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El próximo líder de Brasil estará en manos del Congreso

El encarcelamiento de Lula es buen augurio para la reforma fiscal, pero no hay nada seguro

La campaña anticorrupción de Brasil podría tener consecuencias imprevistas. El encarcelamiento del político más popular, el expresidente Lula, y el rechazo de los votantes hacia los negocios turbios de los poderosos darán a los desconocidos con la reputación intacta la oportunidad de brillar en las elecciones presidenciales y legislativas de octubre. Eso está bien, pero a quienquiera que gane la presidencia le podría costar realizar los recortes necesarios.

Lula ha empezado una condena de 12 años por corrupción. Aunque las encuestas sugieren que ganaría, es casi seguro que está fuera de competición. Muchos políticos están igualmente manchados. El presidente, Michel Temer, evitó un juicio ante el Supremo el año pasado solo porque los legisladores –muchos de los cuales se enfrentan a investigaciones por algún delito- votaron para protegerlo.

Una encuesta realizada en julio indicó que el 80% de los brasileños quería nuevas caras. Eso podría ayudar al expresidente del Supremo Joaquim Barbosa, que la semana pasada se unió al Partido Socialista y probablemente será su candidato. El primer miembro negro del Supremo tendría una credibilidad considerable, tras presidir en 2012 el juicio del caso mensalão de compra de votos, que envió a tres ayudantes de Lula a prisión. La exministra de Medio Ambiente –con Lula– Marina Silva y el populista de extrema derecha Jair Bolsonaro son otros dos candidatos erigidos en adalides anticorrupción.

El dilema para Barbosa, o para cualquier ganador que adopte políticas más limpias, será cómo avanzar en la reforma de la insosteniblemente generosa seguridad social, por ejemplo, con un Congreso tradicionalmente sumido en prácticas similares a aquellas por las que Barbosa envió a gente a la cárcel. Eso, a su vez, depende de cuántas caras nuevas haya en los escaños. Las nuevas reglas electorales, incluida la prohibición de las donaciones corporativas, apuntan a dificultar los sobornos, pero no van lo suficientemente lejos.

Los valores brasileños han subido más del 10% este año, y Moody’s cambió el lunes su perspectiva de rating de negativa a estable, reflejando la expectativa de que el próximo Gobierno logrará mejorar la situación fiscal. El encarcelamiento del derrochador Lula lo hace más probable, pero no es un hecho consumado.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.


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