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El punto flaco de las economías emergentes

Las divisas de Argentina y Turquía viven una crisis cambiaria de la que aún no se ve el final

Las crisis cambiarias no suelen dar demasiados titulares porque tienen lugar a lo largo del tiempo. A pesar de que día a día no suelen ser tan espectaculares como los desplomes súbitos en la Bolsa, provocan graves efectos dentro y fuera de los países afectados. Las crisis cambiarias se dan frecuentemente en países con déficit por cuenta corriente y una deuda exterior creciente. Ahora se encuentran en esa situación Argentina, Turquía, Egipto, Indonesia, Colombia, India y México.

Recientemente hemos visto como las divisas en Argentina y Turquía se depreciaron con fuerza, comenzando una crisis cambiaria que seguramente se prolongue durante las próximas semanas. El mes de mayo comenzaba con un tipo de cambio de 24,6 pesos argentinos y 4,9 libras turcas por cada euro y poco después el nuevo cambio se ha llegado a fijar en 31 pesos y 5,7 liras turcas, lo que supone una depreciación del 26% y el 16% respectivamente. El tipo de cambio fuera de control será difícil de revertir y repercutirá negativamente en estas economías y en las empresas españolas con intereses en estos dos países.

La depreciación de las monedas de países emergentes no es un nuevo fenómeno. En los cuatro primeros meses de este año la divisa argentina se depreció frente al euro el 10,3% y la turca el 7,7%. La inestabilidad en Turquía desde el fallido golpe de Estado del verano de 2016 y la incertidumbre sobre los efectos de las políticas liberalizadoras del presidente Macri han hecho que los inversores internacionales consideren que ambos países tienen un riesgo muy elevado. Por eso, cada vez se demandan menores cantidades de estas divisas para invertir allí, al tiempo que los ciudadanos turcos y argentinos prefieren mantener sus ahorros en divisas más fuertes como el dólar o el euro.

Si la situación en la actualidad no es muy diferente a la de hace unos meses cabe preguntarse cuál ha sido el desencadenante de esta rápida depreciación. Las Letras del banco central argentino, equivalentes a las Letras del Tesoro españolas, tuvieron una menor demanda desde finales de abril y su remuneración se disparó desde el 27% hasta el 46%.

Los inversores perdieron su confianza en Argentina debido a la alta inflación, que se resiste a caer del entorno del 20% pese a los esfuerzos del Gobierno de Macri por contenerla. La inflación elevada es el problema más acuciante para Argentina, que cerró 2017 como el séptimo país del mundo con mayor crecimiento de los precios.

El Banco Central de la República Argentina reaccionó ante la súbita y fuerte depreciación e intervino varias veces en el mercado utilizando sus reservas de divisas para controlar el tipo de cambio. Sin embargo, tras cada intervención el peso volvió a depreciarse rápidamente y los mercados sabían que el banco central se estaba quedando sin reservas y no podría seguir interviniendo indefinidamente.

Para intentar controlar la situación, el tipo de interés oficial subió hasta el 40% lo que sin duda tendrá consecuencias negativas sobre la inversión y el crecimiento del PIB argentino, aunque podría servir para controlar la inflación.

Las medidas del banco central ayudaron a que fondos de inversión globales comprasen más de 2.000 millones de dólares en bonos argentinos. Aún y todo, el apoyo de algunos fondos privados no fue suficiente para calmar a los mercados y el Fondo Monetario Internacional, de ingrato recuerdo en Argentina, tendió su mano al Gobierno con una línea de crédito de 42.380 millones de euros.

Como es habitual en estos casos, el rescate vendrá condicionado por una caída del gasto público y a una mayor disciplina fiscal, lo que lastrará el crecimiento del país a corto plazo y provocará aún más tensiones sobre el tipo de cambio.

Esta crisis repercutió en otras economías emergentes como Turquía, cuya divisa siguió una depreciación similar, pero con menor intensidad, al ritmo de los sobresaltos que experimentó el peso. Tras unos días de tranquilidad, las mayores tensiones para la lira turca comenzaron el 21 de mayo y lo peor hasta la fecha se vivió dos días después.

El banco central turco, a pesar de la posición contraria del presidente Erdogan, subió los tipos de interés el 3% y después el 1,25% adicional hasta el 17,75% en un país con una inflación oficial cercana al 10% pero que podría ser mucho mayor. Al igual que en el caso argentino, la depreciación de la lira turca unida a un mayor tipo de interés pondrá en aprietos a las compañías que estén más endeudadas.

El ICEX recoge un total de 150 empresas españolas establecidas en Argentina como las principales editoriales españolas y compañ ías como Técnicas Reunidas, Inditex, Mapfre, NH, Prosegur, Telefónica o BBVA, presente a través del Banco Francés. En el caso de Turquía hay en la actualidad 121 empresas españolas con intereses en el país entre las que se encuentran Acciona, Hoteles Barceló, CAF; Inditex, Técnicas Reunidas o BBVA a través de su participación mayoritaria en el Banco Garanti.

El impacto de la fuerte depreciación sufrida por las economías argentina y turca dependerá de la importancia de estos países para las empresas españolas y de cómo sigan evolucionando ambas economías este verano. Argentina frenará su crecimiento en los próximos trimestres y solo mejorará su situación si cayera la inflación.

Turquía presenta un escenario más complicado que incluso podría requerir la puesta en marcha de controles de capital como ya se hizo tras la crisis de las economías emergentes a finales de los años noventa. Además, una vez que dos economías emergentes han sufrido una crisis cambiaria, es probable que otros países con problemas de deuda exterior y de balanza comercial sigan sus pasos.

Juan Luis Santos es profesor en la Universidad de Alcalá y de la Universidad San Pablo CEU e investigador en el IAES

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