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El cambio climático derriba las líneas eléctricas

Cada vez son más frecuentes las nevadas húmedas a nivel del mar Las redes situadas en cotas bajas no están preparadas para el fenómeno

Temporal Emma, que afectó a toda España en marzo pasado. Endesa

En marzo de 2010, un fuerte temporal de viento y nieve húmeda sumió en el caos a Cataluña, tirando gran cantidad de redes eléctricas y provocando cortes en el suministro. Las zonas más perjudicadas por la tormenta fueron las comarcas de Girona y del Maresme, donde la rotura de una línea de alta tensión dejó sin luz a 460.000 personas durante 11 días.

Recordando aquel suceso, José Casas, director general de relaciones institucionales y regulación de Endesa, advertía a mediados de este mes que “el reglamento de instalación de redes eléctricas no prevé la caída de nieve al nivel del mar”, como ocurrió aquella vez en el litoral gerundense. Es una inquietud que “estamos trasladando al regulador”, señaló durante la presentación de una guía de gestión de CO2.

Casas recordó también que desde 1947, la caída de nieve húmeda en cotas bajas solo se había producido dos veces (la primera en 1981), pero desde 2010 ya se ha repetido dos más, en Andalucía y Aragón, en 2016. Este aumento de la frecuencia de eventos climáticos extremos obliga a que las inversiones en líneas eléctricas sea –enfatizó– “resiliente”.

La palabra también es usada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) en su Quinto informe de evaluación (AR5), publicado en 2014, para referirse a la necesidad de que los estándares técnicos de las líneas se modifiquen para obligar a los operadores de las redes a tomar medidas de adaptación, incluyendo en algunos casos el emplazamiento de las instalaciones lejos de las zonas de alto riesgo.

Fuentes de Endesa explican que las redes, por normativa técnica, se diseñan y construyen con características diferentes según la altitud a la que vayan a ser operadas. Por encima de los 500 metros, las líneas deben ser capaces de resistir el peso de la formación de manguitos de hielo de hasta 180 milímetros de diámetro y a partir de 1.000 metros, de hasta 360. Por debajo de 500 metros, al nivel del mar, no se prevén manguitos.

“Pues bien, hemos sufrido nevadas con formación de manguitos de hielo en altitudes inferiores a 500 metros. Las redes de esas zonas no estaban diseñadas, porque la normativa no lo contemplaba para estas incidencias, lo que ha tenido impactos muy significativos”, indican.

Un operario repara una torre de alta tensión en Salt (Girona), tras la borrasca de 2010. Efe

La distribuidora estima que el temporal de nieve húmeda de Girona provocó daños estimados en cerca de 70 millones de euros. En los últimos 10 años se han producido otros tipos de episodios, inundaciones, caídas de rayos y vientos que, en conjunto, han generado pérdidas cercanas a los 100 millones de euros, no solo en las instalaciones eléctricas, sino también en muchas otras infraestructuras de alumbrado público, semáforos, comunicaciones y carreteras.

“Hasta hace relativamente poco, el término ciclogénesis explosiva nos sonaba alarmante y extraño a la vez. Sin embargo, desgraciadamente, en los últimos años ya nos hemos habituado a escucharlo”, comentan. Los tornados y fuertes vientos son también muy perjudiciales para las líneas y de un tiempo a esta parte se vienen superando ya con cierta normalidad los 120 km/h.

Para que las redes se instalen ya adaptadas al cambio climático, Endesa propone adecuar el Real Decreto 3151 de 1968, incrementando los límites de viento y diámetro de manguitos de hielo.

También sugiere adecuar los límites térmicos y poner en marcha planes de inversión específicos en las zonas más vulnerables para reforzar las líneas con mallados y otras soluciones. Consideran que necesariamente el marco regulatorio de la distribución debe reflejar y reconocer los mayores costes derivados de estas medidas.

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