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El ocaso de Merkel abre paso a la Europa de Macron

El presidente francés aspira a ocupar el vacío de liderazgo a escala europea La ofensiva amenaza la gran coalición de populares y socialistas en el Parlamento Europeo

Angela Merkel y Martin Schulz, ayer en un debate en la cámara baja del Bundestag, en Berlín.

El ocaso político de Angela Merkel, cada vez más evidenete, ha abierto un tremendo hueco de liderazgo en la Unión Europea. Y el horror vacui de la política ya apunta hacia el inquilino del Elíseo, Emmanuel Macron, como principal candidato para coger un timón europeo en manos de la canciller alemana desde 2005.

Bruselas ya ni siquiera disimula su intención de pasar la página de la Europa de Merkel, marcada por las sucesivas crisis (financiera, económica, migración, seguridad) e iniciar un periodo mucho más constructivo bajo una nuevo liderazgo.

La canciller alemana en funciones todavía no se da por vencida. Y este miércoles iniciará los contactos con el líder de los socialistas, Martin Schulz, para intentar salvar su cuarto y, con toda probabilidad, último mandato.

Pero sea cual sea el resultado de las negociaciones con el SPD de Schulz, el futuro de la veterana canciller tiene ya fecha de caducidad. Y en Berlín, París o Bruselas se preparan para el escenario siguiente. “El día que Merkel firme el acuerdo de Gobierno empezará el debate sobre su sucesión”, pronostica una fuente próxima a los conservadores alemanes.

Merkel ganó las elecciones del pasado 22 de septiembre, pero desde entonces no ha logrado formar una coalición con mayoría en el Parlamento. La posibilidad de una gran coalición con el SPD de Schulz es su última esperanza para evitar un Gobierno en minoría (que hasta ahora ha descartado) o verse obligada a concurrir a unas nuevas elecciones.

Las tribulaciones de la otrora todopoderosa canciller han dejado a Macron sin la imprescindible contraparte alemana. Macron deberá esperar hasta la formación de un nuevo Gobierno en Berlín (tal vez, en primavera de 2018) para impulsar su prometida reforma de la UE en áreas como la política económica, la de seguridad o la de inmigración.

Pero la parálisis de Berlín representa para Macron tanto una amenaza como una oportunidad. Y el presidente francés maniobra desde hace semanas para ocupar en Europa el espacio que una canciller en aparente retirada empieza a ceder.

La estrategia del presidente francés incluso apunta a la intención de repetir a escala europea el tremendo sorpasso político y electoral con el que desbancó a conservadores y socialistas en las últimas elecciones presidenciales y legislativas en Francia (mayo-junio de 2017).

Fuentes europeas atribuyen a Macron los movimientos ya en marcha para forjar una candidatura a la presidencia de la Comisión Europea (en 2019) que deje fuera a los posibles aspirantes del PPE (Partido Popular Europeo) o de S&D (Socialistas y Demócratas).

El nombre de la actual comisaria europea de Competencia, la liberal danesa Margrethe Vestager, ya flota en el ambiente como posible ariete de Macron para hacerse con la cúpula del organismo comunitario.

"En Francia le ha salido bien, pero en Europa hay mucha gente interesad en preservar la estabilidad de las dos grandes familias políticas", advierten fuentes parlamentarias

Macron también es uno de los principales impulsores de la creación de una lista transnacional para el Parlamento Europeo, una idea secundada por España para reservar un número de escaños a una papeleta con candidatos de varios países (tal vez los 73 que dejará vacantes Reino Unido en 2019).

Y el movimiento en el Parlamento Europeo para un posible grupo Macron ya ha comenzado. Un eurodiputado francés socialista, Gilles Pargneaux, asegura que cuenta con 70 eurodiputados de 21 países dispuestos a formar parte de una nueva familia política que aspiraría, como el presidente francés, a la “refundación de Europa”.

Fuentes parlamentarias dudan del éxito de la ofensiva del presidente francés contra los principales partidos políticos europeos. “En Francia le ha salido bien pero en Europa hay mucha gente, en muchos países, interesada en mantener la estabilidad de las dos grandes familias políticas [democracia cristiana y socialdemocracia] que crearon la UE”, advierten esas fuentes.

En los pasillos del Parlamento ya se esboza, incluso, un plan para frenar al posible candidato europeo de Macron: que tanto el PPE como los socialistas presenten candidatos franceses a la CE (Michel Barnier y Pierre Moscovici, respectivamente) para dinamitar a la candidata danesa de Macron. El primero tiene entre sus credenciales la negociación del brexit (un éxito europeo hasta ahora) y el segundo, haber puesto fin a la austeridad fiscal impuesta por Berlín.

A favor de Macron juega el hastío de parte de la opinión pública con una Europa que se arrastra de crisis en crisis sin proyecto claro. El entusiasmo europeísta del presidente francés prendió entre el electorado de su país y podría enganchar al de otros. De manera simbólica, el empuje europeo de Macron ha sido coronado con el premio Carlomagno apenas seis meses después de ganar las elecciones.

Las propias instituciones europeas se muestran hartas de un periodo oscuro en el que han sido ninguneadas por Berlín y reducidas a un simple secretariado al servicio de las cada vez más frecuentes cumbres europeas.

La Comisión Europea, presidida por el Jean-Claude Juncker, propuso la semana pasada la “europeización” de los instrumentos y normas creados durante la crisis a instancias de Berlín y al margen del entramado comunitario (como el fondo de rescate o el Tratado de Estabilidad). Y aunque la propuesta tiene pocos visos de prosperar, denota que Bruselas quiere pasar la página de la Europa intergubernamental de Merkel.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también quiere cerrar el oscuro capítulo de la crisis de los refugiados, que Berlín intentó resolver con unas cuotas de reparto obligatorio para cada país de la UE. El plan de Merkel nunca se ha llegado a ejecutar del todo pero ha creado una tremenda fisura dentro del club.

“La mayoría de los líderes quieren buscar una solución consensuada”, señala un alto cargo europeo en vísperas de la cumbre (14 y 15 de diciembre) en la que Tusk propondrá enterrar definitivamente las cuotas obligatorias de refugiados.

Tusk también ha decidido obviar las dificultades de Merkel para formar Gobierno y mantener la convocatoria a de una cumbre de la zona euro para este viernes.

La cita pretende relanzar la unión bancaria frenada por Berlín (con la dotación financiera para el Fondo Europeo de Resolución Bancaria y la creación paulatina de un Fondo Europeo de Garantía de Depósitos) con vistas a completarla en junio de 2018.

La ausencia de un Gobierno con plenos poderes en Berlín complica la negociación. Pero Tusk ha seguido adelante. “Hubiera sido una mala señal”, aseguran fuentes europeas. “No se pueden cancelar todos los debates porque no haya coalición en Berlín”, añaden. Hace unos meses se hubiera suspendido probablemente la cita a la espera de que Merkel recupere la batuta. Pero ahora tienen a Macron.

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