La inversión con las lecciones de la crisis, la protección de Mifid 2 y los tipos en el cero

Si la nueva reglamentación se aplica al pie de la letra, habrá menos sorpresas

La inversión con las lecciones de la crisis, la protección de Mifid 2 y
los tipos en el cero

La crisis financiera generó llanto y crujir de dientes entre los gestores de la banca y entre los particulares, que en muchos casos fueron víctimas de los primeros, con una responsabilidad inexcusable de los reguladores y supervisores de la arquitectura bancaria. Puede hablarse de innovaciones financieras para extremar los resultados de las entidades, pero la mayoría de los formatos de los productos financieros, incluidos los derivados, tienen la raíz muy profunda en el tiempo, y también de abuso de los mismos ante una actitud pasiva de los supervisores y una regulación actualizada siempre con retardo.

La Mifid de 2007, que pretendía en Europa regular la comercialización de determinados activos a la clientela particular e institucional se mostró porosa y no evitó patéticos episodios de pérdida de pequeños patrimonios a gran escala cuando llegó la crisis, especialmente cuando se trataba de títulos para capitalizar entidades bancarias cuyo valor se evaporó cuando los activos reales perdieron valor. Para que no vuelva a repetirse, Europa ha puestro en marcha una versión reforzada de Mifid, que ha entrado en vigor en enero, y que trata de vigilar estrechamente la actitud de la banca y de los consumidores ante la comercialización de productos financieros.

Un banco no es un colmado, y como lo que la clientela se juega cuando adquiere un productos financiero no es la cesta de la compra, debe ser examinado en profundidad acerca de sus conocimientos, de su perfil de riesgo y de su tolerancia a las pérdidas, Y la entidad tendrá prohibido poner a disposición de cada cliente aquello que no entienda, y obligarle a escribir y firmar de su puño y letra que, si adquiere determinados artículos, puede no entenderlos, no conocer el riesgo potencial o incluso admitir que la entidad o el regulador (CNMV) desaconsejan que pueda adquirirlo.

Si la nueva reglamentación, para cuya aplicación España siguie arrastando los pies pese a las advertencias de las autoridades comunitarias, se sigue al pie de la letra, el riesgo estará ajustado a los perfiles de cada inversor, y habrá menos sorpresas. A fin de cuentas la crisis ha enseñado a las entidades a limitar sus ventas, a los reguladores a poner cotos concretos, y a los clientes a eludir aquello que puede ser sorpresivo en el futuro.

Pero no olvidemos que estamos, y estaremos, con los tipos pegados al cero una temporada larga, y que la resistencia a refugiarse en los depósitos sin remuneración y esperar rendrá límites, lo que inducirá a los particulares a explorar otros territorios de riesgo, incluso desconocidos, y seguramente pese a las advertencias y alertas reconocidas en los contratos que firme.

Eso sí: las reglas dejan más claro de quién es ahora la responsabilidad.

 

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