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El fantástico bosque de Merlín en el corazón de Bretaña

Excursiones en busca de hadas, castillos de cristal y lagos fantásticos Miles de hectáreas para perderse tras la leyenda del rey Arturo

El castillo de Comper, en el bosque encantado de Brocéliande. Cinco Días

Castillos, bosques encantados, hadas, duendes, magos, leyendas y cuentos ancestrales forman parte indisociable de la historia de la Bretaña francesa. Situada en el extremo oeste del país y pegada al canal de la Mancha, Bretaña es una región mágica –también por sus paisajes, sus ciudades medievales o sus preciosos pueblos con encanto– en la que a veces lo real y lo imaginario se funden para hacerle vivir su propia ficción.

Una de las fábulas –o acaso no, aunque no se haya podido encontrar la más mínima evidencia histórica– más famosa es la del rey Arturo y tiene su origen en el bosque de Brocéliande, a solo 30 km de la ciudad de Rennes.

Érase una vez hace ­miles de años que un monarca llamado Dymas y que habitaba en Brocéliande, salió de su castillo para buscar esposa y se casó con un hada. Entonces no eran diminutas ni ninfas malcriadas como la Campanilla de Disney se ha encargado de regar por todo el mundo, sino mujeres de rompe y rasga capaces de conceder dones, pero también de hacer hechizos.

La historia de amor entre el rey y el hada en el bosque encantado duraría lo que un embarazo del que nacería Viviana.

Su mamá no sobrevivió al parto y Dymas, desolado, huyó y abandonó a la niñita a su suerte. No se ponga triste porque para algo en los cuentos existen las hadas madrinas, sus gracias –belleza, inteligencia y sabiduría– y sus peajes –la pequeña hada no podría abandonar el bosque, ni su castillo de piedras rojizas–.

Viviana tiene un lago de burbujas –hoy se puede visitar– y en su andadura vital, conoce a un niño, compañero de juegos, a un galanazo del que se enamora perdidamente y a un anciano, el mago Merlín, tardaría en saberlo.

Tres en uno, sí. Es una leyenda, así que ahórrese las pesquisas. Merlín, llamado a hacer gestas mayores, desatiende a su amada, la que solo visita una vez al año, pero como prueba de amor le construye un castillo de cristal y un lago y le encarga el cuidado de un bebé que a los 15 años se convertirá en Lancelot, el caballero más famoso en la historia del mundo.

Recreación de Excalibur, la espada mítica del rey Arturo. Cinco Días

Centro Artúrico

Con sus 12.000 hectáreas, el bosque de Brocéliande es el más extenso de Bretaña y sigue siendo un lugar mágico para perderse entre árboles milenarios, aunque los ancestrales robles hoy son minoría. Por esta floresta, declarada patrimonio natural, histórico e inmaterial por la Unesco, pasan 50.000 visitantes entre marzo y octubre, el periodo en que abre sus puertas (7 euros).

En Brocéliande son famosos sus cuentacuentos, guías atípicos, expertos en las mil y una leyendas de Arturo, que cautivan la atención del viajero con su narrativa y con poderes también porque le descubrirán los rincones donde se esconden las hadas, le enseñarán a ver el castillo de cristal sobre el lago y le conducirán hasta la misma tumba donde reposan los restos del mago Merlín.

Junto a los muros y vetustos restos del palacio de Viviana, hoy conocido como el castillo de Comper, ocupado en el siglo IX por el rey Salomón, está el Centro de Interpretación Artúrico, dirigido por Nicolas Mezzalira y visita imprescindible.

En él se organizan exposiciones, espectáculos y excursiones temáticas –imperdibles– y hay una tienda donde encontrará la mejor literatura relacionada con las leyendas de Arturo y sus caballeros.

Los pueblos cercanos al bosque se han convertido en los últimos años en refugios de artistas, bohemios y estudiosos del monarca británico que huyen de la gran ciudad. En ellos podrá disfrutar de pequeñas sorpresas de la vida en el campo y de pequeños restaurantes donde saborear recetas tradicionales de la cocina bretona.

Un museo de chatarra

La villa mágica del poeta chatarrero. Cinco Días

En el corazón de Bretaña también, muy cerca de la localidad de Lizio, en Morbihan, está el llamado universo del poeta chatarrero. Un singular museo al aire libre, como sacado de un cuento y en mitad de la nada, donde el artista local, Robert Coudray, ha empleado 30 años en realizar su sueño. Un mundo de fantasía y metal, en el que 70 esculturas realizadas con materiales reciclados se articulan movidas por el viento o por un simple interruptor y, por momentos, parecen cobrar vida.

En este particular jardín podrá disfrutar de un recorrido que le llevará unas dos horas –entrada, 7 euros adultos y 6 los niños– entre extrañas casas y asombrosos artilugios.

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