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El ‘sharing’ llega al mercado de las motos

Las motocicletas compartidas se extienden por toda España con flotas eléctricas Por poco más de tres euros puede moverse en una de ellas, aunque no sea propietario

Un usuario de la compañía Muving, en Sevilla.

Por poco más de tres euros cualquiera puede cruzar una ciudad como Barcelona en moto, aunque no sea propietario de una. El alquiler de coches por minutos (carsharing) ha evolucionado también hacia las dos ruedas y, ahora, el motosharing se está extendiendo rápidamente por todas las ciudades españolas con una flota que no para de crecer y que se compone fundamentalmente de vehículos eléctricos.

Mientras que en todo 2016 se vendieron en nuestro país 629 ciclomotores y 793 motocicletas eléctricas, entre enero y noviembre de 2017 ya se han contabilizado 1.424 y 2.405 unidades, respectivamente, la mayoría destinadas a negocios de vehículos compartidos. Y eso que falta por cerrar un mes crucial como diciembre, en el que se sumarán también los efectos de las ayudas públicas del plan Movalt a la compra de eléctricos.

Una de las mayores ventajas para el desarrollo del motosharing en España es que parte de los modelos que se utilizan en este tipo de servicio están fabricados en nuestro país, afirma Arturo Pérez de Lucia, director gerente de la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico (Aedive). “Por ejemplo, la compañía Muving se provee de los vehículos de Torrot, mientras que Ioscoot emplea los de Going Green”, precisa.

Otro punto a su favor es que las motos eléctricas suelen recargarse mediante swapping o extracción de baterías, sin necesidad de detener o alterar el funcionamiento del servicio. “El intercambio de baterías se realiza in situ y de forma inmediata, a diferencia de lo que sucede en el caso del carsharing, en el que los coches han de ser trasladados por operarios a un centro de carga cuando estos se encuentran al 20% de su capacidad”, indica.

El alquiler temporal de motos es un negocio en auge, que cuenta cada vez con más compañías y flotas mayores. Una de las principales es Social Muving, que opera en 10 ciudades españolas y dispone de más de 1.800 motos que, según su consejero delegado, Horacio Pérez Perdigo, “se convertirán en 2.000 a mediados de este mes porque vamos a iniciar nuestras operaciones en Alicante y Córdoba”.

La empresa tiene previsto llegar en breve también a los mercados de Estados Unidos, Francia, Portugal e Italia. Otra de las primeras firmas de este incipiente sector es Ecooltra, que contabiliza 1.400 unidades (todas de la marca Govec) y que, según su directora de marketing, Cristina Míguez, “llegará a las 3.000 en los próximos meses”.

Esta firma opera en Barcelona, Madrid, Roma y Lisboa y “en 2017 superaremos los 1,5 millones de desplazamientos y los 200.000 usuarios registrados en nuestra app”. Por su parte, Yugo, una startup fundada hace año y medio en Barcelona, tiene 210 motos en circulación en esta ciudad y, según su cofundador Tim Ougeot, “el negocio se ampliará a Madrid y Valencia en 2018”.

Un futuro prometedor

Los expertos coinciden en que el negocio tiene un futuro prometedor. Para Pérez de Lucia, “la fórmula facilita la usabilidad porque permite tomar un vehículo en un punto y dejarlo en otro; reduce las emisiones nocivas y los ruidos al utilizarse mayoritariamente vehículos eléctricos, y favorece la descongestión del tráfico”.

El consejero delegado de Social Muving advierte de que las Administraciones públicas están restringiendo el acceso a las ciudades de vehículos contaminantes, por lo que “el motosharing es la mejor solución”. No es extraño, por tanto, como dice la directiva de Ecooltra, que la buena aceptación que está teniendo la fórmula haya convertido a España en el país con más empresas que prestan este servicio.

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