Bacalar, el secreto mejor guardado de la península de Yucatán

La laguna de los siete colores es un paraje mágico que enfrentó a guerreros mayas y españoles y fue refugio de piratas

México / Yucatán
Vista de la laguna de Bacalar, en México.
Vista de la laguna de Bacalar, en México.

La laguna de los siete colores se extiende como un escenario apacible y mágico al lado del pueblo de Bacalar, que da nombre oficial a este estanque natural de aguas transparentes que van del azul turquesa al azul petróleo en una sucesión de tonalidades que compiten en belleza –y ya es mucho decir– con las del Caribe.

Un mar que baña algunas de las playas más bonitas y famosas –Cancún, Tulum o Cozumel– y también de las más concurridas no solo del estado de Quintana Roo sino de todo México. A ese primer desconcierto –el de creer por un momento que está sobre un pedazo del Caribe– le seguirán otros, fruto del encantamiento del lugar. No olvide que Bacalar es un pueblo mágico, un reconocimiento con el Gobierno distingue a determinadas localidades por su singularidad.

La laguna de Bacalar emerge al sur de Quintana Roo, en la península del Yucatán, que es una de las regiones más verdes y exuberantes del país, donde se suceden selvas, humedales, lagos, ríos, bahías e imponentes vestigios arqueológicos precolombinos. Un vasto territorio donde ruge el balam –jaguar en lengua maya– que se disputaron guerreros mayas, conquistadores españoles y aguerridos piratas de banderas varias –ingleses, holandeses, franceses...–.

Quintana Roo es, quizás también, el estado más turístico de México y parece imposible que aún pueda albergar joyas casi secretas –para el viajero de masas– como esta corriente de agua de 70 km de longitud, formada por siete cenotes –cavernas de agua dulce, sagradas para los mayas– y protegida por carrizos –plantas de tallo alto, parecidas al bambú y que crecen en los manglares tropicales–.

Cavernas de agua dulce rodeadas de manglares nutren el manantial

Para recorrer y conocer la laguna lo mejor es alquilar un paseo en barco, dejarse guiar por los expertos del lugar y resignarse a ser atrapado –literal– por sus aguas.

Nosotros tuvimos la suerte de caer en una pequeña embarcación capitaneada por Jesús Álvarez de la agencia local Cuco’s Tours. Un guía que reúne muchas de las cualidades que como viajero agradecerá: rigor en lo que cuenta, que la narración le deleite y entretenga y que despierte la curiosidad de los inexpertos navegantes con datos que no encontrará ni en guías de viaje ni en enciclopedias globales. Si además transmite pasión por un sitio que conoce como la palma de su mano –como es el caso de Álvarez– y se moja con el turista vivirá una travesía inolvidable.

¿Qué tiene de asombroso esta laguna rodeada de manglares? “El agua llega a ella a través de ríos subterráneos y los colores se forman debido a los diferentes minerales que componen los sedimentos de su suelo, como carbohidratos de calcio y azufre”, explica nuestro improvisado capitán. “Las diferencias de profundidad, entre 17 y 35 metros de media, y la intensidad de los rayos de sol al reflejarse en el agua –añade– hacen el resto”. ¿Se embarcan con nosotros?

Quintana Roo, México.
Una de las orillas del cenote Esmeralda en la laguna de Bacalar.

Mientras navega, podrá observar cómo a orillas de la laguna sobresalen algunas casas de dudoso gusto y distinto estilo arquitectónico, casi todas con muelle propio. En el pueblo cotillean al turista que algunas de ellas pertenecen a reconocidas fortunas de México.

El estanque es un tesoro natural sobre la evolución de la vida en la Tierra

Un manto blanco y finísimo pone tierra de por medio entre el agua multicolor y la costa, haciéndonos dudar de nuevo si no estamos en una peculiar playa caribeña. La vegetación y las indicaciones del guía rompen el espejismo y nos devuelve a la realidad, navegamos por una balsa de agua dulce. El cenote Esmeralda, con sus espectaculares colores, es el primer punto de observación en nuestro recorrido por la laguna.

Estamos ante una sucesión casi perfecta de manglares, donde fácilmente reconocemos tres de los cuatro tipos de follaje que se dan en las marismas tropicales: “El manglar rojo, el blanco y el falso manglar o botoncillo. El rojo es el que está más cerca del agua y necesita más humedad”; llama nuestra atención sus “raíces aéreas que parecen grandes patas de zancudos”, como las de las garzas o cigüeñas chocolateras y americanas que habitan en la copa de los árboles.

En la laguna está permitido el baño, una experiencia que no le dejará indiferente, además de ser agradable y terapéutica.

  • A zambullirse 

Al entrar en el agua y tocar el fondo en las zonas de menor profundidad, notará un suelo extremadamente suave, blando y, en cierta forma, viscoso que le hará sentirse entre arenas movedizas –aunque nunca haya estado en ellas ni sepa lo que se experimenta–. No se preocupe, por fortuna es solo una impresión.

El cenote Negro es un precipicio natural de 90 metros de profundidad en caída libre

A medida que nos alejamos nadando, el agua pierde su azul trasparente y se vuelve cada vez más oscura, mientras la vegetación del fondo emerge juguetona y se enreda en nuestros pies como si quisiera atraparnos. A lo mejor, entendemos por qué, tampoco le gusta esa sensación.

Una imaginaria línea en forma de media luna, donde el agua se torna azul petróleo, le indicará que hemos llegado al cenote Negro, también conocido como el cenote de los Brujos. Un precipicio natural de 90 m de profundidad donde la flotabilidad se ve afectada por la fuerte presión del agua. “Si no sabes nadar, te hundes y el cenote te engulle”, nos advierte Álvarez. No fue nuestro caso, pero la sensación de ir caminando hasta el borde de la sima y perder el suelo bajo nuestros pies supone una impresionante descarga de adrenalina.

Si aún necesita más emociones fuertes es posible bucear con guía. En las inmersiones – garantizan que son muy seguras– descubrirá caprichosas formaciones rocosas que varían entre suaves pendientes con cordilleras diminutas a pequeños cañones y murallas.

  • Origen del planeta

De vuelta al barco, nos enteramos de que la laguna es uno de los pocos lugares del planeta donde proliferan estas camas de piedra fosilizadas, conocidas como “estromatolitos, un tesoro natural de gran importancia para conocer la evolución de la vida en la Tierra”. Se calcula que estas rocas tienen más de 350 millones de años. “Las que están alrededor del cenote –precisa Álvarez–, las más jóvenes tienen una antigüedad de más de 9.000 años”. En esta laguna “es donde más estromatolitos hay con forma de hongos y que son el antecesor prehistórico del coral”. Los más visibles se localizan en el cenote Cocalitos y en la vecina laguna de Xul Há.

Al atravesar Bacalar divisará dos pequeños islotes, popularmente conocidos como la isla de los Pájaros y que albergan colonias de diferentes especies de aves locales, como espátulas, gaviotas y rabihorcados.
Otro de los platos fuertes de nuestra travesía será acercarnos hasta el canal de los Piratas. Un paso natural que une al río Hondo –frontera natural entre México y Belice– con la laguna de Bacalar a través del estero –conexión natural– del Chac. Fue llamado así porque servía de acceso y escondite a los barcos de los corsarios que atacaban los intereses españoles durante el siglo XVII. Allí podrá zambullirse de nuevo en el agua y embarrarse cara y cuerpo con el lodo de azufre del fondo. Una exfoliación natural que ya practicaban los mayas y que le dejará la piel como nueva y sumamente suave.

El asedio constante de los filibusteros motivó la construcción en 1727 de una imponente fortaleza militar que domina la laguna. El fuerte de San Felipe, con sus 34 cañones, está situado en lo que hoy es el pueblo de Bacalar y se ha convertido en el Museo de la Piratería.

Volvemos a tierra contemplando una fabulosa puesta de sol en el horizonte, cargados de energía y con una extraña sensación de tranquilidad.

A 4 km al sur de Bacalar, en dirección a Chetumal, la capital del estado, está el cenote Azul, famoso por la intensidad del color de sus aguas y su profundidad, ideal para los amantes del buceo de aventura, pero lo dejamos para otro viaje.

Guía del viajero

Fuerte de San Felipe.
Fuerte de San Felipe.

CÓMO LLEGAR. El aeropuerto de entrada a Quintana Roo es el de Cancún. La aerolínea Wamos Air tiene vuelo directo desde Madrid. La tarifa no incluye las tasas de salida, unos 60 euros (información en Wamosair.com). De Cancún a Chetumal hay unos 383 km, unas cuatro horas y media en coche.

DÓNDE DORMIR. En Bacalar y alrededores hay una amplia oferta para hospedarse. Desde alojamientos muy básicos hasta balnearios en la orilla de la laguna.

DÓNDE COMER. Uno de los restaurantes más famosos es Kai Pez, con varios ambientes para comer y una ubicación inmejorable a la orilla de la laguna, junto al cenote Cocalitos. Mariscos y pescados.

OTROS DATOS. Alquiler y paseos en barco por la laguna en Cuco’s Tours. Reservas en +52 983 135 89 43 y +52 983 107 99 80
Información sobre México en Visitmexico. com.

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