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Linde recuerda a Rajoy qué hacer para mantener el crecimiento del PIB

Urge actuar contra el envejecimiento y el paro de larga duración

Sugiere a la banca que acometa fusiones para ganar rentabilidad

El Banco de España acaba de publicar su informe anual correspondiente a 2016 en el que no solo analiza cómo fue el comportamiento de la economía española el año pasado, sino que también pone el acento en qué retos ha de afrontar de cara al futuro para mantener el crecimiento.

El supervisor destaca que la actividad continuó un año más mostrando un comportamiento muy favorable. Recuerda que la tasa de avance del PIB fue, como en 2015, del 3,2%, de forma que pronostica que en el trimestre actualmente en curso se habrá recuperado el nivel de riqueza que se alcanzó antes de la crisis.

Otro de los rasgos destacados del ejercicio para la institución que preside Luis María Linde fue el comportamiento que mantuvo el empleo. El aumento de la actividad permitió reducir la tasa de desempleo desde el 20,9% registrado en 2015 al 18,6%. Y además se pudo mantener en un elevado nivel la capacidad de financiación de la economía española frente al resto del mundo, que ascendió al 2% del PIB.

De esta forma, el supervisor se congratula en su informe de que gracias a los dos últimos años de intenso crecimiento, España haya podido corregir algunos de los desequilibrios que mantenía desde hace años. Así valora el aumento de la competitividad exterior y los progresos conseguidos en la mejora de la situación patrimonial de las familias y las empresas, hitos a los que han contribuido algunas de las reformas puestas en marcha por el Gobierno, pero también otros factores externos que han impulsado el crecimiento. Los llamados vientos de cola (reducción del precio del petróleo, el impulso fiscal o la política monetaria) han beneficiado más a España que a otros países de la zona euro, por lo que el Banco de España llama la atención que conforme se vayan diluyendo sus efectos, el PIB atenuará su ritmo de avance.

Y aunque las perspectivas hasta 2019 continúan siendo "favorables", no en vano el regulador elevó sus previsiones de crecimiento esperado para el periodo 2017-2019, el PIB esperado no repetirá las cotas alcanzadas en 2015 y 2016. Para este ejercicio se espera un alza del 2,8%, en 2018 se moderará hasta el 2,3% y en 2019 lo hará hasta el 2,1%.

El informe del Banco de España pone especial énfasis en los riesgos que persisten. Algunos de ellos proceden del entorno exterior, como el incremento de los tipos de interés esperado para algunos mercados y que se inició a finales del pasado ejercicio. Este encarecimiento de la financiación podría compensarse si se consolida la aceleración de la actividad mundial. Pero de nuevo en ese contexto surgen otros riesgos o temores, como aquellos derivados de las posiciones proteccionistas en el terreno comercial y en los movimientos migratorios.

En este contexto, la recuperación de la economía española puede verse perjudicada. Por un lado, la reducción del elevado endeudamiento exterior exige el mantenimiento de un superávit exterior, que se vería dificultado en un contexto de contracción de los flujos comerciales internacionales, de incremento de los precios del petróleo y de eventuales subidas adicionales de los tipos de interés.

Tal y como recuerda periódicamente el supervisor, "el alto nivel de deuda pública y el sobreendeudamiento que todavía persiste en algunos ámbitos del sector privado suponen elementos de vulnerabilidad en caso de un tensionamiento en las condiciones de financiación".

Y en cuanto a la inflación y sus temidos efectos de segunda vuelta, el organismo que dirige Linde reitera que "resulta crucial que los precios internos y los salarios no acomoden el repunte transitorio del coste de la energía y las materias primas".

Hasta aquí podría decirse que es la parte más positiva del informe anual, aquella en la que el Banco de España recuerda todo lo que se ha hecho bien en los últimos años y las consecuencias que ello ha tenido para la economía española.

Pero el informe dedica un amplio capítulo a recordar al Gobierno y todos los agentes de la economía los retos que aún siguen pendientes y argumenta por qué sigue siendo preciso afrontar algunos problemas estructurales de calado. "La preservación de una senda de recuperación sólida de la economía española a más largo plazo requiere hacer frente a varios retos de envergadura, como el desempleo de larga duración, el envejecimiento demográfico, el elevado volumen de deuda pública y el reducido ritmo de crecimiento de la productividad total de los factores".

Asi, de acuerdo con las estimaciones disponibles, el crecimiento potencial de la economía española se ha reducido significativamente desde el inicio de la crisis. En concreto, frente a una tasa cercana al 3% en el periodo 2001-2007, se estima que el crecimiento potencial se situará alrededor del 1,5% en la próxima década, ralentización que el supervisor atribuye sobre todo al menor ritmo de avance esperado de la población.

Con esta realidad, defiende que reducir la elevada tasa de paro, en especial el de larga duración, debe seguir siendo la prioridad de las políticas económicas.

En cuanto al envejecimiento y el efecto más directo que tiene sobre la economía, ya que reduce la tasa de actividad, el Banco de España también subraya que tiene repercusión negativa sobre la productividad. Asimismo, un cambio en la pirámide de población tan extremo como el que prevén algunas proyecciones determina las decisiones de ahorro e inversión en capital humano y sobre la generación de nuevas innovaciones en la economía.

En esta línea, Linde recuerda al Ejecutivo que preside Mariano Rajoy que la evolución demográfica también supone un reto para el sistema público de pensiones, lo que "exige definir una estrategia para afrontarlo".

Una forma de contrarrestar los efectos perniciosos del envejecimiento sería actuar de forma decidida para reducir el desempleo estructural a través de políticas de formación y del aprendizaje en el puesto de trabajo. Y es que el Banco de España cree que existe margen para reforzar las políticas de orientación a los parados y concentrar los esquemas de bonificación a la contratación, prioritariamente en los colectivos con menor empleabilidad.

En cuanto a qué medidas se pueden adoptar para mejorar la productividad, el Banco de España sugiere encarar de una vez por todas la mejora del sistema educativo y el fomento de la acumulación de capital tecnológico. Esa reforma debería ir enfocada a reducir una desoladora realidad. El porcentaje de población de entre 25 y 34 años con nivel de estudios inferior a la enseñanza secundaria completa es del 35% en España, frente al 17% en el promedio de países de la UE.

El informe incluye también un capítulo en el que analiza la baja rentabilidad de las entidades de crédito españolas. El Banco de España asegura que recuperar esa rentabilidad es "un reto en el actual contexto de márgenes de intermediación unitarios reducidos, volumen de actividad limitado y persistencia de activos improductivos".

El supervisor recuerda que la caída de la rentabilidad desde el inicio de la crisis se debe, sobre todo, al menor volumen de actividad y al aumento de la morosidad, aunque más recientemente, asegura que el factor clave ha sido la reducción de los márgenes unitarios, a lo que se ha unido también el aumento de los costes legales.

Por ello, el informe llama la atención sobre el hecho de que el actual contexto de tipos de interés interbancario muy reducido, volumen de actividad nueva todavía limitado y presencia de bolsas significativas de activos improductivos suponen un reto para la recuperación de la rentabilidad de las entidades españolas, "que exige aumentos adicionales de eficiencia a los que potencialmente podrían contribuir una cierta consolidación adicional dentro del sector y la exploración de fuentes alternativas de recursos".

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