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La escuela de Paco sigue abierta 40 años después

Los directores del diario decano de la prensa económica repasan su historia y debaten sobre el futuro del periodismo

De izquierda a derecha: Ernesto Ekaizer, Fernando González Urbaneja, Javier Ayuso, Javier Moreno, Francisco Mora, Ricardo de Querol, Luis de Benito y Jorge Rivera.

Hace 40 años, en la época del tipómetro, del teletipo y de las pesadas Olivettis, o lo que es lo mismo, en la prehistoria de la era tecnológica, el periodista atesoraba un gran poder. Lo recuerda bien Francisco Mora (Madrid, 1942), el primer director de CincoDías, diario decano de la prensa económica, que este año celebra cuatro décadas de existencia. "Mandaban los periodistas de a pie, luego mandaron los directores y más tarde los editores, que metieron la pata y así estamos como estamos", afirma quien dirigió este periódico desde el 3 de marzo de 1978 hasta 1986, durante un encuentro, celebrado en la sede de PRISA Noticias, con ocho de los diez directores que ha tenido la cabecera salmón (Jesús Mota se encontraba enfermo ese día, aunque respondió a unas preguntas, y Félix Monteira declinó la invitación por motivos personales).

La aventura la inició Mora acompañado de siete periodistas: José Pérez Guerra, Javier Belderrain, Luis Ignacio Parada, Ignacio Alonso Villalobos y Manuel García Lucero. Francisco Mora recuerda que ya en aquella época "arrancar un periódico era estresante, desde buscar un nombre, ya que muchos de los que se nos ocurrían estaban registrados, a debatir sobre la jornada laboral...", rememora el periodista, al que todos recuerdan faenando, llegando el primero a la redacción, recortando teletipos, corrigiendo textos... y apagando la luz todos los días. Esto es, dando ejemplo y, sin pretenderlo de manera consciente, sentando las bases de una casa donde existe una norma no escrita, que pulula en el ambiente y se contagia de veteranos a jóvenes, de camaradería y de transmisión, de unos a otros, de toda la sabiduría que atesora un oficio artesanal que, a pesar de los pesares y de la irrupción de las nuevas tecnologías, sigue estando vivo. Mora cedió el testigo a Javier Ayuso (Madrid, 1956) en 1986. Fue un momento en el que se acometieron relevantes cambios en la recor­dada redacción de la calle Hernández de Tejada, donde, sin saberlo, ya se practicaba el coworking, al com­partir espacio con otros medios, impulsado por el propietario, Francisco Gayá.

"Nos permitió tener becarios, era una época buena, en la que se invertía en la redacción, con un equipo de 30 personas, gente buena", señala Ayuso, quien asegura, sin titubeos: "No he trabajado con más libertad en mi vida", a pesar de la amenaza del entonces todopoderoso Mario Conde de retirar la publicidad de Banesto del periódico. "Se retiró y no pasó nada". Fue una época de periodismo de calle, a pesar de la cantidad de moqueta que se tenía que pisar para lograr una exclusiva. "Era cuando Ernesto Ekaizer se metía en la junta de acreedores de Explosivos Río Tinto en busca de la noticia", afirma Ayuso, a quien sustituyó Luis de Benito (Valencia, 1951), con una trayectoria televisiva que generaba algún recelo. "Tuve que ganarme a la redacción, con un reto: escribir para aquellos que no sabían de economía", además de implantar un sistema informático y desterrar la máquina de escribir, además de cambiar la tintada del papel al salmón. "Hubo resistencia al ordenador, pero ense­guida todos se adaptaron. Se trataba de una redacción con gran peso". Fue en ese momento cuando el periódico fue comprado por el Grupo PRISA y entró como director Ernesto Ekaizer (Buenos Aires, 1949), que ya había sido "redactor estrella" en el diario. Lo recuerda con detalle: "Me llamó Paco y le llevé mi carpeta de artículos. Me dijo que no me podía ofrecer mucho dinero, unas 40.000 pesetas [240,4 euros], y estar como adjunto al director". La oferta le resultó atractiva, pero había algo más: "Era un periódico de tamaño pequeño y me apasionaba. En Argentina había periódicos pequeños y muy influyentes". Fue adentrándose en el género que denomina información exclusiva. "Competíamos con el equipo de economía de El País, que era imbati­ble, y dimos la batalla", cuenta el periodista, que rememora una de esas primeras series: la informatización de Hacienda y sus reticencias. "También el caso Rumasa fue una fuente de crecimiento en el número de lectores, frustramos el nombramiento de Manuel de la Concha, síndico de Bolsa de Madrid, como presidente del Banco Hispanoamericano, que había puesto en marcha su amigo Mariano Rubio, presidente de la Bolsa".

Salvar al sistema financiero

Ekaizer dejó Cinco Días y regre­só, como director, en 1989, cargo que mantuvo hasta 1992. El relevo lo tomó Jesús Mota (Bilbao, 1952), cuyo mandato duró dos años. De ese periodo se queda con la intervención de Banesto en diciembre de 1993. "Es la última gran operación que hace el Estado para salvar el sistema financiero, demostrando que tiene recursos a su alcance", recuerda Mota, quien saca pecho al evocar que CincoDías, en su línea de denuncia de este tipo de prácticas empresariales, fue el "único medio que denunció el modo de hacer negocios del banquero". Y afirma que cree en el periodismo crítico, "que está para controlar el poder, que casi nunca es el Gobierno, y sí está en los conglomerados empresariales y financieros".

En 1994, Fernando González Urbaneja recibió una llamada del entonces director de El País, ­Joaquín Estefanía, anunciándole que Juan Luis Cebrián le llamaría para pregun­tarle si podría tener un proyecto para el periódico. Quedaron a tomar café en el Hotel Ritz de Madrid y le encar­gó dos tareas: que en la cuenta de resultados no hubiera excesivas pérdidas y que el diario fuera influyente en medios empresariales y financieros. "Ganamos dinero, invertimos en tecnología y nos centramos en una redacción en la que había poco debate interno. Hicimos una encuesta para analizar qué nos pasaba, y el primer problema era la moqueta". Si el problema era ese, "solo había que ganar dinero y cambiarla", dice Urbaneja. Lo hizo, además de revolu­cionar la portada con llamativos titulares ("eso nos obligó a buscar el eje central, a debatir, a pensar las cosas, a hacer equipo") y de respetar el trabajo de los periodistas, algo que le va­lió que la Telefónica de Villalonga retirara la publicidad de CincoDías alegando que "eso era algo normal en EE UU". En 1999 llegó Félix Monteira (Ponferrada, 1951), al que sustituyó en 2003 Javier Moreno (París, 1963), procedente de la corresponsalía de El País en Berlín. “Yo fui el más paracai­dista, no había pasado antes por un periódico económico”. Y destaca de la redacción de Gran Vía, 32, "la identidad que tenía el periódico, y que ha permanecido hasta ahora a pesar de sus directores, en el que siempre han mandado los periodistas". "Es la escuela de Paco", apostilla Urbaneja.

El primero en llegar

El director más longevo en el puesto, 11 años, ha sido Jorge Rivera (Madrid, 1962), que entró como becario y ha ocupado cargos como el de redactor jefe y subdirector. Rivera rememora su primer contacto con el periódico, que por aquel entonces era impreso en papel blanco. Fue el primer día que pisó la Facultad de Ciencias de la Información y vio un fardo con ejemplares del diario. "Mi primera impresión fue de rechazo". Sin embargo, tiempo más tarde descubrió una nota en el tablón de anuncios de la facultad en la que pedían becarios para una revista que se llamaba Mercado, y que compartía espacio con Cinco Días. "Me presenté y me dijeron que me dedicara a otra cosa, pero volví". Y le cogieron. De aquella época se queda con una imagen: "Tenía que recoger a primera hora los teletipos, cortarlos y repartirlos, pero siempre había alguien que llegaba antes, era Paco. Es la esencia, el origen". Rivera regresó de nuevo, procedente de la sección de economía de El País, con Monteira y compartió "momentos intensos" con Moreno, del que piensa que "modernizó" el diario del que tomaría el mando desde 2005 a 2016. Un periodo de "momentos profesionales y humanos positivos, y muy duros, de una voracidad informativa tremenda, además de vivir la transformación digital" de la publicación. Destaca además, y coincide en esto con Ekaizer, el placer de "trabajar en un medio pequeño, familiar, con una gran interacción entre la dirección y la redacción, lo que genera un orgullo de pertenencia de marca". Esa línea de profesionalidad y seriedad, sello indiscutible de CincoDías, "nace de Paco, y el heredero de todo esto es José Antonio Vega [adjunto a la dirección]", señala Rivera.

A su lado se encuentra, en la mesa de debate, el director al que le cedió el testigo hace dos años, Ricardo de Querol (Madrid, 1968), que también ha vivido dos etapas en este diario: llegó en 2002 como redactor, más tarde fue redactor jefe y subdirector hasta 2006, año en el que se marchó a El País. Regresó, después de oír a su madre decirle en repetidas ocasiones: "Hijo, ¿pero tú no estabas mejor en Cinco Días?". Y si algo ha corroborado en estos años, como el resto de los directores, es que "la profesionalidad se transmite de veteranos a jóvenes, siguiendo una línea rigurosa, porque escribimos para lectores que saben más que nosotros”. De la actual época destaca el trabajo realizado, y que se sigue haciendo, para intensificar esfuerzos en el terreno digital. Y asegura que el gran reto de la prensa económica es la transforma­ción digital, aunque aún tiene pendiente encontrar el modelo de finan­ciación. España todavía tiene la rareza del todo gratis, con una vía de monetización solo por la vía de la publicidad". "

En este sentido, recuerda Ekaizer que los medios siempre han abierto líneas adicionales para encontrar recursos, como editar libros, "que además patrocinaban los bancos, como el de la Ley de Sociedades Anónimas o el Plan General Contable, del que se vendieron un millón de ejemplares". Aunque advierte de que eso no es periodismo, es negocio. Esa es la clave, prosigue De Querol, "me siento muy libre, pero tenemos que resolver el modelo económico". Al otro lado de la mesa, Javier Ayuso exclama: "Larga vida a Cinco Días". Que todos ustedes lo vean.

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