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Es hora de que Deutsche Bank y Commerzbank se junten

Eso pondría fin a la angustia existencial perenne en torno al mayor de ellos

Reloj antiguo con el logotipo de Deutsche Bank, en la fachada de la sucursal del banco en Wiesbaden (Alemania).

En Fausto, el protagonista vende su alma al diablo para cumplir sus metas terrenales. Deutsche Bank y Commerzbank, con retornos sobre el capital tangible decididamente profanos, se enfrentan a un dilema similar mientras luchan por cubrir su coste de capital. Los dos mayores bancos de Alemania por activos deberían tragarse su orgullo y juntarse.

Desde un punto de vista estratégico y regulatorio, tendría sentido. Pondría fin a la angustia existencial perenne en torno a Deutsche, cuyos ingresos netos dependen en más de dos quintas partes de la volátil banca de inversión. La nueva entidad obtendría en torno al 43% de los ingresos en Alemania, incluida una mayor participación en los –más predecibles– préstamos a minoristas y empresas. Controlaría además la décima parte de los préstamos alemanes, según Morgan Stanley: más del doble que el rival más cercano, lo que le daría poder para fijar precios en el fragmentado mercado del país.

También podría acelerar el viaje hacia retornos decentes. El solapamiento entre los dos bancos es tal que una fusión podría eliminar el 10% de sus costes operativos estimados combinados, unos 3.000 millones, según un analista. Según los ingresos y la deuda incobrable proyectados para 2019, obtendrían un beneficio neto de 6.800 millones, equivalente a un ROTE del 8,4%. Eso está muy por encima del 5,8% y el 4,7% que proyectan los analistas para Deutsche y Commerzbank, respectivamente, en 2019.

¿Por qué el jefe de Deutsche, John Cryan, y su homólogo de Commerzbank, Martin Zielke, dilatan un acuerdo? Tal vez porque están enfocados en su reestructuración para digitalizar los procesos de backoffice y reducir costes. Recortar empleo en Commerzbank, propiedad del Estado alemán en un 15%, sería polémico.

Pero los analistas esperan que ambos apenas logren un retorno del 6% en 2020, incluso después de renovarse. El Gobierno podría preferir un pretendiente doméstico antes que un intruso extranjero como BNP Paribas, y tiene más margen de maniobra tras las elecciones. Y si quiere soltar su participación, vender el 15% de un banco más próspero, cotizando a su valor contable de 84.000 millones, podría significar dos tercios más para las arcas estatales que hacerlo ahora.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías.

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