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Sanidad pública o privada: ¿cuánto cuesta tener un hijo por reproducción asistida?

El diagnóstico preimplantacional, la donación de óvulos, un menor equipamiento y falta de médicos, asignaturas pendientes en los centros públicos El boom de la reproducción asistida ha impulsado a las privadas, que realizan más del 80% de los tratamientos

A veces la naturaleza no es tan sabia. Si no, cómo se explica que cada año nazcan en España más de 36.000 niños mediante reproducción asistida, sin problemas. Parejas infértiles (actualmente el 18%), mujeres solas o lesbianas recurren a estos tratamientos.

El boom de los últimos años ha impulsado la actividad de las clínicas privadas, que cubren el 80% de la demanda, y también de los hospitales públicos, que usan las mismas técnicas, con las mismas tasas de éxito, pero que están lacrados por las listas de esperas, en el mejor de los casos de hasta 11 meses. Además, muchos pacientes tienen que ir a las clínicas para acceder a técnicas como la donación de óvulos o el diagnóstico preimplantacional.

En un momento de máxima demanda, además de aumentar los recursos para aligerar las esperas de los pacientes que no pueden pagarse los tratamientos privados, las autoridades sanitarias tienen también nuevos lances sobre la mesa: regular (o no) el vientre de alquiler, poner coto a la mercantilizada publicidad aflorada, que choca directamente contra la ética, y posicionarse ante las nuevas técnicas, entre ellas, el hijo de tres padres o los óvulos artificiales.

El trato no es el mismo que la cobertura del dentista o la cirugía plástica, pero casi, destacan médicos especialistas en reproducción asistida. La sanidad pública no recibe los recursos suficientes para asumir toda la demanda porque “durante mucho tiempo no poder concebir era considerado un deseo de las parejas, no un problema de salud”, recuerda Agustín Ballesteros, presidente de la Sociedad Española de Fertilidad, que constata un crecimiento de más de un 9% anual de la demanda solo en la reproducción in vitro.

Esto ha marcado grandes distancias con las clínicas privadas en cuanto a procedimientos y a investigación, en un momento en que “las mujeres deciden ser madres a partir de los 37 años, cuando empeora la calidad de los óvulos; ha aumentado la infertilidad de los varones, por el estrés derivado del estilo de vida y los contaminantes ambientales, y se ha dado cobertura a colectivos como las lesbianas o mujeres solas”, explica Antonio Requena, director general médico del potente grupo IVI-RMANJ.

Los hospitales públicos emplean los mismos procedimientos, pero no todos los que existen. Además, los requisitos son muchos más estrictos. Aunque la ley no recoge límite de edad, en las unidades públicas el tope es de 40 años, que, a juicio de Ballesteros, “habría que prolongar al menos tres años”.

Mientras, en los centros privados existe “una edad límite [ética], consensuada por las clínicas privadas y recomendada por el Comité Internacional de Reproducción Asistida, hasta los 50 años”, destaca Requena.

Lo mismo ocurre con el número de intentos para quedar embarazada, tres como máximo en los públicos, frente los privados, a priori, ilimitados, “aunque la ética de no dañar al paciente siempre prevalece”, señala Requena.

Estos requisitos no son los únicos que obligan a muchos a pagarse los tratamientos privados, que cuestan entre 4.000 y 6.000 euros (reproducción in vitro). Precios “congelados en los últimos años dada la fuerte competencia entre las clínicas”, aclara Ballesteros.

Una competencia que, además, ha llegado a las técnicas de venta de las clínicas, con ofertas para captar pacientes. “Habría que regular la publicidad, porque algunas clínicas venden los tratamientos como si fuera el supermercado y afecta a la salud ”, remarca.

Onica Armijo, ginecóloga del servicio de reproducción asistida del Hospital Universitario La Paz, asegura que la donación de óvulos es uno de los procedimientos restringido para muchos pacientes”. Aunque depende del Gobierno regional, en Madrid y en otras, Castilla y León entre ellas, “los pacientes tienen que comprar los óvulos en bancos privados”.

En La Paz, donde la lista de espera es de año y medio para la fecundación in vitro porque también recibe pacientes del Hospital Puerta de Hierro, Ramón y Cajal y Hospital del Norte, entre otros, ocurre lo mismo. Si la paciente no responde a los ciclos, que en muchos casos se limitan a dos, dada la fuerte demanda y si no se detecta expectativa de éxito, tiene que recurrir a la sanidad privada.

En Madrid, solo el Hospital de Alcalá de Henares recurre a la fórmula de donantes cruzados para pacientes con menopausia precoz, cuenta Armijo. De una forma altruista y anónima, la paciente aporta una donante de óvulos para que a cambio le implanten ovocitos de otra mujer.

Solo para unos pocos

La vitrificación de óvulos para preservar la fertilidad tampoco está al alcance de todos. Por poner algún ejemplo, en La Paz, de momento, no la realizan y, de hecho, derivan los pacientes al Hospital Gregorio Marañón. “Ya tenemos el equipo, pero faltan profesionales para arrancar”, dice Armijo.

Otros hospitales como el Clínico San Carlos o la Fe de Valencia lo hacen, aunque solo para las mujeres con alguna enfermedad (cáncer, etc.). La Fe, junto a IVI, también hacen vitrificación de la corteza ovárica, que según un reciente estudio ofrece los mismos resultados.

Esta traba, según Fulvia Mancini, ginecóloga de Clínica Eva, lleva a muchas mujeres a sus centros además de la listas de espera, que en el caso de Cataluña pueden llegar hasta los cuatro años.

Precisamente, el equipamiento es clave para obtener buenos resultados. Un capítulo en el que las clínicas privadas no paran de invertir. Quirónsalud Málaga acaba de adquirir un incubador de embriones cinematográfico, que permite seleccionar el más adecuado, lo que ayuda a reducir los embarazos múltiples, un reto aún por resolver por los riesgos que tienen.

La demanda de esta técnica, que cuesta unos 2.000 euros, más los gastos de mantenimiento (500 euros al año) aumenta día a día. María Ángeles Manzanares, ginecóloga de FIV Madrid, comenta que “muchas mujeres postergan la maternidad por trabajo, falta de pareja o para recibir quimio ante un cáncer”. Pero se debe hacer antes de los 37 años porque descienden los embarazos.

El diagnóstico preimplantacional es otra asignatura pendiente. En Madrid, los pacientes se derivan a la Fundación Jiménez Díaz, por falta de equipamiento.

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