Adiós al oligopolio bancario en los servicios de inversión

La transparencia de Mifid II permitirá conocer las comisiones reales de estos servicios

Adiós al oligopolio bancario en los servicios de inversión

Un tsunami amenaza con arrasar el mundo de los servicios de inversión tal y como lo conocemos. La revolución digital, las nuevas generaciones, los requerimientos regulatorios emanados de Mifid II, los gestores automatizados, la entrada de los gigantes GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple), y nuevos actores como compañías de telecomunicación y de seguros podrían derribar las otrora inamovibles murallas del oligopolio bancario en el mundo de los servicios de inversión.

Estos servicios para el asesoramiento, gestión y comercialización de productos y servicios destinados al ahorro e inversión eran, hasta hace bien poco, un territorio firmemente dominado por la banca tradicional, que actuaba como único proveedor en toda la cadena de valor, desde la fábrica hasta la ejecución y la venta en sus poderosas redes bancarias.

Así, y con datos al cierre de 2017, tanto en planes de pensiones como en fondos de inversión más del 80% de la cuota de mercado lo tienen los bancos. Aseguradoras, con un 3,6%, entidades extranjeras, con un 5,6% y actores independientes, con un 8,4%, se reparten la pequeña parte que no copan los bancos.

Pero son varios los drivers que van a impactar en el sector. Si tuviésemos que definir con una palabra Mifid II, sería transparencia, y esto va a provocar que muchas de las vergüenzas, como las comisiones que el inversor desconocía que se le aplicaban, salgan a la luz y con ello se cambiarán muchos de los paradigmas que tenían los usuarios de los servicios de inversión, entre ellos el coste real y quién cobra realmente en la prestación de estos servicios.

Los roboadvisors son todavía una gota en mitad del océano, pero su evolución en la industria de los servicios de inversión solo tiene un camino: crecer, y rápido, porque todo les favorece: la imposibilidad por parte de las redes bancarias de atender a determinados segmentos de clientela; el hecho irrefutable de que a todos nos gusta pagar menos comisiones; la escasa calidad de la gran mayoría de los fondos que comercializan las redes bancarias; y el enorme potencial de elevar las cifras de los fondos índice, elevándolos a estándares más cercanos a países de nuestro entorno, muy por encima del escaso 1% que tenemos ahora.

Junto a la creación de nuevas gestoras independientes que van apareciendo en el mercado, el anuncio de compañías tecnológicas de crear sus propios bancos o servicios de inversión, la irrupción de compañías de seguros que ofrecen roboadvisors, la más que probable aparición en el sector de alguno de los gigantes tecnológicos conocidos como GAFA… Todos estos nuevos elementos harán también que cambie radicalmente el mundo de los servicios de inversión.

La tecnología ha hecho posible lo que era imposible hace pocos años: reducir los costes de proveer estos servicios. Como suele decirse, el futuro ya está aquí: big data, inteligencia artificial, banca móvil… son solo algunas de las fascinantes herramientas que la tecnología pone a nuestro alcance para dinamitar una industria muy ineficiente, pero con grandes y poderosos jugadores tradicionales. Por otro lado, está más que demostrado que muy pocos gestores baten sus índices, por lo que es una industria con los pies de barro y en la que durante muchos años se han dado por hechas muchas cosas que saltarán en pedazos en menos de lo que muchos quisieran.

Generar confianza en la marca es algo absolutamente imprescindible en esta industria, por lo que los nuevos jugadores, que no tienen la historia ni la fortaleza de los bancos, deberán impulsar sólidas políticas de comunicación para lograr la confianza del público en su marca.

Les llamemos o no mileniales, lo que está claro es que las nuevas generaciones de ahorradores e inversores, conforme vayan teniendo poder adquisitivo, estarán mucho más dispuestas a adoptar nuevas soluciones de ahorro e inversión, libres de muchas creencias fomentadas por la industria, y del síndrome de Estocolmo bancario.

En definitiva, un nuevo panorama lleno de posibilidades se extiende ante nosotros, y todos ganaremos de esta transformación: tanto los inversores, como aquellos que se atrevan a innovar y a ofrecer servicios pioneros.

Martín Huete es socio cofundador de Finizens

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