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Presupuestos: Incompletos y a retales

Hubiera sido deseable ver partidas, variaciones y apuestas más decididas

Como conjunto de ingresos y gastos previstos para un determinado período, un presupuesto tiene que estar cuadrado. Esto lo hace contablemente completo. Sin embargo, los que el Estado maneja para 2018 parecen incompletos en otras múltiples facetas. La más importante es que no parecen reflejar una estrategia económica de país. No es que las previsiones estatales para inversión y para engordar las cuentas públicas puedan transformarse de la noche a la mañana. Eso no es posible porque gran parte de los presupuestos está comprometido estructuralmente pero hubiera sido deseable ver partidas, variaciones y apuestas más decididas que adivinarían intenciones de girar al país, poco a poco, hacia una dimensión más sostenible en el ámbito financiero, y más moderna y productiva en lo económico. La apuesta en I+D sigue siendo claramente insuficiente, lo que se une a una pobre ejecución de la misma de las anteriores ediciones presupuestarias.

Tampoco son completos en cuanto a coherencia. La economía crece pero el gasto se expande aún más y demasiado, con una clara correlación entre proximidad de confrontación electoral y el anuncio de retales que se añaden para hacer presupuestos más expansivos. Si se discute la sostenibilidad de las pensiones, la solución no es subirlas sin cálculo o previsión posible. Sin una propuesta de pensiones de largo recorrido, dotaciones más generosas de hoy pueden implicar generaciones con pensiones más pobres mañana. Y, aún así, no es que los pensionistas vayan a mejorar mucho su situación.

Tampoco son completos los presupuestos en responsabilidad política. Es normal, no puede negarse, que el tira y afloja entre partidos tenga en la planificación de las cuentas públicas un eje de discusión. Lo que no es tan normal es que, en lugar de discutir partidas y reajustes en áreas particulares, se niegue la totalidad y se busquen minorías para la aprobación que, en sus peticiones, pueden generar desajustes aún mayores. No es, por tanto, responsabilidad única del gobierno sino de todos los que deben responder y apoyar el equilibrio financiero y la ausencia de incertidumbres innecesarias en la economía española. De hecho, persiste aún la duda sobre sí habrá aprobación parlamentaria. Y ya es primavera.

Santiago Carbó es Catedrático de Economía de CUNEF y Director de Estudios Financieros de Funcas

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