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Bruselas plantea la supresión del adelanto de hora en el verano

La CE abre una consulta pública sobre el mantenimiento del cambio horario El organismo comunitario reconoce que apenas se logra ahorrar energía

El Tramnochador, servicio nocturno de tranvía en Alicante para los fines de semana del verano. FGV

El tradicional y polémico cambio de hora en Europa se somete a examen. La Comisión Europea ha anunciado este jueves la apertura de una consulta pública (hasta el 16 de agosto) sobre el mantenimiento o supresión del adelanto de hora que cada año se hace el último domingo de marzo.

En los últimos años, los partidarios de abolir el cambio horario han ganado peso y Bruselas, que no es muy partidaria de la supresión, ha tenido que ceder y admitir que, al menos, estudiará esa posibilidad.

La consulta permitirá a los ciudadanos en general y a todas las empresas u organizaciones que se sientan concernidas pronunciarse a favor o en contra de mantener los cambios de horas semestrales (el último domingo de octubre se retrasa de nuevo la hora adelantada en marzo). Entre las empresas potencialmente más interesadas en la consulta figuran las energéticas, las hosteleras, las de transporte o las agrícolas, porque por las horas de luz pueden afectar al patrón de consumo y actividad en esos sectores.

El llamado horario de verano se generalizó tras la crisis del petróleo de 1973, como un método de ahorrar energía ganando horas de luz solar. Italia y Malta fueron los primeros países en Europa en adoptar el cambio y otros países se fueron sumando dentro y fuera de la UE (España en 1977). Bruselas intervino para armonizar los cambios en 1996, preocupada por el impacto de la diparidad en el mercado interior. Y en el año 2000, una directiva impuso como obligatorio el salto adelante y atrás del reloj.

Pero la práctica genera un número creciente de críticas, por su presunto impacto en la salud, y algunos países, sobre todo nórdicos, reclaman ya su eliminación o, al menos, que se deje libertad a cada Estado miembro de la UE para adelantar o no los relojes.

Bruselas ha descartado esa posibilidad y asegura que debe mantenerse la sincronización del cambio entre los 28 Estados miembros de la UE "para no perjudicar la unidad del mercado interior". Pero la Comisión, tal y como le reclamó el Parlamento Europeo, se muestra abierta a estudiar la conveniencia o no del baile bianual de agujas.

El documento de consulta, que se puede rellenar a través de internet, recabará todas las opiniones. La Comisión se compromete a analizar las respuestas y a adoptar una decisión tomándolas en cuenta. Pero fuentes del organismo advierten que "no se trata de un referéndum y la decisión no se adoptará en función de cuántas personas se pronuncien a favor o en contra sino de acuerdo con una evaluación de todos factores".

El organismo comunitario facilita a la opinión pública varios informes y estudios sobre el cambio horario. Y admite que no hay evidencias claras a favor ni en contra del cambio horario.

El ahorro energético es "marginal", reconoce la CE, a pesar  de que fue uno de los principales argumentos a favor de cambiar la hora. Tampoco hay pruebas claras sobre la mejoría de la seguridad vial, otra de las razones habitualmente esgrimidas. La seguridad que al parecer se lograría con más horas de luz solar por la tarde puede verse contrarrestada por un estado más somnoliento de los conductores a primera hora de la mañana.

La CE tampoco ha encontrado pruebas fehacientes sobre el impacto en la salud humana que, según las voces críticas, supone el cambio horario. Bruselas admite que la repercusión en los biorritmos humanos tal vez sea mayor de lo que se había supuesto inicialmente. Pero recuerda que el horario de verano también genera efectos positivos porque facilita más tiempo de ocio al aire libre.

En cuanto a la agricultura, otro de los sectores afectados, Bruselas señala que la evolución tecnológica (iluminación artificial, automatización en las granjas, etc.) ha disipado los recelos que provocaba el cambio horario entre los ganaderos, porque perturbaba rutinas como la del ordeño.

En definitiva, la Comisión deja abierto el debate, pero parece concluir que el cambio horario no es más que una tradición poco útil pero inofensiva. Como tantas otras.

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