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Los emergentes están mejor preparados para episodios críticos

La vía más segura para apostar por empresas en estos países son los fondos especializados en el área

En 2017 las economías emergentes más dinámicas (China, India, Brasil, Rusia, México, Sudáfrica, Turquía, etcétera) recibieron un flujo de inversión externa de 1,2 billones de dólares (un billón de euros) y sus mercados de bonos alcanzaron la cifra récord de 113.000 millones de dólares (unos 95.000 millones de euros). Las estimaciones de los analistas de los mercados financieros para este ejercicio son muy similares, pese al ruido acerca de la posibilidad de una nueva recesión en el horizonte por las subidas del coste de financiación en EE UU. Tradicionalmente, cuando subían los tipos de interés en EE UU o se apreciaba en exceso el dólar norteamericano, las empresas alojadas en los países emergentes y que nominaban sus inversiones en el billete verde sufrían en sus cuentas de resultados y en muchos casos abandonaban sus proyectos, provocando una salida masiva de capitales.

Pero las circunstancias han cambiado en tales países, pues han diversificado sus fuentes de financiación, las subidas de los tipos están muy anticipadas y parecen limitadas, y han puesto en orden sus variables macroeconómicas, especialmente las balanzas por cuenta corriente. Ahora, en vez de estar en revisión como objetivos de los inversores, siguen acaparando el favor de los expertos, pues consideran que son las apuestas allí realizadas las que proporcionarán mayores retornos, si bien es cierto que se corren algunos riesgos adicionales sobre los que presentan las economía maduras.

Las valoraciones de las compañías siguen siendo muy atractivas en comparación con sus pares en las economías consolidadas, y la seguridad jurídica se ha abierto camino, pese a que sigan vivos los recuerdos de suspensiones de pagos como la rusa en 1998 tras la crisis del rublo. Pese a los riesgos de guerra comercial abierta por la cadena de aranceles anunciados por EE UU, países como India, China, Turquía, México o Sudáfrica acaparan las apuestas por las fortalezas tecnológicas, la preparación de su mano de obra y la gran capacidad de crecimiento de las clases medias que movilizan la demanda. La vía de inversión más racional, en todo caso, son los fondos especializados en estos países.

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