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La economía mundial vuelve a crecer contaminando más

Las emisiones de carbono suben un 1,4% en 2017, por el alza del PIB y el menor precio del crudo La UE retrocede y EE UU sorprende con la tercera caída

Desde 2014, la economía mundial había logrado crecer sin aumentar la contaminación. De hecho, una vez superada la crisis, la tendencia evidenciaba que era posible desacoplar el incremento del PIB de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el principal responsable del cambio climático.

También, que el camino hacia un modelo energético más limpio no implicaba necesariamente renunciar a la riqueza, uno de los argumentos de las naciones industrializadas. Sin embargo, este patrón se invirtió en 2017, incluso en los países de la Unión Europea, región que abanderaba el cambio.

Las emisiones de CO2 se elevaron un 1,4% el año pasado, alcanzando un máximo histórico de 32,5 gigatoneladas, después de permanecer tres años estables, revela el último informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). El empuje robusto de la economía global (3,7%), la reducción de precios de los combustibles fósiles –aunque el petróleo regresa a la senda alcista, ayer en torno a 75 dólares– y los menores esfuerzos en eficiencia energética están detrás de este repunte equivalente a la contaminación de 170 millones de coches adicionales, cifra el organismo.

Hoy, estos datos constituyen una mala noticia para la lucha contra el calentamiento global, porque indica que la quema de carbón, petróleo o gas, las tecnologías más sucias, persiste en la generación eléctrica. Además, complica el cumplimiento de las medidas pactadas en el Acuerdo de París de 2015, que contempla, entre otros aspectos, mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales; 2020 está a la vuelta de la esquina. 

Más petróleo y carbón

La demanda de energía se elevó un 2,1% el ejercicio pasado –con China e India a la cabeza–, frente al 0,9% del año anterior y al mismo porcentaje de media que ha mantenido en estos cinco años, recoge el informe.

Si bien las fuentes renovables siguen siendo las protagonistas (la cuarta parte de la demanda fue verde y su uso en la generación eléctrica subió un 6,3%, hasta los 380.000 gigavatios), el consumo de petróleo y carbón se elevó un 1,6% y el 1%, respectivamente.

En el primer caso, por su mayor uso en el transporte y la industria petroquímica; y en el segundo, por Asia, que intensificó su utilización en la generación eléctrica. Es que el precio del barril de Brent se desplomó durante este periodo y hasta llegó a cotizarse (en 2016) por debajo de los 30 dólares, según cifras de Bloomberg, lo que alentó su consumo. En tanto, la demanda de gas natural se elevó un 3%, gracias a la industria y los edificios.

No fue lo único. La relajación de las políticas de eficiencia energética “de forma dramática”, precisamente por la bajada de los precios del crudo, influyó también en el cambio de tendencia. Así, la intensidad energética mejoró apenas el 1,7% respecto del 2,3% registrado en los últimos tres años, apunta la AIE.

Los que cumplen

Paradójicamente, Estados Unidos, pese al inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, que ha renegado del cambio climático y se ha desvinculado del Acuerdo de París, fue el país que contabilizó el mayor declive de las emisiones de carbono, un 0,5%, hasta los 4.810 millones de toneladas, y es el tercer año consecutivo de caída debido al impulso de las renovables. Le siguen Reino Unido (el 3,8%), México (un 4%) y Japón (el 0,5%).

En contraste está la Unión Europea, que aumentó un 1,5% las emisiones (Eurostat lo eleva al 1,8%), tras agregar 50 millones de toneladas de dióxido de carbono por el mayor consumo de carbón, petróleo y gas, lo que revierte el progreso experimentado en años recientes, refleja el informe.

En 2014, 23 países europeos reducían sus gases de efecto invernadero mientras volvían a la senda del crecimiento, con excepción de España (Letonia, Chipre, Rumanía y Bulgaria), que subía un 1,1% sus emisiones pese al bajón de la demanda energética. Un comportamiento que ha sostenido durante estos ejercicios, ya que el Gobierno no ha renunciado a la quema de carbón para generar electricidad, sobre todo en estos años de sequía.

El ministro de Energía, Álvaro Nadal, ha defendido públicamente y en reiteradas ocasiones su intención de mantener este recurso en el mix energético por una cuestión de costes (arguye que aumentaría la factura eléctrica).

Por eso, el año pasado, España se encontraba entre las naciones más contaminantes, las emisiones subieron un 7,4%, después de Malta (12,8%), Estonia (11,3%) y Bulgaria (8,3%), destaca la oficina de estadística europea.

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