolucionado con el tiempo para adaptarse a los nuevos retos. Se ha pasado de una seguridad principalmente orientada a evitar una intrusión no intencionada, a tener que afrontar amenazas premeditadas y con intenciones de sabotaje, contrabando o terrorismo.
Sin olvidar que la gestión de los propios problemas derivados del aumento de pasajeros es cada vez más compleja y necesita contar con sistemas cada vez más innovadores para evitar el colapso de los recursos.

Como es el caso de la facturación de maletas, transporte automático de equipaje, movilidad interna de pasajeros, sistemas de detección de incendios, etc. Las nuevas tecnologías juegan un papel protagonista en el día a día de nuestros aeropuertos, –y más aún en estos meses de saturación–. Con la aplicación de nuevas soluciones a aspectos tan relevantes como la seguridad en los perímetros, las plataformas o en el control de accesos de una terminal, los operadores de seguridad pueden detectar una amenaza con tiempo suficiente para reaccionar.

Recientemente, Atlanta y Las Vegas han sido protagonistas de dos incidentes de este tipo por una brecha en el perímetro de seguridad en sus aeropuertos. Para poder evitar este tipo de errores, es fundamental contar con sistemas de analítica de vídeo que alerten al operador de seguridad. Por ejemplo, los sistemas de detección perimetral multisensorial, basados en analítica con cámaras térmicas, radares y detectores de movimiento, son una de las mejores herramientas para proteger los perímetros en los aeropuertos. Ya que libera a los operadores de seguridad de estar pendientes de las cámaras de seguridad, en lugar de situarse en los puntos del perímetro para poder actuar con rapidez.

Otra de las zonas sensibles en materia de seguridad es la plataforma y lugares de maniobras. Son espacios donde los aviones estacionan, se cargan, descargan y se reabastecen. Para contrarrestar las posibles amenazas en estas zonas y contar con un mayor control para prevenir incidentes también es necesario hacer uso de las últimas tecnologías en cámaras de videovigilancia.

En este sentido, en los últimos años ha aumentado la demanda de sistemas de identificación biométrica, tanto para complementar la seguridad en el control de accesos, como para ayudar en la identificación de personas. A estas innovaciones en el análisis de vídeo, como el caso del reconocimiento facial, se suman otras importantes tecnologías como la lectura de huella dactilar o la implantación de escáneres adaptados al standard 3 de seguridad en aeropuertos. Un tipo de escáneres que permiten la inspección pormenorizada del equipaje de bodega, con imágenes en alta definición, para la detección de explosivos y otros materiales peligrosos.

Pero más allá de la gestión y detección de amenazas terroristas o de intrusismo, existen una serie de incidentes que, en épocas de sobresaturación como las que vivimos estos días, pueden desembocar en múltiples problemas con graves consecuencias. Es el caso de los incendios o la gestión de recursos en las propias instalaciones. Hoy en día ya contamos con las tecnologías de última generación capaces de controlar este tipo de situaciones y existen lugares donde las empresas desarrollan innovaciones para de garantizar el correcto funcionamiento de este tipo de infraestructuras. Concretamente, el Siemens Airport Center (SAC), situado en Fuerth Bislohe (Alemania), es un laboratorio donde se crean, prueban y mejoran las distintas soluciones que la compañía implementa para los aeropuertos del futuro.

Sobra decir que nuestra seguridad depende de la capacidad de una ciudad para adelantarse y responder ante las amenazas y los retos del futuro. Es decir, de su resiliencia. Tanto los organismos públicos como los propios gestores de las ciudades deben implantar en las ciudades las herramientas capaces de resolver las necesidades de los ciudadanos en todos y cada uno de los ámbitos de sus vidas. Aunque el tema de la seguridad es, sin duda, el que más apremia.

El aumento de la población y su concentración en núcleos urbanos supone una grave amenaza en muchos sentidos para nuestras ciudades, pero los aeropuertos, al tratarse de una de las infraestructuras más sensibles dentro de sus servicios, deben ser uno de los principales focos de inversión y renovación.

Muchas veces no podemos evitar los retrasos en los vuelos ni impedir las huelgas en las aerolíneas, pero es mejor ser capaces de evitar peores consecuencias. Porque todos queremos colgar el cartel de cerrado, pero solo el de “cerrado por vacaciones”.

Jesús María Daza es director general de ‘building technologies’ de Siemens España

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