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Los cinco mitos que rodean a la deuda de los mercados emergentes

En Jupiter AM consideran que siguen existiendo malinterpretaciones que impiden a los inversores beneficiarse de los activos Se trata de un universo de inversión amplio y diversificado

La gestora Jupiter considera que a pesar de que la deuda de los mercados emergentes ha pasado de ser una inversión especializada y exótica a convertirse en una inversión generalista siguen existiendo una serie de mitos que impiden a los inversores beneficiarse de esta clase de activos. Desde la firma identifican cinco:

La deuda de los mercados emergentes registra rentabilidades negativas cuando la Fed sube tipos: si bien esta regla se cumplió durante el ciclo de subidas de tipos de 1994-1995 así como las turbulencias que acompañaron a al anuncio del fin del Quantitative Easing por parte de la Fed en 2013, esto no se cumplió durante el periodo 1999-2000 y 2004-2006 cuando estos activos registraron ganancias de doble dígito. En los últimos años el banco central de EE UU se ha preocupado por ser lo suficientemente claro y explicar paso a paso las subidas de las tasas. A esto se suma que en el plano de los fundamentales se prevé un crecimiento sólido de los mercados emergentes. Por último, desde Jupiter AM señalan que estas economías están más saneadas que a mediados de la década de 1990 cuando dependía de las exportaciones y las empresas y estados recurrían al endeudamiento en dólares. A día de hoy, la mayor parte de la deuda de los mercados emergentes se emite en moneda local.

Es de calidad inferior a la de los mercados desarrollados: con el término de deuda emergente se abarca a un universo de países muy amplio. En un extremo se localizan los mercados frontera (Nigeria o Egipto); en otro, los emergentes en desarrollo (Filipinas) así como los emergentes más maduros (México). Este abanico tiene su reflejoen una amplia gama de calificaciones crediticias que reciben los bonos de los mercados emergentes. En la gestora defienden que los títulos que no llegan a grado de inversión están a la altura de los títulos equivalentes en los mercados desarrollados. Por ejemplo, los bonos high yield en EE UU presentan un apalancamiento neto medio de 7,2 veces frente a las 3,2 de los bonos high yield emergentes.

Supone asumir mucho más riesgo de tipos de cambio: los estados y empresas emergentes pueden sufrir un desajuste cambiario entre sus activos y pasivos. Es decir, emitir bonos denominados en dólares estadounidenses que habrá que devolver usando moneda local crea el riesgo de que las fluctuaciones de los tipos de cambio pueden aumentar el coste de devolución de la deuda. Para evitar esto muchas empresas y estados de esta región del mundo se han afanado por desarrollar un mercado de moneda local. Los países emergentes han reducido considerablemente su exposición a la deuda externa pasando del 40% en 1999 al 25 en 2016.

Invertir en deuda emergente equivale exponerse mucho más a las materias primas: se percibe a estos mercados como dependientes de los precios de las materias primas para consolidar su fortaleza económica. Aunque en algunos casos es cierto (Venezuela es el mejor ejemplo) en general no se cumple esta premisa. Las materias primas representan solo el 6% de las exportaciones totales de estos países.

Es un universo de inversión homogéneo: se tiende a pensar que la deuda de los mercados emergentes es un único universo de inversión como el mercado de bonos high yield estadounidense. Pero la realidad es que bajo esta denominación se agrupan 65 países. Es decir, el espectro de inversión es más amplio y diversificado con presencia en Asia, Europa central y oriental, Oriente Medio y África.

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