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Cómo seleccionar los fondos para salvar el año en el segundo semestre

Es conveniente tener paciencia para volver a rentabilidades positivas, y, desde luego, admitir que sin más riesgo no hay opción a más retorno

El primer semestre del año no ha sido fácil para los inversores. Las Bolsas de las grandes economías han entrado en la segunda mitad de 2018 con los índices por debajo de donde estaban en el arranque del ejercicio, y el panorama para reforzar las apuestas no está en absoluto despejado. De hecho, hay muy pocas certezas, aunque bien es cierto que la que sigue contando con todas las opiniones favorables es el crecimiento generoso de la economía, y con él, el de los beneficios de las corporaciones. Tras la euforia de las primeras semanas de enero, cuando los índices registraron los máximos del año, el miedo a la inflación, la subida de los tipos y la contracción de la actividad, el pesimismo se adueñó de las mesas de contratación, y cuando se templaron los ánimos, llegó la guerra comercial de Trump para imponer unos niveles de volatilidad que han dado al traste con el sosiego que precisan los inversores de largo plazo. Acertar en las apuestas ha sido desde entonces una tarea imposible, e incluso los gestores más profesionales, los de los fondos de inversión, han tenido desempeños muy pobres, cuando no negativos.

Revertir la situación en el segundo semestre se antoja complicado, porque las incógnitas siguen sin despejar la ecuación perfecta. Las amenazas de la administración norteamericana con continuas anuncios de aranceles a los productos europeos, asiáticos, canadienses o latinoamericanos no ofrecen garantías para reforzar las posiciones; la anunciada llegada de una recesión en Estados Unidos en 2020, aunque ha perdido adeptos en los últimos meses, no es en absoluto descartable; y en qué términos se producirá el brexit, si finalmente se llega a él, no son adivinables.

En tal situación, la industria de los fondos seguirá corriendo más riesgos de los acostumbrados para proporcionar retornos, aunque limitados, a los partícipes. La renta fija está atrapada en la inequívoca necesidad de subir los tipos, aunque sin la premura anunciada con la única salvedad de la economías americana y británica, y obliga a desplazar el dinero a los emergentes, o a pequeños fondos que bucean en pequeñas compañias industriales y de servicios tanto en los continentes emergentes como en los maduros. Los particulares que apuesten por ceder la gestión a los profesionales de esta industria deben vigilar las comisiones, exigiendo que se ajusten al desempeño real, y no deben dudar en cambiar de gestora si es preciso. Es conveniente tener paciencia para volver a rentabilidades positivas, y, desde luego, admitir que sin más riesgo no hay opción a más retorno.

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