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Savia nueva para el Banco de España

El nuevo gobernador, Pablo Hernández de Cos, es un experto en análisis bancario y políticas públicas

El nuevo gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos.

Pablo Hernández de Cos es aire fresco para el Banco de España. No se trata de desmerecer a sus antecesores pero, además de su perfil más joven, otros rasgos le acercan a los de un banquero central moderno, como su conocimiento académico y su capacidad técnica para lo que se acostumbra. Una apreciación tal vez algo ventajista pero sintomática es que el nombramiento ha sido poco o nada contestado –algo a lo que tampoco estamos acostumbrados en España– a pesar de que el momento político es bastante convulso.

Tiene el temple, tranquilidad y reconocimiento precisos. El mismo que hemos podido comprobar muchos de los que le conocemos para navegar con seriedad, silencio y discreción entre los múltiples rumores que han precedido a su nombramiento.

¿Qué puede esperarse de un gobernador del Banco de España en 2018? Las funciones de la institución están naturalmente limitadas desde la integración en el euro pero sigue siendo de extraordinaria importancia y es a través de las mismas por las que se puede juzgar el currículo y potencialidades del nuevo gobernador.

El Banco de España es miembro del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC) y del Mecanismo Único de Supervisión (MUS) y desempeña un papel esencial en España como participante coordinado de la política monetaria de la zona del euro, de supervisor de la solvencia de las entidades financieras, garante del buen funcionamiento de los sistemas de pago, de la emisión de billetes de curso legal y de la elaboración y difusión de un material estadístico y de análisis económico que es de obligada referencia.

La trayectoria de Hernández de Cos le hace acreedor de capacidades demostradas para desempeñar estas funciones, por la variedad y representatividad de los cargos y funciones que ha desempeñado. Tal vez una de las más obvias es su capacidad de interlocución con un BCE que conoce muy bien y donde, a su vez, es bien conocido. Fundamentalmente, por su presencia como asesor del Comité Ejecutivo del BCE entre 2004 y 2007.

Esta es, les puedo asegurar, una posición privilegiada no sólo para conocer y participar de las decisiones de política monetaria sino para entender las formas de decisión e influencia en las que es tan importante que España adquiera una relevancia acorde a su peso económico en la moneda única. Más aún cuando desde 2015 actuó como alterno al gobernador del Banco de España en el Consejo de Gobierno del BCE.

En 2008 pasó a simultanear sus funciones como Jefe de la división de Análisis de Políticas Económicas en el Servicio de Estudios del Banco de España y las de miembro del Comité de Política Económica del Consejo ECOFIN de la Unión Europea. Esto le confiere la capacidad de conocer la “casa” que ahora pasa a liderar y la forma en que los banqueros centrales interactúan con los decisores de políticas fiscales, aunque los primeros han dominado claramente sobre los segundos en los últimos años. La ida y vuelta entre Fráncfort y Madrid le llevó de nuevo al BCE para presidir el Grupo de Trabajo de Finanzas Públicas del Comité de Política Monetaria.

No es por mi sesgo académico que catalogo como trascendental que los banqueros centrales tengan un componente técnico y de conocimiento científico importante. La mayoría de los más reputados de los últimos años lo han tenido en las instituciones de referencia como la Reserva Federal americana o Banco de Inglaterra.

El nuevo gobernador tiene formación económica y legal y es un experto en estadística y análisis bancario y de políticas públicas. No obstante, su cargo de referencia en los últimos años ha sido el de Director General de Economía y Estadística del propio Banco de España. Forma parte de una cierta reforma que se viene emprendiendo en la institución, con cambios en diversas divisiones y algunas nuevas caras.

No es fácil, en todo caso, llevar este cargo en un entorno post-crisis en el que algunos de los efectos de la misma siguen muy presentes y el banco supervisor –como la mayor parte del sistema financiero- debe luchar por volver a elevar su prestigio. En parte se está logrando, aunque más lentamente de lo deseable porque ha habido disputas dentro de la propia institución, principalmente a diferentes niveles de supervisión y con el cuerpo de inspectores.

Las medidas adoptadas recientemente y la imbricación del Banco de España en la red del MUS ayudarán a normalizar esta situación y un gobernador como Hernández de Cos puede completar este proceso con éxito. Entre otras cosas, porque conoce muchas de las habitaciones de la gran casa que es el Banco de España, aunque no poco complicada.

No podemos olvidar tampoco que soplan aires de cambio en la política monetaria europea y que, aunque quede tiempo para ello, es previsible que no sea tan expansiva y que, en algún momento, los tipos de interés comiencen a subir. Algo que en la zona euro puede estar en cierta revisión porque precisamente parece que la expansión económica ha tocado techo y se aprecian algunos síntomas de debilidad macroeconómica, sin olvidar los problemas que se pueden generar en Italia y en otros países miembros.

La interlocución con Fráncfort va a ser esencial. Y conviene aprovechar una voz adicional de prestigio una vez que nuestro país ha recuperado, además, un asiento en el Comité Ejecutivo. Corresponderá al Banco de España ofrecer previsiones sobre estos cambios en su importante labor de referencia informativa. No vamos sobrados de una buena pedagogía y comunicación a la sociedad sobre las decisiones y recetas necesarias de política económica por lo que esta función será de las más relevantes en los próximos años.

Santiago Carbó Valverde es catedrático de Economía de CUNEF y cirector de Estudios Financieros de Funcas

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