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La universidad sigue sin tomarse en serio el cambio digital

El informe ‘Universitic’ de la CRUE revela que el cambio tecnológico en los campus no está bien planificado Algunas herramientas, como las titulaciones online y la conexión wifi, han mejorado

Una de las bibliotecas de la Universidad del País Vasco. Getty Images

La transformación digital en las universidades españolas, si bien avanza año tras año, lo hace a un ritmo que sigue siendo demasiado lento. Es la conclusión que se extrae del informe Universitic 2017: análisis de las TIC en las Universidades Españolas, presentado ayer por la Confederación de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE). En el estudio han participado algo más de dos tercios de los campus españoles (86% de las públicos y 25% de las privados), que engloban al 84% de los estudiantes de todo el país.

Hay algunos datos que dan pie al optimismo, sobre todo al compararlos con las cifras de las ediciones anteriores. Según explicó Juan Gómez, presidente de CRUE-TIC, la rama de la organización que se encarga de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), se perciben avances palpables. “Han aumentado en un 17% las titulaciones online que ofertan los campus, hasta alcanzar un total de 484, cifra que representa el 7% del total”. A esto se le añade que el 83% de las aulas tiene, entre otros puntos, conexión avanzada a internet para los alumnos y proyector multimedia.

Los centros permiten, además, que cada vez sean más los estudiantes que se decidan a llevar a clase, y usar, sus propios equipos. Las conexiones wifi llegan a los 20 millones anuales y ha aumentado en un 13% el catálogo de aplicaciones virtuales destinadas a la enseñanza. Además, casi un 85% de las universidades españolas participantes en el informe ha considerado, de forma aislada o planificada, llevar a cabo iniciativas sobre la adopción de cursos abiertos online, conocidos como Massive open online course (Mooc).

Pese a esto, las cifras absolutas del sector siguen siendo minoritarias. Y es que, a diciembre de 2016, cuando se contabilizaron los datos, las cuantías destinadas a la digitalización seguían siendo demasiado bajas. “Las universidades españolas destinan una media del 3,48% del presupuesto total a las tecnologías, y captan una media de 96.000 euros a través de financiación externa, un 42% menos respecto al año anterior”, aseguró Juan Gómez. Porque aunque el 91% de las universidades posee un presupuesto propio para esta transformación, solo el 27% de ese porcentaje dispone de una contabilidad analítica de dichos servicios con la que se pueda conocer su coste y evolución.

Brecha cultural

Uno de los puntos más conflictivos de este periplo es el que se refiere a la brecha cultural entre todos los colectivos que intervienen de una u otra forma en el proceso docente de la universidad. Y es que, las intenciones de los campus, por muy buenas que sean, si no van acompañadas de una transformación total, quedarán en balde. “Ese cambio tecnológico, las nuevas generaciones de estudiantes, ya lo traen interiorizado de casa. Somos el resto de colectivos universitarios los que tenemos que seguir esforzándonos para dirigirnos a él”, apuntó Gómez. El objetivo, reclaman desde la CRUE, es adaptar la universidad española a los tiempos actuales, y así poder responder con urgencia a las necesidades del nuevo público. Uno de los ejemplos que mejor ilustra este cambio es el del teléfono móvil, una herramienta que los alumnos ya ven como habitual para poder llevar a cabo las tareas en el aula, pero que, en términos reales, sigue estando desaprovechada en los campus. “Es algo que tenemos que afrontar de una manera clara y con cierta urgencia”, alegó Gómez, no sin reconocer que en esta andadura, los estudiantes están varios pasos por delante de, por ejemplo, los propios profesores, “que, en ocasiones, siguen sin entender que estas herramientas son una oportunidad para su trabajo”.

Pese a todos los deberes que quedan por hacer, Roberto Fernández, presidente de la CRUE desde finales de 2017, además de rector de la Universidad de Lleida, puso el pie en el freno: “Tenemos que saber coordinar lo que hay con lo que viene”, porque a veces, por querer ir demasiado rápido para afrontar todos los cambios que vienen, el resultado acaba siendo negativo. “La tecnología, mal enfocada, puede llevarnos a caminos incluso no deseados”, detalló.

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