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De ‘jangueo’ y chiringas por el Viejo San Juan

El colonial San Juan de Puerto Rico seduce al viajero más allá de sus murallas y sus fuertes

Castillo de San Felipe del Morro en San Juan de Puerto Rico.

Bulliciosa, fiestera, con mucho encanto, a ratos destartalada, San Juan de Puerto Rico recibe al viajero como una vieja dama, con un pasado glorioso y muchas historias que contar para embaucarle. Y no será difícil porque perderse en las calles del Viejo San Juan es un viaje en el tiempo. Al pasado, donde adentrarse en las antiguas fortalezas que la hicieron inexpugnable tiempo ha; pasear entre sus travesías y calzadas –estrechas, adoquinadas y, a veces, empinadas–, o contemplar sus espléndidos edificios coloniales son placeres difícilmente renunciables.

Volar a la capital de la isla del encanto, como llaman a Puerto Rico, es también un viaje al futuro donde los rascacielos y los grandes malls (centros comerciales), como el de la Plaza de las Américas, y outlets ponen al alcance de nuestras tarjetas la luna, si queremos.

Nada más salir del aeropuerto Luis Muñoz Marín le sacudirá una bofetada de aire calentorro y dulzón que agradecerá, sobre todo si se ha quedado tiritando en el tiempo que tarde en pasar el control de pasaportes y recoger el equipaje.

El desajuste entre la agradable temperatura ambiente del país –entre 22º y 30ºC– y la que marcan los termómetros del interior de sitios oficiales, centros comerciales, restaurantes, supermercados o tiendas en cualquier parte de la isla –más propia para congelar pingüinos– es una constante en este país y un hábito heredado de EE UU.

Olvídese de que está cerca del trópico y agradecerá llevar siempre consigo una prenda de abrigo. 

La dicotomía entre las raíces latinas, heredadas del pasado colonial español, y el american way of life (el modo de vivir americano) adquiridas tras el estatus de estado libre asociado en 1952 es un eterno debate y está presente en el día a día de los puertorriqueños.

Bahía de San Juan.

Modismos e historia

El suave acento del español contrasta con la castellanización del inglés. Si le invitan a parisear o a janguear –del inglés party y hang out–, sepa que le quieren llevar de fiesta y si le proponen ir a la playa a pasar un día de chilín –del inglés chill out–, sepa que es pasar el tiempo de relax. De la mezcla de español e inglés nació el popular spanglish.

Como en EE UU, para casi cualquier desplazamiento necesitará coche. Fuera del Viejo San Juan apenas hay aceras o zonas peatonales y caminar resulta difícil.

Con más de cinco siglos de historia, San Juan, fundada en 1521 por Juan Ponce de León, es una de las ciudades más antiguas de América. Amurallada y fortificada por los españoles, resultó ser un baluarte inexpugnable por mar y por tierra y el principal fuerte militar en el Nuevo Continente. Descubrir el San Juan más monumental le llevará a toparse con sus antiguas mansiones coloniales y edificios palaciegos donde destacan sus coloridas fachadas y su balcones de madera o hierro forjado.

Entre los edificios militares no se pierda el grandioso Castillo de San Felipe del Morro. Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el Morro es la principal atracción turística de la ciudad. Allí está el faro de San Juan. Las vistas sobre la bahía resultan sublimes. Considerado una obra de arte de la ingeniería naval, recorrer sus seis niveles de altura no le defraudará.

La otra visita militar obligada es al Castillo de San Cristóbal, también Patrimonio. Tardó 150 años en construirse y se diseñó para proteger el Morro y la ciudad de los ataques por tierra. Es el fuerte más grande construido por España. Parte de sus murallas fueron demolidas para permitir el desarrollo de la capital.

Las garitas, privilegiados puestos de observación, son uno de los puntos fuertes de la visita a los dos castillos, que podrá realizar a su antojo. Solo quedan 28 y la foto obligada es en la llamada Garita del Diablo en San Cristóbal. La leyenda dice que los oficiales desaparecían misteriosamente.

En una de las magníficas explanadas que dan acceso al fuerte se suelen reunir los puertorriqueños para volar chiringas (cometas). El espectáculo es increíble.

La llamada fortaleza o Palacio de Santa Catalina, construido entre 1533 y 1540 para defender el puerto, es la actual residencia oficial del gobernador.

Monumentos nacionales son también el restaurante Barrachina, en la calle Fortaleza, una antigua casona colonial con patio donde Ramón Portas creó la piña colada en 1963 y la cafetería La Bombonera, en la calle San Francisco, donde sirven las mejores mallorcas, típica torta local de jamón y queso, deliciosa con un jugo de china –naranja–. No deje de visitar el animado mercado de Santurce, uno de los puntos de encuentro de la ciudad, sobre todo los viernes por la noche.

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