Decorador

Tristán Domecq: "Dejé Inditex por el interiorismo"

Da empleo a 20 personas y factura 2,5 millones

Un fondo le encargó reformar 20 pisos de clientes

inditex
Tristán Domecq.

El mundo de la construcción y el interiorismo están bastante alejados de los inicios profesionales de Tristán Domecq, que comenzó su carrera, después de estudiar Dirección de Empresas, en el grupo Inditex. Nacido en Vigo hace 34 años, empezó trabajando como dependiente de una tienda de Zara y más tarde pasó a Uterqüe, donde fue responsable de producto por países. “Mi obsesión era trabajar en esta empresa. Aprendí mucho en esta época, sobre todo a ser proactivo y rápido, a saber gestionarte y planificarte, además de adelantarte a los acontecimientos. Hacía un trabajo parecido al de las obras, donde tienes que tener una buena previsión y análisis de las ventas”, explica desde una amplia y luminosa sala, repleta de plantas, donde celebra reuniones. No concibe la vida ni el trabajo sin verde a su alrededor.

Su estudio está ubicado en el corazón del madrileño barrio de las Letras. Allí trabaja desde 2012, cuando se lanzó a montar su propia empresa, después de haber realizado la obra y decoración de su primera vivienda. “A raíz de que salió publicada en una revista, un fondo de inversión me encargó las obras de los pisos de 20 clientes”. Ahora da empleo a 20 personas y factura 2,5 millones de euros. “Cuando empecé había una recesión inmobiliaria, yo tenía un buen trabajo en Inditex, que dejé porque quería emprender, ya que había un nicho sin cubrir. Pero no creo en la suerte, hay que trabajarla”. Como no tenía nociones de interiorismo, fichó a un compañero, Fabio Travisano, que había trabajado con él en Zara y que había estudiado esta disciplina.

También tomó el ejemplo de su madre, decoradora profesional, y su vena emprendedora, que le viene desde pequeño, cuando hacía pulseras y las vendía entre sus compañeros. “Siempre me ha gustado hacer dinero”. Sabe que su apellido vende, pero tiene peajes. “Tienes que demostrar más, muchos me ven como un intruso. Puede dar la imagen de que me aburría y ahora hago casitas”.

Señala que esta idea está alejada de la realidad. “Los prejuicios no me preocupan, quiero que el interiorismo no sea elitista. Una obra y un proyecto bien planificados ahorran sobrecostes; además”. Pocas veces se encierra en su despacho, una habitación pequeña, en la que destaca un jarrón con eucalipto y unos grabados que adquirió en un anticuario en Granada. También le acompaña una torre de revistas de decoración. “Aquí realizo tareas administrativas, pero sueño con tener una secretaria”.

 

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