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El empleo mantiene el tono pero los treintañeros siguen sin despegar

El colectivo de entre 30 y 40 años pierde 378.600 activos en los últimos doce meses y recorta 104.200 empleos

Los expertos ya esperaban malos datos para la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de este año, fundamentalmente por una razón: este año la Semana Santa ha sido en abril y, por tanto, no recoge la contrataciones de esta temporada vacacional. Por tanto, entre enero y marzo se han destruido casi 70.000 empleos y el número de parados ha crecido en 17.200 personas

Otra cosa es el comportamiento del mercado laboral en comparación con como estaba hace un año. En ese análisis interanual hay varias señales esperanzadoras pero también alguna preocupante, relacionada sobre todo con los jóvenes, entre los que desciende de forma significativa tanto la actividad como el empleo.

En general el ritmo de creación de empleo se mantiene alto, con un incremento de 408.000 nuevos trabajadores. Esto supone un crecimiento del número de ocupados del 2,27%, un punto inferior que hace un año, pero dentro de lo esperado. Al tiempo el número de parados descendió en el año 2,2 puntos hasta el 18,75%.

Si bien esta reducción de la tasa de paro no se produjo solo por la creación de empleo y la disminución del paro, sino también por la caída de la población activa, que es el número de gente en edad y disposición de trabajar. Esto es, en otras palabras, que cuanta menos gente hay que quiere tener un empleo, menos personas hay que colocar y más fácil es bajar la tasa de paro.

Sin embargo, aunque el efecto de una mayor reducción de la tasa de desempleo sea algo positivo, la reducción del número de personas activas, en disposición de trabajar, es siempre una mala noticia para cualquier economía. En los últimos doce meses se han perdido casi 128.000 activos, la mayoría españoles. Pero, además, lo que está ocurriendo en España es doblemente preocupante, porque la pérdida de actividad se está concentrando exclusivamente entre los jóvenes.

Así, en los últimos doce meses el colectivo de personas entre 20 y 40 años que estaba en activo, o sea, que quería trabajar, tuviera o no empleo, se redujo en 378.600 personas y la mitad de ellas tenía entre 30 y 34 años. Mientras que, por el contrario, entre los mayores de 40 años la población activa se incrementó en 185.640 personas. Solo un reducido grupo de jóvenes varones de entre 16 y 19 años vieron aumentar su población activa en 5.000 personas.

Pero esta pérdida de activos entre los jóvenes podría deberse a que retornan a la formación y no sería tan preocupante. Sin embargo, se acompaña también con una destrucción de puestos de trabajo. De hecho, pese a la creación de algo más de 400.000 puestos de trabajo en los últimos doce meses, entre aquellos que tenían entre 30 y 39 años se perdieron 104.200 empleos. Fue el único segmento de edad en el que se ha recortado la ocupación respecto a hace un año. Y siete de cada diez de estos empleos destruidos los ocupaban hombres.

No existe una explicación clara del deterioro del comportamiento laboral del grupo de treintañeros, más allá de considerar que se trata de una generación que terminó su formación en los inicios de la crisis y ha tenido pocas o nulas oportunidades de iniciar sus carreras profesionales. Por tanto, se encuentran ahora sin una experiencia laboral que les permita aprovecharse de la recuperación en el empleo.

Esta explicación cuadra con el buen comportamiento de los trabajadores sénior, que un trimestre más, a pesar de que se destruyeron 70.000 empleos entre enero y marzo, en el colectivo de más de 50 años se crearon 44.700 nuevos puestos de trabajo. Esta buena evolución de la ocupación entre los más mayores se ve con claridad en los datos anuales, según los cuales el empleo de los mayores de 50 años crece a ritmos del entorno del 5% interanual, frente al 2,27% que avanza la ocupación en términos medios en el mercado. Así, seis de cada diez nuevos ocupados tenían más de 50 años.

Otras señales menos alarmantes

Dicho todo esto, los más de 400.000 empleos generados en los últimos doce meses dejan otras señales más esperanzadoras. Estos nuevos puestos de trabajo se repartieron prácticamente por igual entre hombres y mujeres. Y, aunque la mayoría se generó en el sector servicios en términos absolutos, el empleo en la industria, de mucho mayor valor añadido creció un 3,6%, por encima de la media nacional.

También se ha constatado una clara recuperación del sector de la construcción, donde la ocupación crece a un ritmo de casi el 5% anual, manteniéndose claramente por encima del millón de trabajadores ocupados por once trimestres consecutivos. Asimismo, la agricultura experimente un claro repunte, con avances del empleo del 9% anual.

Además, el 90% de los nuevos puestos creados fueron a jornada completa y todos se ubicaron en el sector privado; mientras que el sector público ha perdido 44.400 trabajadores en los últimos doce meses.

Prácticamente la mitad de los empleos del último año son indefinidos y la otra mitad temporales. Si bien estos últimos crecieron mucho más que los fijos, con un avance interanual del 5,6% frente al 1,7% que se incrementaron los empleos indefinidos.

Asimismo, otros indicadores de dinamismo del mercado laboral son la clara recuperación del colectivo de empleadores (por lo general autónomos con asalariados a su cargo) que ha ganado 29.400 trabajadores en el último año, creciendo ya a un ritmo del 3,26%, superior a la media del empleo. Esta mejora se ha producido fundamentalmente en el arranque del año, cuando se han contabilizado 23.000 empleadores más. Sin embargo, los autónomos sin asalariados han disminuido notablemente en 45.800 en el trimestre y en 20.100 en el año.

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