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La prima de riesgo catalana cae con fuerza tras la aplicación del 155

El diferencial catalán cae mínimos del 4 de octubre El fracaso secesionista devuelve la confianza a los activos españolas

La tensión independentista se ha convertido en un factor determinante para la evolución de la Bolsa y la renta fija española.Superados los momentos de mayor nerviosismo, los inversores se toman un respiro y reciben con los brazos abiertos la toma de control de Cataluña por parte del Gobierno central. Felipe López, analista de Self Bank, afirma que la aplicación del artículo 155 ha supuesto un bálsamo para los activos españoles tanto en la Bolsa como en el mercado deuda.

A medida que la causa independentista ha perdido fuerza, los inversores han ido recuperando la confianza en España. Esto se ha notado de manera destacada en la renta variable española (el Ibex cerró octubre con un alza del 1,3%), pero también en el mercado secundario de deuda. La prima de riesgo española comienza el mes de noviembre a la baja y pierde la referencia de los 110 puntos básicos. El diferencial entre el bono español con vencimiento en 2027 y su homólogo alemán, cerró ayer en los 107,4 puntos básicos, niveles previos a la aprobación de la ley de referéndum en el parlamento catalán y a cierta distancia de los 132 puntos básicos que marcó el pasado 4 de octubre.

Más acusado es el descenso sufrido por la prima de riesgo catalana. El spread (como se conoce en la jerga) medido con un bono catalán que expira en febrero de 2020 y otro del Estado con vencimiento en enero del mismo año descendió ayer 16 puntos básicos. Aunque a lo largo de la sesión perdió los 300 puntos y bajó a cotas de agosto (todavía las formaciones independentistas no habían llevado a cabo acciones concretas), al cierre del mercado se situó en los 306,8 puntos.

A los niveles actuales, la prima de riesgo catalana retorna a umbrales del 4 de octubre. Los resultados alcanzados tras la consulta empezaban a inquietar al mercado, pero el consenso de los analistas se mostraba confiado y no descontaba una declaración de independencia.

Sin embargo, a medida que las posturas se radicalizaban, la renta fija sufría convulsiones.El punto álgido de la prima de riesgo catalana se alcanzó el 10 de octubre, jornada en la que al cierre del mercado Puigdemont compareció ante el Parlament y suspendió de manera temporal la DUI. En esa sesión el diferencial catalán bordeó los 360 puntos básicos, máximos de agosto de 2016.

La tensión que sufría la deuda catalana ponía en precio la salida de la autonomía de España. Pero los constantes tiras y aflojas entre Madrid y Barcelona y la posterior puesta en marcha del artículo 155 de la Constitución sirvieron para contener la crisis. A partir de entonces, y de manera paulatina, la calma ha ido regresando al mercado.

Misma situación ha sido la experimentada por la prima de riesgo española que tres días después del 1-O subía a los 132 puntos básicos, niveles de abril cuando una hipotética victoria de la candidata de extrema derecha francesa Marine Le Pen hacía temblar los cimientos de la zona euro. Aunque el ascenso del diferencial español inquietaba al mercado, el paraguas del BCE ha servido para contener los nervios.

La incertidumbre vivida en el mercado de deuda nada tiene que ver con la sufrida en 2012 cuando el spread superaba los 600 puntos básicos. El programa de compras del BCE ha servido de escudo protector, manteniendo a raya la rentabilidad de la deuda española.

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