La rebaja fiscal de Ciudadanos y su segunda derivada

Reducir impuestos de los que menos ganan tiene efectos positivos en el mercado de trabajo

Técnicamente, el IRPF se puede mejorar, pero casi tres millones de ciudadanos se beneficiarán de la política de Cs

La rebaja fiscal de Ciudadanos y su segunda derivada
PIXABAY

Los Presupuestos Generales del Estado de 2018, pactados por Ciudadanos y el PP, que esta semana debería aprobar el Congreso, traen buenas noticias para muchos españoles. Más de 15 millones de españoles verán mejoradas sus rentas: por ejemplo, los pensionistas actualizarán sus pensiones. También, los funcionarios recuperarán una parte del poder adquisitivo perdido con los gobiernos del PP y el PSOE. Y por último, más de 3 millones de españoles, los que ganan entre 12.000 y 18.000 euros pagarán menos impuestos. De hecho, los contribuyentes que ganen entre 12.000 y 14.000 euros dejarán de pagar el IRPF.

Paradójicamente, la rebaja fiscal que Ciudadanos exigió al Gobierno del PP para apoyar el techo de gasto y los presupuestos, está siendo una de las medidas más polémicas. En un primer momento, tanto el PSOE como Podemos consideraron que era una medida negativa y regresiva. Esto simplemente no se sostiene: Evidentemente, un contribuyente que gane menos de 1.000 euros no es rico, ni tampoco puede aspirar a comprarse un chalet de 600.000 euros con piscina. Si ese ciudadano pasa a cobrar 40 euros más netos todos los meses, resulta muy complicado convencerle de que la medida es negativa.

Reducir los impuestos de los que menos ganan también tiene efectos positivos en el mercado de trabajo. Por una parte, habrá más españoles que se animen a trabajar porque el salario neto que les queda es mayor. También habrá más empresas que puedan contratar porque sus puestos de trabajo se pueden cubrir con más facilidad. Estos dos efectos se potencian con el complemento salarial garantizado que Ciudadanos ha conseguido incluir en estos presupuestos, y que se financiará con fondos europeos. Además, como en las rentas más bajas se consume casi toda la renta, una parte del esfuerzo fiscal que hace el Estado se recupera vía, no sólo más crecimiento, sino también imposición sobre el consumo.

Por otra parte, después de esta reforma, tanto el IRPF como el sistema fiscal en su conjunto son más progresivos que antes: la carga fiscal, los impuestos que se pagan, crecen de forma más que proporcional a medida que se gana más. Y esto, que es la progresividad, se acentúa cuando se empiece a pagar IRPF sobre importes mayores, 14.000 euros al año, y no menores, 12.000 euros al año. Y no sólo es progresividad, sino justicia, estamos hablando de españoles que difícilmente llegan a fin de mes. No está de más recordar que en 2011, con el PSOE de Zapatero, las muy grandes empresas, los grupos consolidados, pagaron sobre sus beneficios la tasa efectiva más reducida de la historia, el 3,8%.

Todos estos efectos positivos tienen que ser compatibles con cuadrar las cuentas. España, gracias en buena medida al presupuesto 2017 pactado entre PP y Cs, consiguió por primera vez en una década cumplir el objetivo de déficit. Aún así, seguimos necesitando reducir el desfase entre ingresos y gastos que sigue por encima del 3%. Por esa razón, no se puede realizar una reforma que reduzca la carga fiscal de todos los contribuyentes del IRPF. Pensemos que estamos hablando del impuesto más recaudatorio de todo el sistema fiscal, que el año pasado recaudó unos 70.000 millones de euros. Nuestra rebaja del IRPF, incluyendo los créditos fiscales para familias numerosas, contribuyentes con cónyuge discapacitado y cheque guardería, tienen un coste de unos 2.300 millones. Parte de ellos, esperamos que se recupere vía crecimiento y consumo.

Reducir el IRPF sólo para los trabajadores y pensionistas que menos ganan sólo es posible incrementando la reducción por rendimientos del trabajo. Esto supone que si el contribuyente aumenta sus ingresos podría tener que pagar más impuestos. Si, desafortunadamente para él, sigue estando dentro de los mínimos exentos, ahora más elevados, no pagaría nada por IRPF y todo el incremento sería para él. Si no es así, entonces el contribuyente se enfrentaría al mismo tiempo a la subida del tipo, y además a que su reducción por rendimientos del trabajo, se iría "reduciendo". Esto significa que entre 14.000 y 18.000 el ritmo de incremento de impuestos es muy elevado, normalizándose cuando se pasa a ganar más de 18.000 euros. Esta es una segunda derivada, que comentaba en estas páginas Jaume Viñas, que en algunos supuestos, es negativa.

Ahora bien, conviene relativizar este efecto, que sí, es real. En cualquier caso, todos estos contribuyentes, ganen lo que ganen en cualquier subida de sueldo, pagarán menos impuestos, o en su caso los mismos, que antes de la rebaja de Ciudadanos: por eso es una rebaja, y tiene un coste recaudatorio. Técnicamente, como casi todo, el IRPF se puede mejorar, pero para solucionar el problema de la segunda derivada, de este exceso de progresividad, hay que proponer una reforma fiscal de todos los elementos del IRPF. Para Ciudadanos eso no puede ser una excusa para no hacer nada: más de 3 millones de españoles se beneficiarán muy pronto de esa política, y creemos que muchos más lo agradecerán, pese a la segunda derivada.

Normas