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Los españoles prefieren los compactos y los SUV

La radiografía de las ventas de coches nuevos durante el pasado año evidencia las prioridades de los automovilistas

Para anticipar lo que está por llegar en el sector del automóvil español durante 2018, un buen punto de partida puede ser repasar de dónde se viene. El pasado año supuso otro ejercicio de recuperación económica y también para las ventas de coches nuevos, como refrendan los 1.234.931 turismos matriculados, una cifra que supone un aumento del 7,7% respecto al curso anterior.

Más allá de la frialdad de los datos, indagando en ellos se puede obtener una información que señala, por ejemplo, cuáles son las preferencias esenciales de los conductores españoles, que parecen bastante definidas.

Lo primero que se puede afirmar es que el nacional es un mercado de coches de tamaño compacto. Son los modelos intermedios los que concentran la mayor parte de las ventas, tanto en lo que se refiere a los turismos convencionales como de todocaminos, en los segmentos B y C.

Es algo lógico ya que ofrecen una buena versatilidad, combinando unas dimensiones no muy problemáticas para circular por ciudad con espacio y capacidad de carga suficientes para convertirse en el coche único familiar y realizar viajes.

La segunda conclusión, que lleva los últimos años cociéndose a fuego no tan lento, es que los SUV reclaman cada vez una mayor atención y están calando hondo en las preferencias de los clientes.

Llevan una década en el mercado y, aunque nacieron con un protagonismo casi testimonial, hoy prácticamente todas las marcas tienen no uno sino varios de estos vehículos en su gama, que concentran, además, la mayoría de sus ventas. De hecho, durante 2017, el 37% de las matriculaciones ha correspondido a un SUV, uno de cada tres coches comercializados.

También se aprecia un cambio de tendencia en la elección del combustible de los automóviles. Europa, en general, y España, en particular, han sido tradicionalmente mercados con preferencia por el diésel. Motivos hay varios, pero principalmente su precio inferior y un consumo también menor para los vehículos que lo utilizan.

Sin embargo, quizá por el anuncio de restricciones futuras a los modelos de gasóleo, el reparto fue en 2017 mucho más equitativo, con un 48,3% para los diésel y un 46,6% para los motores de gasolina.

¿Y el 5,1% restante? Corresponde al conjunto formado por híbridos y eléctricos. Puede parecer un porcentaje reducido, pero ha supuesto un aumento considerable respecto el ejercicio anterior; una consecuencia de los esfuerzos de la industria por mejorar en el terreno de los coches ecológicos, presentando alternativas cada vez más capaces.

No se puede olvidar la activación del plan Movalt de ayuda a la compra de este tipo de vehículos, con un presupuesto de 20 millones de euros que se agotó en las 24 horas siguientes a su activación.

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