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Cartagena, luminosa, histórica y renovada

La urbe ha salido de su letargo tras la rehabilitación de su patrimonio arqueológico La cara más bonita de esta localidad murciana es la que mira al mar

El teatro romano.

Con más de dos milenios de historia a sus espaldas –fue fundada por el general cartaginés Asdrúbal en 227 a. C. y después conquistada por los romanos, que la denominaron Cartago Nova–, Cartagena ha salido de su letargo tras la rehabilitación de su espléndido patrimonio arqueológico y monumental y la incorporación de modernos edificios que se han integrado perfectamente en el paisaje urbano. El Museo del Teatro Romano, de Rafael Moneo, es una excelente muestra de esta fusión, con casas y templos romanos abiertos al público en el centro peatonal.

La cara más bonita de la ciudad, rehabilitada con especial mimo, es la que mira al mar. Cartagena tiene uno de los puertos naturales más perfectos del Mediterráneo, ahora con escala de cruceros turísticos cada vez más frecuentes.

Las murallas, construidas en tiempos de Carlos III, bordean el frente marítimo y el puerto deportivo. Este es el lugar perfecto para tomar un café o tapear en alguno de los quioscos modernistas que allí encontraremos, antes o después de visitar el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua), obra de Guillermo Vázquez Consuegra.

El museo, referente en la protección y restauración del patrimonio subacuático, guarda, entre otros tesoros, el de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hundida en 1804 frente a las costas portuguesas. La valiosa carga, más de medio millón de monedas y diversos objetos, extraída del fondo del mar por la empresa cazatesoros estadounidense Odyssey, fue recuperada por el Estado español tras una ardua batalla legal.

Al final de este paseo de casi un kilómetro se encuentra el auditorio El Batel, otro destacado edificio de la arquitectura española reciente, proyecto de José Selgas y Lucía Cano. La zona peatonal, flanqueada por casas modernistas, se extiende desde la plaza del Ayuntamiento a la plaza de España.

En la primera, dentro del Palacio Consistorial, con fachada de mármol blanco, cúpulas de zinc..., se ubica la Oficina de Turismo y, enfrente, el Museo del Teatro Romano, que comunica a través de corredores con el teatro, uno de los más grandes de la Hispania. Su capacidad para 6.000 espectadores da cuenta de la importancia de la Cartagena romana, basada en su riqueza minera, en un emplazamiento privilegiado y en su topografía, rodeada de colinas.

Otra de las zonas recientemente rehabilitadas es la del barrio del Foro Romano, muestra de la relevancia arqueológica de la antigua Cartago Nova, con termas y salas de banquetes decoradas, ahora protegidas por una espectacular cubierta.

Para completar la visita a Cartagena hay que subir al castillo de la Concepción, que en realidad es una pequeña torre defensiva de poco interés, pero con un bonito mirador que planea sobre la ciudad y la bahía, con el teatro romano en primer plano. Para no cansarse mucho, es aconsejable subir en el ascensor panorámico que, desde la calle Gisbert, alcanza la colina.

El centro de la ciudad.

Cartagena sufrió intensos y frecuentes bombardeos de la aviación italo-alemana durante la Guerra Civil, ya que albergaba la base naval y era un importante centro industrial de la zona republicana. Por ello, se pueden encontrar multitud de refugios en la ciudad. El más grande, con capacidad para albergar a más de 5.000 personas, excavado en la ladera de la colina, se construyó en 1937.

En 2006 se abrió al público concebido como museo para mostrar lo acontecido durante la Guerra Civil en Cartagena, uno de los bastiones más importantes del Gobierno republicano y la última ciudad española en rendirse a las tropas franquistas.

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