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Recetas para implantar la FP dual en España

Las partes implicadas debaten sobre esta modalidad formativa centralizada Cada vez más alumnos eligen esta de formación, por las altas expectativas laborales

Por un lado, una elevada tasa de paro juvenil. Por otro, un panorama en el que a las empresas les cuesta dar con los perfiles que necesitan. Una dualidad complicada de abordar, pero con soluciones que están realmente al alcance de la mano, al menos para conseguir equilibrarla un poco. La herramienta principal, según los expertos, para luchar contra esto tiene un nombre: la Formación Profesional, y más en concreto, la Formación Profesional Dual. O lo que es lo mismo, aquella que combina la teoría en los centros formativos con las prácticas y el día a día en las empresas. "Es una modalidad que aúna academia y acción, pero que lamentablemente en España sigue siendo una gran desconocida", explicó el presidente de la Cámara de Comercio de España, José Luis Bonet, durante el III Foro de la Alianza para la FP Dual, celebrado esta semana en Valencia. Durante el evento, organizado por la Fundación Bertelsmann y Dualiza Bankia, se abordaron los métodos para implantar este sistema en España y darle una utilidad real como técnica de inserción laboral, así como conocer de primera mano los testimonios de los principales agentes implicados: la Administración, los centros formativos, las empresas, los estudiantes y profesores.

La principal barrera que encuentra esta modalidad educativa en España es la falta de centralización, ya que es cada comunidad autónoma la encargada de implantar sus sistemas y sus propios métodos, haciendo que, en muchas ocasiones, lo que un alumno aprende en un lugar no sea extensible al resto de regiones. "No podemos permitirnos el lujo de tener 17 modelos de Formación Profesional Dual, hay que respetar las características de cada zona, pero debe implantarse un parámetro común que agilice, por ejemplo, todo lo que atañe a los temas de movilidad", prosiguió el presidente de la Fundación Princesa de Girona y vicepresidente de la Fundación Bertelsmann, Francisco Belil. Pero este no es el único aspecto que merece atención urgente.

Es indispensable hacer de la Formación Profesional Dual una herramienta flexible, debido a la idiosincrasia del mercado laboral actual, especialmente cambiante y en constante transformación. A ello se refirió el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, aludiendo a las previsiones que aseguran que en los próximos 20 años, más de 700 profesiones que hoy en día se conocen van a desaparecer. "Es la razón por la que nosotros constituimos nuestra Fundación Bankia para la Formación Profesional Dual. Tenemos una gran relación con el tejido empresarial español, y podemos servir de puente y de palanca entre los profesionales y las compañías", aseguró. Todos estos cambios, además de ser urgentes por la lógica mejora que supondría para el sistema educativo, tienen que llegar cuanto antes también por otras razones. Como recordó Goirigolzarri, en el curso 2016-2017 había inscritos 24.000 alumnos en Formación Profesional, que se relacionaban con unas 10.000 empresas. "Son números bajos si los relacionamos con experiencias de fuera de nuestro entorno, pero que son realmente altas si las comparamos con las de hace cuatro o cinco años. En 2012-2013, el número de alumnos fue de 4.200, por lo que en muy poco tiempo hemos multiplicado la cifra por seis". La tendencia, por tanto, es creciente, y cuanto antes se mejoren todos estos puntos, a más profesionales se ayudará.

También es importante adaptar la formación que se imparte en todos centros con los requerimientos reales de las empresas. "La competitividad de un país va ligada al talento y la tecnología, y los centros de Formación Profesional han de ser difusores de estos avances. Ese talento que tienen los centros es claramente digital, por eso necesitamos agendas tecnológicas, en las que no se explique a los alumnos cosas que ya saben", continuó el presidente ejecutivo de La Salle Technova Barcelona, Josep Miquel Piqué. En este sentido, aseguró, los centros de Formación Profesional han de ser lugares de prototipo de cosas que no existen, para que las compañías ya asentadas vean las novedades y puedan ir más allá, o simplemente cierren una idea si ven que no funciona. "Han de ser incubadoras de empresas, ya que un buen porcentaje de los chicos y chicas de Formación Profesional no van a trabajar en organizaciones tradicionales y prestablecidas, sino que montarán sus propias firmas para que las grandes las compren".

En todo este periplo, no obstante, no hay que tener en cuenta únicamente aquello que requieren las organizaciones, sino también todo lo que piden y necesitan los alumnos, que, en última instancia, se convertirán en la mano de obra de sus empleadores. "Los jóvenes que se enfrentan al mercado de trabajo buscan una especialización profesional, es decir, una conjunción entre los conocimientos y competencias adquiridos que se trasvasen a la práctica real", explicó la investigadora predoctoral de la Universidad de Oviedo, Marta Virgós. Solo de esta forma se sentirán satisfechos, verán que su esfuerzo ha valido la pena y podrán sentirse parte de un equipo. Al mismo tiempo, podrán estabilizarse dentro de la empresa y crecer profesionalmente. "Cuando el joven entra en la compañía busca una solidez y una seguridad. También busca una flexibilidad con la que pueda conciliar su vida privada y laboral. La juventud aporta un aire fresco a la empresa, y los jóvenes aportan un valor añadido a la compañía, y eso es algo que motiva realmente a los nuevos profesionales". Y esto es difícil de lograr. Hay una separación muy grande entre el sistema educativo y el mercado laboral, y cruzar ese puente a veces produce miedo e inseguridad en los alumnos.

Para ello, y hacer más fácil todo este recorrido, "es indispensable dotar a los jóvenes de competencias que ayuden a dar el paso, así como establecer una coordinación real entre los centros y las empresas para ajustar mucho mejor la oferta a la demanda", insistió Virgós. Pero donde realmente pueden hacer mucho bien los centros de formación es a la hora de preparar a sus perfiles para este periplo. "Por ejemplo, darles iniciativa, facilidad en la toma de decisiones, competencias como la autonomía, el trabajo en equipo o la comunicación… aspectos todos ellos que quizá en la empresa no pueden enseñarse como tal pero que en los centros formativos pueden tener un papel primordial".

En este sentido, el responsable dual de informática de La Salle Gràcia, Jordi Grau, dio otros consejos que él mismo aplica con sus alumnos: "Ayudarles a preparar un buen currículum es importante, ya que en muchos casos estos estudiantes se enfrentan al mercado laboral por primera vez y no lo tienen todo claro. También se preparan simulacros de entrevistas y se emulan procesos de selección en grupo, para que vean cómo suelen desarrollarse todas estas situaciones". La Formación Profesional siempre ha sido vista en España como aquel lugar al que iban quienes no podrían seguir estudiando tras la educación obligatoria, pero se está viendo cómo la tendencia va cambiando, y cada vez más futuros profesionales optan por esta opción. Impulsar una Formación Profesional Dual de calidad es obligatorio para lograr un mercado laboral a la altura de las expectativas.

La falta de información entre el mundo empresarial español sobre este sistema educarivo es una de las barreras más importantes para su correcta implantación en España, según se desprende del estudio La FP Dual en los centros educativos: visiones del profesorado, presentado en el citado evento y coordinado por la Universidad Autónoma de Barcelona, con el apoyo de Nestlé y la Fundación Bertelsmann. A esto se le añade que esta modalidad formativa, que ha resultado ser una solución a los problemas de inserción laboral y desempleo juvenil en muchos países de Europa, en España está poco implantada.

La elección de la dual se reduce a un 3% de los estudiantes de Formación Profesional, mientras que su éxito, una vez se superan los estudios, es mucho mayor. Un 70% de los que eligen esta opción se incorporan de forma directa a las plantillas de las empresas en las que han hecho prácticas, mientras que este porcentaje se reduce en 20 puntos para los alumnos de la formación profesional tradicional.

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