Comicios alemanes

La UE puede ser la gran vencedora de las elecciones en Alemania

Merkel apuesta por la agenda de integración del club como respuesta al temido ascenso del euroescepticismo de AfD

El renovado eje franco-alemán espera concluir la reforma de la zona euro apenas nueve meses después de los comicios del 24S

Atlas

Europa ha sido la gran ausente de la campaña electoral en Alemania, pero se perfila, junto a Angela Merkel, como la gran vencedora en los comicios de este domingo. La canciller alemana, que ocupa el cargo desde 2005, depositará su papeleta a sabiendas de que, con toda probabilidad, la jornada abrirá el camino hacia su cuarto mandato. Salvo error mayúsculo de los sondeos, casi nada cambiará en Alemania. Pero todo o casi todo puede cambiar en la Unión Europea y en la zona euro tras el 24 de septiembre.

La era de Merkel IV, si se confirma su victoria en las urnas, parece llamada a romper con el inmovilismo que ha marcado la posición de Alemania en Europa durante sus tres anteriores mandatos, en particular, desde el estallido de la crisis del euro en 2010.

La canciller de plomo no ha dudado en enviar a la opinión pública alemana señales tan discretas como claras sobre la inminencia de los cambios en Europa. Un riesgo que no hubiera asumido si no estuviera dispuesta a apostar por retomar la agenda de integración europea.

Desde sus ruedas de prensa conjuntas con el presidente francés, Emmanuel Macron, hasta su disposición a negociar una reforma de los Tratados, Merkel ha dejado claro que el sempiterno nein alemán se ha terminado y llega el sí, pero.

Alemania solo mantiene dos tabúes, la mutualización de la deuda y la creación de un impuesto europeo. Pero se muestra dispuesta a regatear con Macron todas las medidas necesarias para apuntalar el euro y para evitar que la salida del Reino Unido de la UE se convierta en el principio del fin del club comunitario.

Las corrientes euroescépticas, que han cruzado el Canal de la Mancha y arraigan en lugares tan poco habituales como Italia, Austria, Holanda o la propia Alemania, han convencido a París primero y luego a Berlín de que la salvación del club estriba en recuperar sus objetivos de solidaridad y convergencia económica y en poner fin al repliegue nacionalista y al sálvese quien pueda que ha imperado durante las sucesivas crisis, desde la financiera a la de los refugiados, pasando por la energética o la de deuda .

Antídoto contra el euroescepticismo

Las elecciones del domingo podrían suponer el estreno en el Bundestag (Parlamento alemán) del partido eurófobo Alternativa para Alemania (AfD) liderado por Alexander Gauland y Alice Weild. Los sondeos dan una intención de voto del 11% a una formación con tintes racistas y xenófobos que en solo cuatro años ya ha logrado entrar en 13 de los 16 parlamentos regionales.

El temido ascenso de la extrema derecha había provocado en Berlín, como en otras capitales, un repliegue nacionalista en la posición sobre Europa. Pero la aplastante victoria de Macron sobre la eurofobia de Marine Le Pen ha mostrado que la ofensiva europeísta puede dar mejores resultados que la parálisis mantenida durante los últimos años. “Los populistas son el resultado del fracaso de los no populistas”, diagnostica un alto cargo de la Comisión Europea presidida por Jean-Claude Juncker.

Merkel parece dispuesta a emular a Macron y apostar por la integración europea como antídoto al euroescepticismo de AfD.

Aliados marcan el ritmo

El giro europeísta de Merkel IV dependerá del margen de su probable victoria (los sondeos le dan entre el 35% y 40%) y de los aliados con los que deba contar para formar gobierno. Los socialistas (SPD) de Martin Schulz y los Verdes de Cem Özdemir y Katrin Göring-Eckardt apoyan abiertamente la integración europea. Pero la canciller puede encontrarse con el euroescepticismo en su propio ejecutivo si los liberarles de (FDP) de Christian Lindner logran su objetivo de volver al Bundestag (los sondeos les dan un 10%).

FDP es el socio preferido de la CDU/CSU para formar gobierno si entre ambas formaciones suman mayoría absoluta. Pero el partido de Lindner mantiene una agenda muy dura sobre Europa, y defiende la desaparición el fondo de rescate de la zona euro (MEDE) o la salida de Grecia de esta si se reestructura su deuda.

Pero ni siquiera la presencia de los liberales se antoja suficiente como para frenar la inminente reforma de la zona euro. Y Bruselas ya prepara el proceso con el consentimiento tácito de Berlín y París.

Nueve meses de eurocambios

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ya anunció este jueves (21 de junio) la convocatoria de una cumbre de la zona euro en diciembre para abordar los primeros cambios. Sobre la mesa, la transformación del MEDE en un Fondo Monetario Europeo y la posibilidad de introducir algún mecanismo presupuestario estabilizador que evite una repetición de la tremenda brecha económica entre los socios provocada por la reciente crisis.

Macron presentará el próximo martes sus propuestas, con el objetivo de que sean tomadas en cuenta durante la formación de gobierno en Alemania.

Y Tusk calcula que los primeros acuerdos concretos “deben aprobarse en el Consejo Europeo de junio de 2018 como muy tarde”. Solo nueve meses después del 24S alemán.

La gran beneficiada de la crisis

Alemania entrará en la negociación de la reforma de la zona euro con mucho que compartir, porque ha sido una de las grandes beneficiarias de la crisis del euro. Entre 2010 y 2015 su producto interior bruto ha crecido un 16,6%, casi cuatro puntos por encima de la media de la UE. Su tasa de paro se ha reducido casi a la mitad y se encuentra en el nivel más bajo de los últimos 26 años.

Algunas de sus grandes entidades financieras sobrevivieron a la crisis gracias al rescate invisible del Banco Central Europeo. “El mayor porcentaje de la ayuda de liquidez de emergencia durante la crisis lo recibió un banco alemán, con un flujo entorno a los 100.000 millones de euros”, reveló recientemente José Manuel González-Páramo, miembro del comité ejecutivo del BCE hasta 2012.

El Tesoro alemán también se ha beneficiado en gran medida de la rebaja de los tipos de interés del BCE, hasta el punto de que, según Deutsche Bank, “sin esa rebaja Alemania registraría un déficit público del 1%”, en lugar del superávit del que presume el ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble. Los analistas de Deutsche Bank calculan que Alemania se ahorró entre 2008 y 2016 casi 260.000 millones de euros en intereses, cifra equivalente al 8,2% del PIB del país.

Alemania también se ha beneficiado de la benevolencia o impotencia de la Comisión Europea, que le ha permitido superar con creces el umbral permitido de superávit de la balanza comercial o salir casi indemne del fraude del diésel en el que más de 11 millones de consumidores europeos han sido víctimas del trucaje de motores de Volkswagen.

París reclama ahora a Berlín medidas que permitan reequilibrar la zona euro y ofrece a cambio disciplina fiscal y flexibilidad laboral.

Regalo de Macron

A 48 horas de la probable victoria de Merkel, el presidente francés firmó el viernes la reforma por decreto del mercado laboral, con la que pretende reducir drásticamente el poder de los sindicatos y limitar los costes de despido. El gesto, escenificado con una rúbrica ante las cámaras al más puro estilo estadounidense, se interpreta como una señal de buena voluntad hacia Berlín.

May pide clemencia

Casi a la misma hora que Macron firmaba su reforma, la primera ministra británica, Theresa May, cambiaba el tono de la negociación del brexit para pedir clemencia. May se fue hasta la piazza de Santa Maria Novella en Florencia para pronunciar un discurso muy agradable a oídos europeos pero que puede soliviantar a los miembros más euroescépticos de su partido, con Boris Johnson a la cabeza. May prometió saldar sus cuentas con el club (aunque sin concretar ninguna cifra) y respetar los derechos de los tres millones de europeos residentes en Reino Unido. También retiró la amenaza de recurrir al dumping laboral o fiscal para competir con la UE y la de utilizar la lucha contra el terrorismo como arma de negociación. A cambio pide clemencia: un período de transición de otros dos años para completar la salida de la UE (hasta 2021) y un acuerdo comercial mucho más favorable que el firmado por la UE con países terceros como Canadá. Un trato de favor que espera obtener del nuevo gobierno de Berlín, aunque tendrá más difícil ganarse el visto bueno de París.

A por la silla de Draghi

La reforma de la zona euro y la negociación del brexit serán de las dos grandes tareas europeas del nuevo gobierno alemán. Pero Berlín se ha marcado un tercer objetivo, consistente en hacerse con la presidencia del BCE cuando Mario Draghi deje el cargo en noviembre de 2019. Fuentes europeas consideran “muy probable, incluso, deseable” que el cuarto presidente del BCE proceda de Alemania, un país donde la actuación del emisor ha provocado inquietud en parte de la opinión pública (AfD nació en respuesta al rescate de Grecia y a la compra de deuda del BCE) y del Tribunal Constitucional alemán. Pero algunos analistas, como los de UBS, creen que Berlín podría renunciar a la presidencia del banco si los encajes de gobierno obligan a Merkel a buscar un puesto europeo para su ministro Wolfgang Schäuble.

Las claves del futuro de la UE

Un Fondo Monetario europeo para sacar al FMI de la troika

La reforma de la zona euro que se espera con más rapidez es la transformación el Mecanismo europeo de Estabilidad (MEDE) en un Fondo Monetario Europeo, encargado de los rescates de los socios en dificultades. Berlín quiere, además, que ese organismo asuma la vigilancia de los presupuestos nacionales (ahora a cargo de la Comisión Europea). Y París, que asuma el papel de la troika y saque al Fondo Monetario Internacional de la zona euro.

‘Ministro’ europeo de Finanzas

La reforma también apunta a la fusión de los puestos e comisario europeo de Economía (Pierre Moscovici) y de presidente del Eurogrupo (Jeroen Dijsselbloem). El nuevo cargo sería una suerte de ministro europeo de Finanzas, aunque está por ver los poderes reales de los que dispondrá. Berlín quiere otorgarle derecho de veto sobre los presupuestos nacionales, una potestad que París no desea. El compromiso podrá ser una figura similar a la de Alto Representante de Política Exterior de la UE (Federica Mogherini), con capacidad de coordinación pero todavía supeditada a las capitales.

Presupuesto de la zona euro

La zona euro podría dotarse de un mecanismo presupuestario con capacidad de actuar de amortiguador en los países que sean golpeados por una crisis. El presidente francés, Emmanuel Macron, desea un instrumento poderoso, de cientos de miles de millones de euros. Alemania prefiere una caja mucho más modesta. El objetivo del fondo también será motivo de negociación. La canciller alemana, Angela Merkel, ha sugerido que se utilice para compensar la caída de la inversión productiva (educación, I+D, etc.) en los países golpeados por la crisis. Bruselas también ha planteado la posibilidad de un fondo europeo de desempleo que cubra parte de los subsidios en momentos de gran repunte del paro.

Garantía europea de depósitos

La creación de un fondo europeo de garantía de depósitos para completar la unión bancaria se anuncia como la reforma más polémica y, previsiblemente, más lenta en entrar en vigor. Berlín exige a cambio medidas como la imposición de límites a la compra de deuda pública por parte de los bancos. Y, en última instancia, un sistema de reestructuración de deuda pública que evite los rescates.

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