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Desayuno Cinco Días »

La empresa explora la nube híbrida para su transformación digital

La ‘cloud’ híbrida sirve para ahorrar costes y garantizar la seguridad en la digitalización Proveedores de soluciones tecnológicas como HPE o Microsoft debaten sus ventajas

Cualquier internauta mínimamente avezado está familiarizado con el etéreo concepto de la nube cibernética. Probablemente, alguna vez habrá compartido las fotos de un viaje con sus amigos a través de Dropbox, trabajado en un mismo documento en distintos ordenadores gracias a Google Drive o escuchado la música de su ordenador en su MP3. Otra cosa es vislumbrar cómo pueden las empresas aprovecharse de esta tecnología. Y cuáles son sus principales riesgos y costes.

 Las empresas tienen tres opciones para acelerar el proceso de digitalización y alojar sus datos y varias de sus funciones en la nube. Por un lado, está la nube pública, en la que la compañía cede a un tercero la gestión de esos datos que decide alojar en sus servidores. Una solución más barata donde la empresa puede alojar, por ejemplo, el correo de sus trabajadores o la gestión de las nóminas. En un ámbito más cercano de gestión, para contenidos más confidenciales y sobre los que se guarda mayor celo, se desenvuelve la nube privada, que provee de una infraestructura exclusiva para su empresa y administrada por ella misma. Más cara, pero más adecuada para la información más sensible como los estados financieros de una corporación.

Sin embargo, los últimos desarrollos tecnológicos han encontrado una solución intermedia: la nube híbrida, que suma las ventajas de ambos modelos. Sobre los “Enfoques híbridos en la Transformación digital de las empresas”, sus pros y sus contras, han conversado los responsables de transformación digital de varias corporaciones de primera línea, convocados por CincoDías, en colaboración con Hewlett Packard Enterprise.

Con el objetivo de profundizar en la búsqueda de estos sistemas híbridos, Hewlett Packard Enterprise ha desarrollado un sistema que permite a la empresa combinar cierta información que no les importe confiar a la nube con otra más sensible sobre la que quieran conservar el control. “Un sistema cuyo éxito se basa en el acierto a la hora seleccionar los socios”, según aseguró José Antonio Fernández, responsable de Desarrollo de Negocio de HPE. Y en su opinión, “Microsoft es el mejor compañero”.

El responsable de la división de cloud & enterprise de Microsoft, José Bonnin, destaca que todo modelo de nube híbrida debe salvar un triple reto, que ha conseguido sortear su producto Azure. El primero, atender convenientemente las zonas de desconexión. Un ejemplo es el caso de los cruceros, que solo cuentan con conexión a internet cuando amarran en puerto. Otro ejemplo son las refinerías, situadas en lugares remotos.

Un segundo reto que esgrimió fue el bloqueo por el tiempo que tarda una empresa en llevar sus datos a la nube mientras que dilucida si optar por la pública o la privada. Y el tercero está en la regulación: Bonnin presume de que la solución de Microsoft para la nube, Azure, desarrollada en alianza con HPE, es la única que en España cumple con la regulación al completo y pasa todas las auditorías de cloud público.

Esta situación difiere de la que ocurre en muchos otras actividades, que manejan una información más sensibles y están más escrutados por los reguladores. Un claro ejemplo de ello es la banca. Antonio Cazorro, responsable de sistemas de medios en la dirección de Tecnología y Sistemas de Ibercaja, pone el acento en el reto que supone para la banca combinar la agilidad que requieren los clientes con la privacidad requerida por el sector financiero.

Para ello, el banco aragonés es uno de los partners que han recurrido a los servicios de la nube híbrida como una forma de adaptarse a la rapidez que piden los clientes al tiempo que cumplen con las normas del sector. “Es un primer paso para caminar hacia la nube pública. Gracias a Microsoft hemos sabido salir hacia formación digital de una forma bastante coherente”, explica Cazorro. El banco aragonés ha diseñado una nueva arquitectura en TIC, Iberfabrik. También ha desarrollado los primeros sistemas PCM para gestionar pagos y conceptos.

Otro sector sometido a fuerte regulación es el juego. José Antonio Esteban, responsable de Tecnología de Producto de Codere, refleja las incoherencias de la propia legislación. “Por un lado, la Unión Europea insta a las empresas a que vayan a la nube. Por el otro, en el sector del juego online nos exigen que contemos con servidores en algunas Comunidades Autónomas”, sostiene.

El reto está, según Esteban, en que por primera vez la tecnología que utilizan los empleados en su casa supera a la que tienen disponible en el trabajo. “Una solución híbrida es una necesidad. Está diez pasos por delante de cualquier centros de datos”, sostiene.

El principal caballo de batalla para que las empresas abracen soluciones en la nube que incorporen servicios gestionados por terceros es el coste. Patricio Muñoz, director de Infraestructuras y Operaciones IT de Abengoa, pone como ejemplo lo ocurrido en su propia empresa. Explica que entre 2012 y 2015 la compañía desarrollaba una estrategia de cloud first e híbrida, “sin preocuparnos demasiado por el coste”. Sin embargo, los problemas financieros de la compañía andaluza dieron al traste a partir de 2015 con esta estrategia. Sus responsables de tecnología optaron por transferir toda la información a la nube pública y cerrar su centro de datos para encajar todo ello en el proyecto financiero.

Reconoce, sin embargo, que el modelo híbrido es el ideal para una empresa en caso de que no cuente con un control de costes tan exhaustivo. Considera que recurrir a la nube ahorra un 50% los costes si se computan todos y cada uno de los gastos derivados de contar con un centro de datos propios. No solo la compra de los equipos, sino también otros costes adyacentes como en electricidad o mantenimiento.

Javier Martínez Torregrosa, gerente sénior de Minsait (Indra), considera que esta reducción de costes es uniforme para todas las empresas. Y que, según el tipo de negocio, un elevado volumen de descarga de datos puede elevar la factura final que pagan las empresas por los servicios en la nube y que puede hacer más rentable la compra de servidores propios. “Una parte del coste final no se conoce desde el principio. Por el momento, no es cuantificable el ahorro por los servicios en la nube”, matiza Fernández, de HPE.

También César Quintana, director de Sistemas del grupo OHL, alerta de que los servicios en la nube cuentan con una serie de costes ocultos que puede consumir una parte importante de los recursos de la empresa. En su opinión, una empresa debe “jugar en un circo de tres pistas” para alcanzar el éxito en la transformación digital. Por un lado, debe tener en cuenta la percepción y experiencia de usuario. Por el otro, la implantación de sistemas de planificación tecnológica (ERP) que determinen, por ejemplo, si optar por almacenar la información en sus propios servidores o en la nube de terceros. Y, finalmente, la transformación digital de la empresa per se. Todo ello no debe ser óbice, sin embargo, para que las empresas garanticen la máxima seguridad en la protección de sus datos, comenta Quintana.

El representante de Indra pone el acento en que la empresa debe dilucidar claramente qué servicios le interesa alojar en la nube pública y cuáles en la privada. El directivo de Abengoa cuestiona en este sentido que el correo electrónico de los empleados sea una información poco sensible y que pueda legarse sin más a terceros.

La solución presentada por Microsoft, Azure Stack, cumple los estándares máximos de seguridad, según Bonnin. Tanto es así que afirma que puede alojar también contenidos protegidos por seguridad nacional. Y, con respecto a los gastos, considera que las soluciones en la red serán “siempre más favorables”, pero que el coste “no debe ser el principal driver, sino que ese debe ser la innovación”.

Para ello, el representante de Hewlett Packard Enterprise considera que la empresa debe salvar tres retos en su apuesta por la transformación digital. Primero, vencer la resistencia a la tecnología de una parte de la plantilla reacia al cambio. Después, afrontar el día después de que se termine un gran proyecto tecnológico. Y, finalmente, la gestión de las expectativas del personal ante el cambio.

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