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Ante la robotización y la longevidad, empleados más motivados

El envejecimiento provocará la prolongación de las carreras La formación continua será vital para seguir siendo empleables

La fuerza laboral de los países desarrollados, también la española, se enfrenta a un futuro que, por desconocido, resulta doblemente retador. Por un lado, la ya conocida llegada de la robotización; y por otro, el envejecimiento de la población. Para unos, la automatización de los procesos redundará en una pérdida de miles de millones de puestos de trabajo en todo el mundo. Para otros, no supondrá una caída del empleo, sino una reinvención a otros puestos, como ha sucedido después de cada revolución industrial.

Pero este fenómeno, aunque su impacto mayor o menor del previsto, irá acompañado de otro que, en su caso, sí que no tiene solución: el envejecimiento demográfico. Según el último informe Perspectivas de la población mundial realizado por Naciones Unidas, en 2015 había en el mundo 901 millones de personas con 60 años o más, un incremento del 48% con respecto al año 2000. Hasta 2030, esa cantidad crecerá un 56% hasta los 1.400 millones. Para el 2050, la población de esta edad doblará a la actual, alcanzando los 2.100 millones. La esperanza de vida también aumentará en consonancia: hoy se vive tres años más que en 2005, alcanzando los 70 años de media mundial, y en 2050 será de 77 años. En el caso de España, de los 82 años actuales se pasará a los 89.

La población más adulta será más numerosa y estará en condiciones de prolongar su carrera profesional más tiempo, pero no tendrán los conocimientos que requerirá la nueva realidad tecnológica. Algo que sí tendrán los jóvenes, pero estos serán minoría. Y si los robots hacen desaparecer muchos puestos de trabajo, la complejidad dará una vuelta de tuerca más.

“Más que de envejecimiento de la población, yo hablaría de rejuvenecimiento: la gente mayor de hoy vive en mejores condiciones que antes, y eso es una conquista social revolucionaria”, afirmó Rafael Puyol, vicepresidente de relaciones institucionales de IE Business School, en la jornada La sociedad del futuro entre la tecnología y la longevidad, organizada por esta institución educativa. Esto tiene repercusiones en el mercado laboral, en el gasto social, sanitario, en el consumo o en el sistema de pensiones. “El actual no se sostiene y habrá que poner remedio”, explicó el presidente del Círculo de Empresarios, Javier Vega de Seoane, quien propuso alargar la edad de jubilación, fomentar sistemas de ahorro alternativos y que “quien se jubile, ponga su sabiduría al servicio de los demás”.

“España, como solución al reto de la longevidad laboral, tiene que apostar por el talento”, defendió el secretario de Estado de Empleo, Juan Pablo Riesgo. “Para ello hay que retener el que tenemos, a los más expertos, que son un intangible esencial, dándoles incentivos para que permanezcan en la vida laboral activa”, apuntó Riesgo, añadiendo que “España debe competir en talento, no en costes bajos. Y para eso necesitamos más trabajadores motivados y satisfechos para ser más productivos”. La receta del secretario de Estado se resume en motivación, capacitación y adaptación.

Sobre el primer punto, Javier Vega de Seoane explicó que la implicación de los empleados es la base sobre la que la empresa debe afrontar esta época de cambios. Para ello, consideró imprescindible que las compañías planteen sus objetivos como un proyecto común que también hagan suyo los empleados; darle a estos libertad de actuación y los medios y la información que requieran;proporcionarles una formación adecuada y continua; y sobre todo, generar un altísimo nivel de confianza entre todas las partes: “Los perfiles más importantes serán aquellos que sean capaces de generar emociones para que los empleados pongan sus habilidades al servicio del proyecto”. Sobre la capacitación, Rafael Puyol explicó la necesidad de que las universidades se conviertan en “centros de formación continua, ya que un profesional no va a poder mantener su actividad en base a un solo título”. También apostó por titulaciones más transversales, que proporcionen una formación de base sólida “basada más en destrezas que en contenidos”. sobre todo ligadas a lo digital. Yen cuanto a la adaptación, el presidente de Seres, Francisco Román, se refirió a ella como “una obsesión que empresas y trabajadores debemos tener. Esto significa apostar por la confianza, cuidar a los empleados, y alertar de lo que nos tiene que preocupar: que en España no estamos bien en destrezas tecnológicas”.

Juan Pablo Riesgo insistió en que el objetivo no debe ser volver a las cifras anteriores a la crisis:“Ese sería solo el comienzo. Hay que acompañar a la masa laboral en esta nueva realidad, a la que la Administración también tendrá que adaptar su marco regulatorio, a nivel laboral y de competencias”.

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