X
Privacidad y Cookies

Utilizamos Cookies propias y de terceros para ofrecer un mejor servicio y experiencia de usuario.

¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?

El patrimonio natural, un valor en alza para las empresas

Medir el impacto y la dependencia del medio ambiente ayuda a las corporaciones a compensar daños, reducir riesgos e identificar nuevas áreas de negocio Energía, agroalimentación y finanzas abanderan la tendencia

La cantera de caliza de Turó de Montcada, en Barcelona, después (2017) de los trabajos de restauración.

En los años ochenta, la cementera suiza LafargeHolcim comenzó a restaurar una parte de la cantera de caliza de Turó de Montcada, un pequeño cerro de 273 metros de altitud, a casi tres kilómetros del centro de Barcelona. Desde 1917 –año de fundación de la fábrica–, la compañía es propietaria de 90 de las 150 hectáreas que conforman el montículo del que también se extrae pizarra. Agotado el primer recurso en 2005, y como se exige por ley a las actividades extractivas, la multinacional retomó más tarde los trabajos de recuperación, hoy aún en marcha.

“En total son unas 28 hectáreas restauradas en la parte más elevada: ocho entre los ochenta y 2005, en la primera fase, y el resto en la segunda, casi finalizada. De las 90 hectáreas en propiedad, 20 son monte bajo virgen”, explica Jaume Ramón, responsable de medio ambiente de la firma.

“Si visitas ahora el terreno restaurado prácticamente no podrías distinguirlo del virgen. Habíamos hecho lo que entre comillas era obligatorio, pero queríamos ir más allá”, afirma Ramón de los trabajos iniciales. En 2010 este espacio se integra al Parque Natural de la Sierra de Collserola y en 2014 se declara de uso público, tras la dotación de equipamientos (caminos, carteles, miradores, bancos, fuentes, balsa para anfibios) y que custodia con la entidad conservacionista Acer.

De la etapa actual falta la señalización y todavía no está abierto al público. “En esta segunda fase hemos colocado más de dos millones de toneladas de tierra regenerada, procedente de las excavaciones de obras de infraestructuras. Hace un mes se plantaron especies autóctonas: encinas, robles, pinos, enebros; hicimos un mosaico en los taludes verticales para que no predominara solo una, con zonas de sombra y otras llanas para que las aves rapaces puedan cazar”, prosigue.

Aquí se avistan el búho real, el xurigué (halcón peregrino) y el águila culebrera, además de reptiles y murciélagos. “Intentamos que haya más biodiversidad que en el inicio del proyecto”, comenta.

La inversión de este proyecto de más de 30 años ha sido apenas de 300.000 euros, cifra la compañía, que ha obtenido beneficios por encima de los 1.000 millones. Un monto irrisorio para los ecologistas, que recuerdan también que, en principio, los trabajos se hicieron de forma inadecuada: “Rellenaban con residuos de basura y parte de la vegetación creció de forma espontánea”, recuerda una conocedora del proyecto ya jubilada.

Para Roger Bartra, técnico de medio ambiente del Ayuntamiento de Montcada, “aún es pronto para hacer una valoración. Se ha completado el relleno del terreno, pero falta bastante vegetación y la zona húmeda diseñada no está aún a plenitud. Hay una zona intermedia, entre la cantera de caliza y la de pizarra (en explotación hasta 2025), restaurada precariamente en los ochenta, que no cumple los estándares de seguridad. Si me preguntas por una puntuación del 0 al 10, le daría un 5”.

Cambio de mentalidad

Puede que el proyecto de LafargeHolcim “sea un poco de lavado de imagen”, como cree Bartra, pero la preocupación por el medio ambiente empieza a crecer en el sector empresarial. Bien sea porque mejora su reputación, porque afecta a su cuenta de resultados o porque supone nuevas oportunidades de negocio. El capital natural, como se le denomina, es hoy un activo estratégico que se estudia, se mide y se cuantifica en los balances empresariales.

“El mercado ha evolucionado sobre todo en la gran empresa, por la implementación de la directiva europea de información no financiera de las empresas de 2014 que establece un reporte adicional de los aspectos sociales y medioambientales, y la preocupación de inversores y accionistas que exigen negocios sostenibles”, señala David Álvarez, director ejecutivo de Ecoacsa, una empresa consultora que desarrolla herramientas para valorar los bienes naturales y los riesgos vinculados a su dependencia.

“Por ejemplo, si eres un agricultor, puedes saber cómo el cambio climático perjudica la cosecha. O si eres un banco, cómo daña a la cartera de préstamos, según tus deudores”, precisa. Estas métricas toman en cuenta, además, los objetivos globales fijados en el Acuerdo de París y los de desarrollo sostenible, dice.

“En España, evaluamos la relación de la cartera de inversión de Bankinter con el medio ambiente, e identificamos que las áreas con mayores riesgos eran las de agua y cambio climático, coincidiendo con otros análisis internacionales efectuados por otros bancos. Así, el sector financiero deberá prestar atención a los préstamos o inversiones con empresas vinculadas a estas actividades”, cuenta Álvarez, que asesora también a Repsol, Endesa, Gas Natural Fenosa o REE.

Las eléctricas, especialmente, se verán perjudicadas en breve por el paquete de medidas de reducción de emisiones y el auge de fuentes renovables que impulsa la Comisión Europea para 2020 y 2050. “El sector energético está calculando cómo estos cambios dañan la rentabilidad de sus plantas de ciclo combinado, si se materializan esas desinversiones y según la velocidad con que se hagan”, apunta.

La cementera suiza es otro de sus clientes. “Hace unos años desarrollamos un proyecto piloto con LafargeHolcim para conocer los beneficios sociales que proporcionaba la restauración de su cantera de Yepes, en Toledo. Determinamos que de cada euro invertido había un retorno social de tres”, asegura.

Incluso la multinacional presentará el caso de Turó de Montcada en la segunda edición del Natural Capital Summit, que se celebrará los próximos días 13 y 14 de este mes en Barcelona, y que organizan Ecoacsa y la Fundación Empresa y Clima, con el apoyo de la Comisión Europea a través de la plataforma Business@Biodiversity, la Natural Capital Coalition, Fundación Conama, Fundación Global Nature y CosmoCaixa.

¿Por qué Turó de Montcada se presentará en el congreso como ejemplo de este enfoque si sus acciones de restauración empezaron en los ochenta, cuando escasamente se medían estas variables? “Porque la inversión más notable se ha llevado a cabo en los últimos 10 años; se han introducido innovaciones ecológicas: se estudian mucho más los ecosistemas y los procesos naturales que se dan en cada área; se han creado sombras, taludes de insolación y zonas para anfibios para intentar ampliar la biodiversidad. Y, al estar cerca de donde se va a celebrar el congreso, podremos visitarlo”, arguye Álvarez.

La cantera de caliza de Turó de Montcada, en Barcelona, antes (2009) de los trabajos de restauración.

Otras iniciativas

Calidad Pascual, que también participará en este encuentro, evalúa desde 2008 criterios ambientales, unas “buenas prácticas” que repercuten en sus proveedores (ahorro de agua y eficiencia energética, entre otros) para mitigar el impacto de su actividad. “Los seis ejes de trabajo son agua, paisaje y biodiversidad, energía, autosuficiencia alimentaria, agricultura sostenible y gestión de residuos”, indican desde la compañía.

Asimismo, Coca-Cola hablará de sus proyectos en cítricos y agua; Gas Natural Fenosa, sobre la regeneración del entorno del lago de Meirama (Galicia) y en Bolarque (Guadalajara); CaixaBank, adherida en 2016 al PRI (Principio de Inversión Responsable de la ONU); REE, que tiene uno de mapeo en el área de mantenimiento de sus redes eléctricas, o la indonesia Asia Pulp and Paper, que contará su experiencia en la recuperación de bosques, detallan en Ecoacsa.

Multinacionales alimentarias o de retail como Unilever, Bauhaus o Leroy Merlin están preparando informes sobre cómo el aumento de la población mundial (9.800 millones para 2050 según la ONU) y la demanda de productos verdes pueden ocasionar una crisis en la cadena de suministros u ocasionar una rotura de stock (escasez de alimentos o materiales) en el futuro. La idea es anticiparse a estos escenarios para la toma de decisión, añade Álvarez.

Retos

Para el directivo de Ecoacsa, el mayor desafío está en las pymes, que se quedan atrás en políticas medioambientales. “La aplicación de estos mecanismos de mercado (bancos de conservación, menos desarrollado todavía, o herramientas de valoración del capital natural) no es sencillo y supone un coste”, puntualiza. Aunque dice que ha habido avances en aquellas que proveen al Estado, debido a que los cambios recientes en la ley de contratación pública obligan a las empresas a calcular su huella de carbono. La futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética –pendiente del anteproyecto– acelerará también esa sensibilidad.

Desde el año pasado, LafargeHolcim forma parte de la Fundación Empresa y Clima, con quienes ha firmado un protocolo de capital natural. Y desde 2016 cuenta con un plan de sostenibilidad a 2030 que incluye, entre otros aspectos, reducir un 40% sus emisiones de carbono, un 30% el consumo de agua en sus operaciones de cemento y la reutilización de 80 millones de toneladas de residuos. “Es nuestra oportunidad de demostrar que somos capaces de revertir una acción que en principio puede parecer agresiva; de poner en valor la restauración y elevar la biodiversidad”, declara Jaume Ramón.

Archivado en:

Y además:

Outbrain