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España todavía recela de las tarjetas pero se apunta al ‘contactless’

Los expertos creen que abandonar el efectivo atajaría la economía sumergida Piden concienciar a los usuarios en ciberseguridad

Desde la izquierda, el periodista Íñigo de Barrón, de El País, y los ponentes José María Mollinedo, Santiago Carbó y José Antonio Bravo, este jueves en el evento.

En Corea del Sur ya existen establecimientos en los que el cliente entra, escanea con su móvil el producto que va a adquirir y se va. Sin más intermediarios. Sin pasar por caja. Rápido, sencillo y seguro. Aunque no hay que irse tan lejos. La economía de nuestros vecinos suecos y daneses ya funciona prácticamente sin efectivo. En España todavía queda un largo camino por recorrer, pero lo que ya nadie niega es que el pulso del dinero digital frente al cash no tiene vuelta atrás.

“Los españoles siguen percibiendo el pago en efectivo como el más seguro y siguen teniendo mucha resistencia a introducir sus datos bancarios en internet”, indicó este jueves el director de estudios financieros de la Fundación Funcas, Santiago Carbó, en el Foro No Money, organizado por El País y patrocinado por Abertis, SamsungPay, Santander y Telefónica. Una “resistencia cultural” que, en su opinión, debe superarse insistiendo en la educación financiera: “Los ciudadanos tienen que saber que el dinero digital es más barato, transparente, eficiente y seguro para el conjunto de la sociedad”, ahondó.

Acabar progresivamente con el efectivo también ayudaría, según el analista, “a reducir la economía sumergida y los pagos en negro”. No así el grueso de la evasión fiscal: “Atajaría el pequeño fraude y el menudeo, pero no las grandes evasiones de las corporaciones que ya lo hacen mediante transferencia y no en metálico”, matizó el secretario general del sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda, José María Mollinedo.

Que los pagos electrónicas sean más seguros que aquellos hechos en efectivo o con tarjeta no significa tampoco que estén exentos de riesgos. Según los expertos, falta concienciación en el conjunto de la sociedad en términos de ciberseguridad. “Los usuarios renuncian muy alegremente a su privacidad” a la hora de facilitar sus datos personales, apuntó Silvia Barrera, inspectora de Policía. Una visión que compartió el consultor en ciberriesgos de Deloitte Juan Loureiro: “Antes te podían robar la cartera en el metro. Ahora si te despistas puede que te roben en internet”, avisó, apuntando al phising (suplantación de identidad) como una práctica común en la web.

La mayor digilitalización de la economía también plantea otro dilema: el del uso que hacen las instituciones financieras de la ingente cantidad de datos que los usuarios generan. “Los bancos van a poder trazar y tener un conocimiento absoluto de sus clientes, lo que lleva a preguntarse cómo vamos a mantener nuestra privacidad en una sociedad hiperdigitalizada y qué uso se va a hacer de nuestros datos”, avisó el director de la Cátedra UAM en Blockchain, Óscar Delgado.

Precisamente para subvertir ese sistema y preservar el anonimato surgió hace unos años la “revolucionaria tecnología blockchain”, para la que convendría fijar “un marco regulatorio europeo aperturista y flexible”, según el experto del IE en Legal Tech Alejandro Touriño.

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