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China hace sombra a las constructoras europeas

El gigante asiático compite en mejores condiciones financieras Las empresas europeas piden más apoyo público y privado

El sector de la construcción tiene un protagonismo infinito en la economía española. El 75% de la cifra de negocio de los grandes grupos (incluyendo concesión y otras actividades) procede de su actividad internacional. Las empresas españolas son las segundas que más facturan en el mundo, según el ranking elaborado por Engineering News Record: 51.000 millones de euros en 2017. Por delante se sitúa China, con 85.300 millones de euros, y por detrás Estados Unidos, con 36.200 millones de euros.

Estas posiciones han sufrido importantes variaciones en los últimos años en favor de Asia, sobre todo de China, que está arañando cuota de mercado a pasos agigantados con el aterrizaje de un gran número de empresas. “Sigue siendo difícil competir con la facilidad que tienen las compañías asiáticas para conseguir de sus respectivos Gobiernos importantes volúmenes de financiación pública en mejores condiciones financieras que las que pueden obtener el resto”, explica Julián Núñez, presidente de Seopan.

La consecuencia es directa: las empresas europeas tienen cada vez más dificultades para ganar licitaciones internacionales. “Además de tener ventajas para la financiación, las constructoras asiáticas cuentan con unas reglamentaciones más laxas en materia medioambiental, laboral, etc. Por tanto, hacen ofertas con precios muy bajos, dificultando enormemente la competencia”, resume Núñez.

Iván Zamarrón, director de los programas Máster en Project Management y Supply Chain Management de la EAE Business School, comenta que las líneas de financiación más habituales utilizadas por las constructoras son “bancos de desarrollo y/o entidades bancarias privadas para financiar infraestructuras en donde la empresa es también concesionaria”. De forma paralela, añade que la “financiación espontánea basada en proveedores es una parte crucial en la gestión económica del proyecto en construcción”.

Los países miembros de la Unión Europea cuentan con el apoyo del Banco Europeo de Inversiones (BEI), aunque las líneas de crédito concedidas se quedan muy cortas respecto de las necesidades reales. Lucas Martínez Vuillier, director de estructuración y financiación de Globalvia, recuerda que “el BEI apoya a las empresas en el exterior cuando los proyectos impulsen el crecimiento y empleo de Europa, mitiguen el cambio climático o fomenten las políticas de la UE en otros países”.

“También pueden beneficiarse de la concesión de préstamos, garantías y mejoras crediticias que otorgan los organismos multilaterales, los principales bancos de desarrollo y agencias en condiciones incluso más competitivas que el propio BEI”, comenta.

En los tres últimos ejercicios el BEI concedió un total de 241.258 millones de euros. De este importe, el 90% se quedó en Europa. Asia y Latinoamérica han recibido el 1,86% del total.
Latinoamérica es una de las regiones de mayor peso para las constructoras españolas, ya que representa el 26,4% de la facturación internacional de los grandes grupos, frente al 12,9% que supone Europa. Y el BEI no concede apoyo para proyectos en América del Norte, de donde proviene el 25,8% de los ingresos.

Como ejemplo, el BEI facilitó en 2012 un préstamo de 200 millones de euros para la construcción de la primera línea de metro de Quito (Ecuador) en la que participa Acciona y en 2016 concedió otros 41 millones de euros. Hace unos días, el organismo firmó 30 proyectos, entre otros, un primer préstamo de 85 millones de euros, sobre un total que alcanzará los 200 millones, para la mejora y modernización del metro de Madrid.

Las constructoras europeas llevan años demandando mayor implicación por parte del BEI y una combinación de ayudas públicas y privadas. Solo de esta manera podrían completar sus créditos, reducir costes y poder así ofertar a precios más competitivos. Además, desde el punto de vista empresarial, Zamarrón considera que “la constructora española debe desmarcarse de la china elevando estándares, garantizando rendimientos y aportando valor añadido a la obra en particular”.

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