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El pulso geopolítico mundial arrastra al mercado del crudo

El Brent se acerca a los 80 dólares el barril por el auge de la demanda y el recorte de la oferta La ruptura del pacto con Teherán dispara la incertidumbre

Vuelco en el mercado de materias primas. La demanda de crudo sube por el crecimiento económico mundial. La oferta baja por los recortes de producción acordados hace ya año y medio por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y sus socios (Rusia), y la caída de los aportes de Angola y Venezuela (en crisis). Y para rematar, la tensión geopolítica está en máximos.

La consecuencia inmediata: alza del precio del petróleo, en niveles récord desde 2014 –el Brent se cotizó ayer sobre los 75 dólares el barril, cuando el año pasado se situaba entre los 50 y 60 dólares–, como resultado de esta conjunción de factores.

“Por un lado, hay elementos de oferta y demanda, se estima que a finales de 2018 vamos a llegar a un consumo de 100 millones de barriles diarios; y por el otro, desde 2017 los conflictos en Oriente Próximo, primero con Qatar, después con Yemen [en guerra civil desde 2015] y la exacerbación de las relaciones con Irán han elevado la prima de riesgo”, explica Gonzalo Escribano, responsable del programa Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano.

Más allá del petróleo, Arabia Saudí e Irán –enemigos históricos– libran una batalla por el liderazgo político en Oriente Próximo, que repercute, por ende, en el negocio del oro negro, muy sensible a estos vaivenes. El golpe reciente, y que ha disparado las alarmas (se habla de tambores de guerra), ha sido la retirada de EE UU del pacto nuclear con Irán, azuzado en gran parte por Israel, otro rival de Teherán que afirmaba que los iraníes estaban incumpliendo el acuerdo.

Batalla comercial 

“Con la reimposición de sanciones, estimamos que entre 500.000 y un millón de barriles diarios podrían perder acceso a los mercados, lo que restaría a una oferta ya restringida, y que repercutirá en el precio del gas natural, metales y productos agrícolas, beneficiando a los países productores y elevando a su vez los riesgos inflacionarios”, augura Marcial Nava, analista de BBVA Research.

De cumplirse las previsiones, ¿quién compensará la ausencia del petróleo iraní? Los países productores, incluido EE UU, mantienen otro pulso geoestratégico. “Esta medida encaja perfectamente con la visión de American energy dominance definida por el presidente [Donald] Trump como un objetivo estratégico, económico y diplomático de su Administración. Es de esperar que sus exportaciones cubran parte del vacío que dejará Irán, pero las limitaciones en infraestructuras del transporte podrían dificultar este proceso”, según Nava.

En los últimos años, EE UU ha elevado sus exportaciones de crudo desde los 0,4 millones de barriles diarios a casi dos millones por el desarrollo de la fractura hidráulica y después de que el Congreso levantara en 2015 el veto impuesto a esta actividad durante la crisis energética de 1973. Incluso, llega con fuerza a Europa (550.000 barriles al día) por su calidad, menor coste y por venir de un país estable, explican los expertos consultados.

En 2017, España recibió 65.000 barriles diarios de crudo estadounidense; hace cuatro años se situaba en 40.000, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Pero México, Canadá, China Brasil y Japón son los cinco destinos principales. “Hay una brecha entre el Brent y el WTI, la referencia en EE UU, de cuatro a cinco dólares. A Europa le sale más barato importar crudo estadounidense, pese a los costes logísticos”, apunta Mike Rosenberg, profesor del IESE.

Futuro incierto

La cuestión es que todavía las importaciones (10 millones de barriles diarios) pesan más que las exportaciones. “EE UU está aún lejos de ser un exportador neto: cuando el importe de sus compraventas sea igual. El pronóstico es que en cinco o diez años, si la cotización actual persiste, alcanzará la independencia energética”, cree Rosenberg.

Los saudíes han manifestado también su disposición a participar en este nuevo escenario. “Pero es complicado, hay muchos intereses; en la mesa de negociación se sientan la OPEP, Rusia, Irán”, advierte Escribano. Aun así, los más beneficiados para cubrir el que falta serán Arabia Saudí y sus socios del golfo Pérsico, a juicio de Nava.

“El problema es que un precio alto da alas al fracking y a la producción convencional, y puede reducir también la demanda”, recuerda Juan Carlos Martínez, economista de IE Business School. Y es que “en una situación de inestabilidad como la actual cualquier escenario es posible”, concluye Enrique González, portavoz de BP España.

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