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Lo que les cuesta a las grandes fortunas hacer una mudanza

Con dos coches de alta gama y varias obras de arte, el cambio de casa sale por más de 35.000 euros Este tipo de procesos son estacionales y suelen hacerse en verano

Han pasado tres semanas desde que se formalizó el fichaje de Cristiano Ronaldo por la Juventus de Turín. Cuando tienen lugar operaciones de este tipo, además de en las desorbitadas cifras que se manejan, los ojos suelen posarse en otros aspectos derivados, como qué ocurre con las posesiones que el futbolista tiene en el lugar de origen. En este caso, Ronaldo ha vendido su vivienda, en la exclusiva urbanización madrileña de La Finca –y se especula con que rompa con el proyecto inmobiliario que se gestaba en la Gran Vía–. Mucha más opacidad hay, sin embargo, en torno a la mudanza del portugués.

Entre muchos de sus bienes, Ronaldo posee una importante colección de coches de alta gama, entre los que se cuentan un Rolls-Royce, un Maserati, un Porsche, un Ferrari, un Lamborghini y un Bugatti. También disfruta de un gimnasio en el que no faltan las máquinas más novedosas. Todo ello, junto al resto de sus posesiones, ha tenido que salir con él de Madrid.

En verano es cuando tienen lugar este tipo de mudanzas. No solo entre deportistas de élite, también entre grandes fortunas mucho más alejadas de la escena pública. En la mayoría de los casos, dada la dimensión de estos movimientos, los interesados recurren a empresas especializadas que se encargan de supervisar y llevar a cabo todo el proceso. Una de ellas es Gil Stauffer, agencia internacional que trabaja, entre otros, con profesionales del Real Madrid. “Hemos llevado las mudanzas de deportistas de élite, de grandes empresarios, de artistas y famosos y todo tipo de clientes exclusivos”, cuenta Raquel Amo, directora general de la división de transporte internacional y reubicación de la firma.

Y es que estos procesos no tienen nada que ver con un traslado al uso. “Muchas veces, las mudanzas son internacionales. También se manejan grandes volúmenes de objetos y, generalmente, lo que movemos tiene gran valor económico. Nos encontramos con obras de arte, vajillas valiosas, muebles de época... Todo eso tiene que tener un trato especial”, explica Amo.

Otra de las compañías especializadas en este segmento es Grupo Amygo, dedicada a todo tipo de mudanzas, incluidas las de los clientes exclusivos, y que trabaja, entre otros, con el Ministerio de Defensa. “Tenemos el mercado segmentado. Por un lado, los clientes corporativos, como personal de embajadas, directivos, personal del Instituto Cervantes... Por otro, los clientes particulares, y, por último, los vips, que se tratan con algo más de dedicación”, narra Jesús Rodríguez, director de ventas y de marketing de la organización, quien cuenta todo el trabajo que deben llevar a cabo para que una de estas mudanzas finalice con éxito.

Lo primero, prosigue Rodríguez, es obtener una serie de datos del trasladado. Por ejemplo, la fecha de mudanza, tanto para la recogida como para la entrega. También hay que evaluar el volumen de elementos que se mueve, si se necesita un embalaje especial, si son necesarios determinados permisos para llegar a la vivienda, ya que muchas están en zonas privadas o de difícil acceso. “Toda esta información tenemos que gestionarla mucho antes de comenzar con el proceso”, detalla.

Para ello, relatan los dos expertos, antes de comenzar a moverse, la empresa hace una visita al domicilio, donde un técnico toma nota de la situación y evalúa las necesidades, analiza cuánto personal hace falta y qué transportes son necesarios. “En varias ciudades no puedes entrar al centro con camiones grandes. Necesitas vehículos más pequeños. En muchas comunidades hay que pedir permiso para poder acceder o usar el ascensor. En algunas fachadas históricas no se pueden utilizar escaleras”. Son ejemplos que da Jesús Rodríguez, y que demuestran por qué es tan necesario ese primer contacto con el cliente.

“Hace unos años hicimos la mudanza del cónsul español en Washington. La vivienda estaba totalmente enmoquetada en color blanco. Si no hubiésemos ido preparados, probablemente se habría ensuciado”, añade Rodríguez. Por eso, cuanto más exclusivo es el cliente, más cuidado hay que tener, porque situaciones de este tipo son muy comunes. Estas compañías también tienen que tener especial cuidado en el trato de todo lo que mueven. “Los cuadros, por ejemplo, tienen que ir en camiones o contenedores refrigerados, ya que si fuesen a la misma temperatura que un mueble, se acartonarían y estropearían”, apunta Raquel Amo. Otro de los clásicos, muy común en estas partidas, es el piano de cola. “También hay que prestar atención al cuidado de la madera para no dañar el instrumento”, agrega.

Con otros artículos, como pueden ser las esculturas, los vehículos de época y otros objetos de gran valor, las empresas suelen diseñar embalajes y contenedores a medida, para proteger por completo todo lo que se traslada. Otro de los puntos clave de todo el proceso, afirman Rodríguez y Amo, es el de la seguridad.Saber elegir al personal es muy importante. Deben ser educados, discretos y de confianza. Son profesionales que van a tocar y ver objetos personales, van a entrar en la intimidad de las personas. Por eso siempre firmamos acuerdos de confidencialidad”, señala Rodríguez. “Además, sabemos cuándo va a abandonar alguien la casa, al igual que cuándo va a entrar en la nueva. Es una información que en muchos casos no puede hacerse pública”, apostilla Amo.

Los precios de estos procesos van acordes a todo el trabajo que mueven. “El coste suele medirse en función del volumen, la distancia, los accesos, los países y los tiempos. De media, un contenedor de 30 metros cúbicos, para una casa normal en Estados Unidos, puede salir entre 7.000 y 10.000 euros”, explica Rodríguez. Otras algo más grandes, en las que se mueven más metros cúbicos y, por ejemplo, un par de coches, pueden costar en torno a los 25.000 euros. “Si además hablamos de mover obras de arte y objetos de valor, con paquetes y embalajes especiales, de 35.000 euros no suele bajar”, apunta Amo.

La difícil regulación aduanera

Una de las partes más complicadas del trabajo de estas empresas es el de la gestión internacional. “Tenemos que estar al tanto de la regulación aduanera de todos los países”, continúa Rodríguez. Y es que, así como hay zonas en las que todo es más fácil, principalmente las de la UE, por razones obvias, hay otros mercados muy complicados. “Si mandas algo a Brasil o Australia y no está certificado, como maderas o trofeos de caza, te lo devuelven. En Sudáfrica, debido al proteccionismo del producto local, tienes que pagar por botella de vino un impuesto del 300% sobre el valor total. Hay clientes con bodegas importantes que tienen que saber esto”, añade Rodríguez.

Por su parte, México, uno de los destinos más solicitados, “es uno de los que tienen aduanas más complicadas, porque para no declarar impuestos por mudanza necesitas la nacionalidad. Estados Unidos también es difícil, pero como trabajamos tanto allí, ya sabemos cómo actuar”, narra Amo.

Lo más importante, aclaran los portavoces, es que todo salga como es debido. “Una mudanza de este tipo no es simplemente un cambio de casa. Cambias de país, de cultura, de trabajo... Es un movimiento tan grande que nada puede fallar”, comenta Jesús Rodríguez. “Después del divorcio, la mudanza es uno de los trámites más estresantes. Nosotros nos dedicamos a quitarle la preocupación a este tipo de perfiles”, dice Raquel Amo. Una organización como Amygo puede mover en torno a 6.000 mudanzas anuales, “la mayoría de ellas en verano. Este es un servicio muy estacionalizado”, concluye Rodríguez.

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