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Johanesburgo, la ciudad maldita

Fuera de los circuitos turísticos, lucha contra su leyenda negra Una animada agenda cultural y de ocio son su mayor potencial

Panorámica de Johanesburgo.

Joburg, como suelen llamarla los sudafricanos, es casi siempre la puerta de entrada al país y una ciudad de paso en la mayoría de los circuitos turísticos. Esta megaurbe, al noreste de Sudáfrica, en la provincia de Gauteng, puede engañar a primera vista, es esquiva con el peatón y poco amable con el turista, sobre todo cuando dispara el objetivo de su cámara sin ton ni son, como si acabara de comenzar un safari urbano y humano.

Johanesburgo es una moderna capital –aunque no lo sea del país– y, a ratos, hasta resulta fascinante descubrir alguna de sus múltiples caras. Es cierto que su mala fama la precede, pero relájese. El sentido común y unas mínimas normas de seguridad –no caminar solo y de noche, no adentrarse en calles y barrios conflictivos– le ahorrará sustos.

Si viaja en un tour organizado o contrata un guía local, no eche sus consejos en saco roto, aunque le parezca que se ponen muy pesados. No es una metrópoli fácil y los índices de violencia no son meras estadísticas. Si viaja por su cuenta, esté alerta y extreme las precauciones.

No se desanime, Joburg es una población vibrante; aunque solo sea por la agenda cultural y de ocio, vale la pena descubrirla.

La historia de Johannesburgo y la de la propia Sudáfrica están ligadas a uno de los barrios más icónicos de la lucha contra el apartheid, Soweto, ineludible cita turísitica este año que se conmemora el centenario del nacimiento de Nelson Mandela, el líder negro que dedicó su vida a acabar con la separación.

La lucha contra la segregación ha avanzado políticamente, pero social y económicamente tiene un largo camino por recorrer como constatará una vez salga del aeropuerto de Ortia (Oliver Reginald Tambo International Airport).

A las puertas de la gran ciudad, poderoso centro financiero y económico, y lejos del skyline de rascacielos, proliferan los town­ship, los paupérrimos barrios marginales donde se hacina la población negra, que supera en una proporción de 7 a 1 a la minoría blanca de Johanesburgo. Un paisaje que seguro le sobrecogerá y que se repite a lo largo y ancho del país.

Soweto, a unos 20 km al suroeste de Johanesburgo, era uno de estos suburbios, icono de la resistencia negra y aún hoy conmueve su ambiente. En Vilakazi Street está la humilde casa de Nelson Mandela, hoy convertida en museo y centro de peregrinaje de viajeros de todo el mundo. Y muy cerca de allí, la de Desmond Tutu; por ello, esta calle salpicada de puestos ambulantes, con souvenirs para turistas, es conocida como la vía con más premios Nobel del mundo. Más abajo está otra ilustre vivienda, la que habitó Winnie Mandela.

Cerca, el memorial Hector Pieterson, dedicado a las víctimas del apartheid, y la iglesia católica Regina Mundi, tristemente famosa porque allí se refugiaban de la policía los defensores del movimiento de liberación.

Otra visita obligada es Constitution Hill, en Kotze Street, en Braamfontein, una antigua fortaleza, célebre porque albergaba la cárcel donde fue encerrado Mandela y otros líderes negros. Las celdas se pueden visitar. Desde la colina se divisa una de las panorámicas más populares de Joburg.

Más reconfortante y lúdica resulta la visita al 44 Stanley Avenue, en Milpark, también en Braamfontein. Uno de esos espacios industriales depauperados y reconvertido en un multiespacio funcional y moderno en el corazón de la ciudad, donde dejarse ver y donde encontrará las tiendas más cool, artesanías, textiles locales, junto a galerías de arte, estudios de diseño, cafés y restaurantes como el Salvation Café, donde podrá familiarizarse con la cocina sudafricana (10 euros el menú).

Otro barrio recuperado y hoy muy chic es Maboneng. Lleno de terrazas, restaurantes, estudios de cine y espacios creativos para los más modernos.

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