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Industria farmacéutica »

Lilly encuentra su nuevo antitumoral en Madrid

El laboratorio de EE UU tiene un centro de I+D mundial en Alcobendas, de donde ha surgido el último medicamento contra el cáncer en avanzada fase de estudios con pacientes

Laboratorio del Centro de Investigación en Química Médica de Lilly en Madrid.

Las pacientes de todo el mundo que reciban en un futuro el fármaco abemaciclib para el cáncer de mama probablemente no sabrán que su concepción surgió de un laboratorio de investigación de Lilly en Alcobendas (Madrid). Allí trabajan más de 120 científicos en el que es el centro de I+D privado más importante de una multinacional en España.

La empresa estadounidense ha presentado esta semana resultados positivos de su estudio en fase III de abemaciclib para cáncer de mama. Se trata de la última etapa de pruebas con pacientes. Todavía falta la aprobación definitiva, pero es una de las esperanzas de futuro próximo para esta gigantesca compañía de Indianápolis. El diseño de ese fármaco ha salido del Centro de Investigación en Química Médica que Lilly tiene en Alcobendas, que cuenta con otros en Indianápolis, San Diego, Nueva York, China y Londres. El de Madrid es el único especializado en fármacos de síntesis química y es una rareza en nuestro país, junto a otros privados de AstraZeneca en Barcelona y otro de GSK destinado a la investigación de vacunas.

Este laboratorio de investigación fue abierto en el año 2002. “Se eligió Madrid por la altísima calidad de los científicos y por el ecosistema de I+D en España, con un Sistema Nacional de Salud muy bueno”, explica Teresa Millán, directora de relaciones institucionales de Lilly en España.

El centro de I+D cuenta con dos edificios diferenciados dentro del complejo de Alcobendas, donde la multinacional dispone también de una fábrica. En una parte, los químicos desarrollan teóricamente las futuras moléculas y realizan la síntesis de los compuestos, que pasan después al edificio donde se testan biológicamente con tejidos de múltiples patologías. Si no funcionan, vuelven a la casilla de origen para su rediseño y así infinitas veces hasta que en alguna de las pruebas se ve algún potencial curativo.

“Probamos alrededor de 10.000 compuestos al año. En estos 15 años hemos conseguido que pasen a ensayos clínicos con pacientes alrededor de 20 moléculas”, cuenta María José Lallena, directora de biología cuantitativa en el centro madrileño. Anteriormente a abemaciclib, de la investigación en Madrid surgió un fármaco llamado telaprevir (Incivo) contra la hepatitis C, finalmente comercializado por Janssen.

Cada molécula que se estudia se coordina con la central de Indianápolis. Si tienen éxito con el diseño de alguna de las moléculas, pasa a ensayos preclínicos con animales y en una siguiente etapa se avanza en estudios clínicos con pacientes de todo el mundo.

El centenar de investigadores de Madrid son mayoritariamente españoles, con estudios de doctorado y experiencia internacional. Es el caso de Lallena, que previamente fue investigadora en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y más tarde del prestigioso European Molecular Biology Laboratory de Heidelberg.“Cuando estaba en Alemania me di cuenta que quería hacer una investigación más enfocada a encontrar resultados para el paciente y salir de la academia”, cuenta. “Mi director de tesis me dijo que era un desperdicio irse a la empresa privada. 13 años después estoy muy orgullosa de lo que hemos hecho. Tenemos una enorme relación con el mundo de la biotecnología, grupos de investigación con el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) y relación con múltiples hospitales y universidades”, señala.

A diferencia de la universidad donde los estudios son más teóricos, la empresa invierte para encontrar un fármaco que sea una cura para los pacientes a la vez que ofrezca un retorno económico. En el laboratorio de Madrid, Lilly invierte entre 25 y 28 millones de euros al año para desarrollar solamente esta investigación básica.

Karsten Boehnke, doctor en Biología, es alemán y uno de los investigadores extranjeros que trabajan en el centro madrileño. Llegó a España en sus estudios posdoctorales para incorporarse al CNIO. “En nuestro centro se ve más la aplicación directa en la investigación clínica”, coincide este experto. “Aquí se hace ciencia de muy alta calidad. Es un laboratorio muy innovador y los científicos de todo el mundo ya saben lo que hace Lilly en Madrid, aunque nuestro objetivo no sean las publicaciones en revistas sino el paciente”, asegura.

“La ciencia es global y la que se hace en España está al mismo nivel que cualquier otra”, señala Millán. “Estamos demostrando que desde España se puede mejorar la vida del paciente”, recuerda la investigadora Lallena.

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