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Brno, la ciudad de las citas

Arte, museos, música y exposiciones en la capital de Moravia Un gran ambiente festivo caracteriza sus plazas y calles

La animada Plaza de las Verduras, en el centro de Brno. Cinco Días

Aun paso de Viena (130 km) y a dos de Praga (200 km), en el centro de Europa, Brno es la ciudad de las artes, los museos, las galerías, los teatros, la música y las ferias. La ciudad de las citas culturales, pero también de los estudiantes, de la vida en la calle y del ambiente nocturno. Una ciudad cargada de leyendas y el Silicon Valley checo.

La capital de Moravia del Sur, la región de los viñedos, en la República checa, se sacude como puede la alargada sombra de la bella Praga con quien rivaliza y compite en chistes de lo más cáusticos. Hasta ahí llega la competencia entre las dos ciudades más importantes de Chequia.

Un primer paseo por esta metrópoli, cuyo origen se remonta al siglo XIII, nos descubrirá una ciudad vibrante, con mucha gente en la calle –la mayoría locales– porque Brno sigue siendo una gran desconocida para el turismo.

Es una ciudad llena de bares y terrazas que checos y visitantes llenan a rebosar casi siempre con una gran jarra de cerveza entre las manos –los checos son los mayores consumidores de cerveza con una media de 260 litros por persona al año–. La cifra dejará de asombrarle en cuanto pise territorio checo y, como donde fueres haz lo que vieres, enseguida se animará a degustar las famosas pivos (birras) locales.

En esta primera toma de contacto por las calles de Brno, descubrirá una ciudad sumamente tranquila y segura –incluso si quiere vivir la noche y regresa a su hotel de madrugada–; aquí no encontrará grandes monumentos históricos y sí una arquitectura de estilo funcionalista.

Si piensa visitar la ciudad este verano y es amante del diseño, no se pierda la Bienal Internacional de Diseño Gráfico, una de las más importantes y antiguas del mundo. Frente al edificio que la acoge, la Moravska Galerie, está uno de los antiguos refugios antinucleares de la guerra fría. Este bunker es hoy un atractivo turístico que se puede visitar, donde tomar una caña o pernoctar.

Y tampoco se puede perder la gran exposición del artista local Alfons Mucha, famoso sobre todo por sus pósteres y sus enormes e impactantes lienzos sobre la historia eslava –hasta el 31 de diciembre en el reciento ferial–.

Muchos edificios de Brno han sido reconstruidos y la mayoría de los más relevantes datan de finales del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo con la época de mayor esplendor de la ciudad y el auge del funcionalismo, un estilo que se caracteriza por su sencillez y practicidad, desprovisto de adornos.

La catedral de San Pedro y San Pablo. Cinco Días

Uno de los edificios más icónicos es la catedral de San Pedro y San Pablo, sobre la colina Petrov. El templo data del siglo XIII, cuando era una iglesia románica. Varias veces reconstruida, en ella se mezclan románico, gótico –aunque sus llamativos pináculos son del siglo XIX– y barroco. Esta catedral es el escenario de una de las leyendas más celebradas.

Cada día a las 11 de la mañana, las campanas del santuario tañen como si fueran las 12 del mediodía para conmemorar una treta con la que las tropas locales lograron rendir a los suecos en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Brno exhibe con orgullo el ser la única ciudad de Centroeuropa que no fue conquistada por los suecos.

Casi con la misma vanidad, presumen de tener el edificio más alto de Chequia, la Torre AZ, de 104 m, aunque Praga ya está construyendo otra que la superará. Brno es también la ciudad de los parques y las zonas verdes donde familias y amigos se reúnen, en cuanto hace buen tiempo, para pasar el rato o hacer un picnic –donde no faltan los ricos caldos de Moravia y la cerveza–.

Una apreciada fruta local conocida como ancres. Cinco Días

Para disfrutar del tipismo local, un lugar ineludible es la famosa Plaza de las Verduras, un mercado al aire libre donde podrá pasear entre puestos de flores y hierbas aromáticas, verduras y frutas recién cosechadas, degustar los típicos ancrest –una fruta local parecida a la uva, cuyo sabor ácido recuerda más a las ciruelas– o los famosos helados checos.

En el centro de la plaza y entre los puestos verá asomar una fuente barroca y, con suerte, descubrirá la columna que conmemora el concierto que dio Mozart cuando apenas tenía 11 años.

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