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¡Tánger bien vale una Supercopa!

La Marbella de Marruecos emerge como nuevo polo turístico de lujo Barcelona y Sevilla disputarán la final en la atractiva ciudad portuaria

Vista de la ciudad vieja de Tánger desde el puerto.

No se han apagado aún los ecos del último Mundial de Fútbol, cuando el balón volverá a rodar con un trofeo en liza. La final de la Supercopa de España, entre el Sevilla y el FC Barcelona, se jugará el domingo 12 agosto, con dos novedades importantes. La final se disputa, por primera vez, a partido único y también, por primera vez, fuera de nuestro país, en el estadio Ibn Batuta de Tánger.

Polémicas aparte, una buena excusa para pasar el fin de semana en la bulliciosa capital del norte de Marruecos. Ciudad portuaria y con un pasado canalla, su mala fama ahuyentaba al viajero, pero no se preocupe, eso ya es historia.

En parte, gracias al empeño personal del rey Mohamed VI por atraer al capital extranjero para mejorar las infraestructuras del norte del país, y convertir Tánger y alrededores en imán para el turismo de lujo, la Marbella de África, con su flamante nuevo puerto turístico, inaugurado en junio, y nuevo destino de cruceros.

En marcha

Por mar, puede llegar en ferry –y llevar su coche– desde Algeciras o Tarifa (unos 35 minutos) y luego otros 45 minutos por carretera hasta el centro de la ciudad. En avión, Air Nostrum y Vueling tienen vuelo directo a Tánger desde Madrid (desde 189 euros por trayecto), Barcelona y Sevilla (desde 246 y 384 euros, respectivamente, por trayecto).

Desde el aeropuerto Ibn Batuta –sí, también se llama como el campo de fútbol y tendrá que familiarizarse con este nombre porque es el vecino más ilustre de Tánger y uno de los más grandes viajeros y exploradores árabes de la Edad Media,– al centro solo hay 13 km. Si su economía se lo permite puede darse el capricho y llegar en helicóptero desde Ceuta.

Una de las fabulosas villas del hotel Banyan Tree.

La carretera de Rabat, bien asfaltada y que conduce desde el aeropuerto a la ciudad, está salpicada de palmeras; contemplará un paisaje impoluto –uno de los llamativos cambios de la reconversión de Tánger–, divisará, sobre todo en la zona más cercana a la costa, jardines tropicales que esconden grandes mansiones –incluida una de las residencias de verano del rey alauí– y hoteles de lujo recién estrenados.

Atisbará también las colinas que rodean la ciudad blanca e intuirá algo del encantador caos en el que se desarrolla la vida en su atractiva Medina. Se dará cuenta que, como puerto y baluarte comercial, ha sido conquistado por distintas civilizaciones desde la antigüedad. En las calles y arquitectura de la ciudad reconocerá a simple vista vestigios del paso de franceses –por sus edificios art déco– y españoles –por sus característicos balcones y balaustradas–. De hecho, encontrará mucha gente que habla español.

Aperitivos de la cocina tradicional marroquí.

Situada al norte de Tánger, y como ocurre en otras ciudades árabes, la Medina –la zona más antigua– suele ser es el centro de la vida de la ciudad. Un laberinto de calles estrechas, escaleras y fachadas blancas donde está el gran zoco con sus puestos y tiendas de todo tipo que vende cualquier mercancía y souvenirs para turistas –dátiles, especias, aceites, en especial el famoso aceite de argán, plata, alfombras o artesanías–.

Adéntrese en ellas y disfrute del ajetreo, la algarabía, del genuino ambiente local y del obligado regateo si quiere comprar algo, y tenga paciencia con los pesadísimos pseudoguías que le abordarán para ofrecer sus servicios.

En lo alto de la Medina está la kasbah, la antigua fortaleza amurallada que protegía Tánger y que aún conserva sus trece puertas, torres y atalayas. Allí están algunos museos, como el Arqueológico y los numerosos y coquetos cafés invitan a hacer un alto. Desde allí podrá contemplar las colinas que la rodean, el puerto, la catedral española y la Gran Mezquita, con sus características tonalidades verdes, situada en la más famosa plaza de Tánger, la Plaza 9 de abril, porque en ella han tenido lugar relevantes e históricos acontecimientos.

De café en café

Estos locales son uno de los tesoros más preciados de Tánger. Dese un tiempo para probar un té menta en alguno de los más célebres como el de París, que dicen, fue un nido de espías durante la II Guerra Mundial. Su imaginación, el aire decadente del sitio, con sus grandes ventanales y sus espejos, le trasladarán fácilmente setenta años atrás.

Otros iconos son el Café Hafa, con sus terrazas colgantes sobre el mar, o el piano bar del hotel Minzah –caro–. En este recorrido no puede faltar la terraza del hotel Continental, escenario de la serie española El tiempo entre costuras.

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