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Becas, solo al alcance de las mentes más privilegiadas

Uno de cada cuatro estudiantes se ve obligado a trabajar para pagarse la carrera, lo que reduce el rendimiento académico

Estudiar con beca en las universidades españolas sigue siendo, para muchos, misión imposible. Aunque el Ministerio de Educación ha anunciado que aumentará el presupuesto para el curso que viene (2018-2019) en unos 30 millones de euros, tras varios años de recortes, aún es insuficiente para cubrir las necesidades actuales, entre otras cosas porque no toda esa cantidad irá destinada a la universidad, sino también al nivel preuniversitario, becas de discapacidad, formación profesional, etcétera.Y aunque menos da una piedra, los alumnos más mediocres con peores notas son los que seguirán pagando el pato, según el profesorado. ¿Es justo que los alumnos con una nota media de seis no cuenten con ningún tipo de ayuda?, se preguntan.

“Ya veníamos de un sistema, antes de 2012, que no llegaba a la cobertura de otros países europeos, pero los últimos años ha llevado a España a invertir menos de la mitad de la media de los países de la OCDE”, asevera Julio Contreras, secretario ejecutivo de la CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) y Asuntos Estudiantiles, quien asegura que los fondos para becas de grado y máster han bajado paulatinamente en los últimos años desde los 1.000 millones hasta los 838 millones de euros, “cuando hace unos años eran presupuestos abiertos en función de las necesidades de cada curso. Solo en el curso 2015-2016 el descenso fue del 13%.

La fuerte subida de las matrículas y la tardanza en los pagos han expulsado de las aulas a 100.000 alumnos en los últimos años

La cuantía media de la beca por estudiante, que ha caído un 20% (619 euros) en los últimos cursos, y el aumento del número de becarios (el 27%), que perciben una menor dotación, han sido algunas de las consecuencias del recrudecimiento de los requisitos académicos (nota mínima de 6,5 en el grado y 7,5 en el máster), recogidos en la reforma de 2012, impulsada por el ministro Wert, que ha perjudicado a los estudiantes de menores rentas. Pero no son las únicas.

También la fuerte subida de las primeras matrículas, dobles y triples matrículas en algunas comunidades autónomas, como Madrid y Castilla-La Mancha, entre ellas, y la tardanza en los pagos a los alumnos (este curso, aún pendiente de cobro la parte variable de la beca), no solo ha expulsado de las aulas a unos 100.000 alumnos en los últimos años, principalmente de rentas más bajas, sino que ha traído un escenario nuevo: uno de cada cuatro estudiantes actualmente se ve obligado a trabajar, lo que empeora su rendimiento académico, según Contreras. Y es que las becas de residencia y las becas salario han bajado la dotación hasta un 50%, y actualmente a uno de cada tres becados solo le cubre la matrícula.

“España no está haciendo la apuesta de Europa, donde la universidad es un ascensor social, y prueba de ello es que los países que miman más a la universidad y la investigación aguantan mejor las crisis”, añade.

Las privadas, al auxilio

Muchas universidades públicas se han visto obligadas a paliar el déficit de las ayudas. Y las privadas no han tenido más remedio que aumentar las becas, dada la fuerte demanda, aseguran en la Universidad Francisco de Vitoria, donde se han duplicado el número de solicitudes en los dos últimos años, y que actualmente beca al 30% de su alumnado.

Esta entidad, donde el mayor número de becados se encuentra en la rama de ciencias sociales, jurídicas y ciencias de la salud, cuenta con dos ejes de ayuda. Las becas al talento, que absorben el 62% de presupuesto, y las ayudas sociales, que reciben el resto.

Durante el curso pasado, la Universidad Complutense tuvo que destinar un millón de euros a becas, ya que de las 25.000 solicitudes de ayuda para grado solo la disfrutaron unos 15.000 estudiantes, la mitad de ellos en la rama de ingenierías, ciencias de la salud y humanidades, y 1.300 estudiantes de máster, de 2.500 solicitudes, aseguran en la entidad madrileña.

“Hemos intentado cubrir el tema social para no perder la excelencia de muchos alumnos, que no pueden costearse los estudios en los centros privados”, dice también José Luis Guillén, director general de la Fundación San Pablo CEU. En los últimos tres años, esta entidad ha aumentado un 24% los fondos para ayudas y el curso que viene el presupuesto es de nueve millones de euros. Actualmente, unos 3.000 estudiantes, la mayoría universitarios, de los 30.000 totales, disfrutan de alguna ayuda en esta institución.

Becas que cubren el 100% de la matrícula para alumnos con notas por encima de 9, y el 65% del precio para los que cuentan con una media de 7, pretenden premiar el binomio excelencia-renta, explica Guillén, que aclara que los estudiantes de Medicina (el 30% becados), Farmacia y Económicas son las carreras donde más becarios hay.

También los mejores estudiantes son los que se benefician de ayudas en la Universidad Europea, que en 2016 invirtió en becas más de 2,5 millones de euros en sus campus de Madrid, Valencia y Canarias. Algunos de los programas cubren hasta el 80% de la matrícula, y también cuenta con ayudas para alumnos de altas capacidades, destinadas a potenciar el desarrollo de competencias personales y profesionales.

Casi dos millones de euros es la cuantía que Comillas ICAI-ICADE ha dedicado este curso a becas para alumnos con alta capacidad y menores recursos, que pueden cubrir hasta el 75% del coste “o incluso más para situaciones excepcionales”, cuenta Ignacio García, director de la Oficina de Ayudas al Estudio de esta institución. En colaboración con algunos colegios mayores y residencias universitarias, Comillas también desarrolla un programa de becas para el alojamiento en Madrid, y préstamos bancarios a la excelencia, sobre todo para los estudios de máster.

Casi 1.500 alumnos están becados en Deusto, entidad que ha adscrito 10 millones de euros a ayudas en cuatro años. Este curso, con el mayor número de becados en el grado en Psicología, Deusto no ha convocado becas de excelencia académica.

Los rectores: no a las ayudas meritocráticas

Al pan, pan, y al vino, vino. La CRUE quiere que se revierta el sistema de becas actual. En diciembre solicitó al Ministerio de Educación el aumento del presupuesto hasta los niveles mínimos de la OCDE y que la dotación cubra todos los gastos necesarios en función de las solicitudes presentadas; excluir los criterios académicos, y solo analizar los socioeconómicos, ya que “no se trata de ayudas meritocráticas”.

Pide también una concesión y pago más efectivos, y compensar a las universidades a través del ministerio con el pago del 100% de la matrícula de los becarios, así como elevar el umbral 1 de renta, en el límite de la pobreza según el INE. El 5 debería volver a ser la nota requerida para acceder a una beca, “ya que el resto de los estudiantes también tienen subvencionados los estudios”, afirma su secretario ejecutivo, Julio Contreras.