Gestión del talento »

La desmotivación, un miedo que ya atañe a la empresa

La gestión de las emociones es clave para las compañías que quieren retener su talento

El 78% de los trabajadores españoles dice estar descontento con su trabajo, según un estudio realizado en seis países iberoamericanos por Universia, la plataforma de universidades de Banco Santander, y la consultora de inspiración sobre personas People First. De entre ellos, España es el que peor índice de satisfacción muestra. Una infelicidad y desmotivación laboral que afecta tanto a empleados de menor rango como a cargos directivos, pese a disponer estos de mejores salarios y un impacto mayor en el rumbo de la compañía.

Las razones que pueden llevar a un ejecutivo a la desmotivación hacia su trabajo son diversas. Una es consecuencia directa de la crisis: “Las empresas han tenido que constreñirse y reestructurarse. Los empleados han visto salir a mucha gente y han tenido que cargarse de más trabajo. Eso ha generado preocupación, incertidumbre y estrés en las organizaciones”, afirma Pilar Rojo, directora del Club de Benchmarking de Recursos Humanos de IE Business School. Esto ha llevado, por un lado, a que “perfiles de alta y media dirección tengan que asumir responsabilidades de gestión a las que no estaban habituados”, como explica Merche Aranda, directora del máster en Desarrollo Directivo, Inteligencia Emocional y Coaching de EAE Business School.

Y por otro, a que “personas que no tenían como propósito alcanzar esa posición hayan tenido que asumirla. No escucharon su propio mensaje y la frustración crece”, explica Herminia Gomà, psicóloga y directora del Institut Gomà. No ejercer el cargo directivo con libertad de actuación, la rutina de liderar un mismo proyecto y a las mismas personas durante demasiado tiempo, y el miedo a los cambios que se suceden, como los tecnológicos, también son fuentes de desmotivación: “El cambio produce resistencia y escepticismo:no saber si voy a ser capaz de adquirir nuevas competencias, quién me va a dirigir...”, ejemplifica Pilar Rojo.

Todo ello produce efectos que afectan de forma frontal a la productividad, y cuyos signos no siempre se ligan a una falta de atracción por la labor que se desarrolla. “Un mayor cansancio, menos interacción con los compañeros, más seriedad o un carácter más estricto... Pueden atribuirse a factores puntuales. Pero prolongados en el tiempo son rasgos evidentes de desmotivación”, describe Merche Aranda. “Hay miedo a admitirlo y a no transmitirlo, por temor a perder el trabajo y no encontrar otro”, añade Herminia Gomà.

Encontrar una solución satisfactoria solo llegará con el empeño del empleado y de la empresa. El primero, con una actitud proactiva por recuperar las ganas de llegar al trabajo. Para ello, como explica Merche Aranda, hay que ser consciente de la situación, identificar los motivos, y desarrollar planes específicos para arreglarlos:proponerse nuevos retos, plantear un cambio de proyecto, de función... Transmitirlo a la empresa, por tanto, es clave.

Estas cada vez son más conscientes de la importancia de preservar la salud emocional de sus empleados. “El talento va a ser una de las variables que más van a diferenciar a las organizaciones. Saben que va a ser escaso y que hay que tenerlo muy motivado. Por eso están poniendo el foco en su propuesta de valor”, analiza Pilar Rojo. Esa propuesta tiene cinco puntos:el valor que el trabajador percibe de estar en esa empresa, ya sea el proyecto, el sueldo o la flexibilidad horaria; que la labor sea de interés, retadora y con impacto;la posición que ocupa la compañía dentro de su sector, la calidad de su producto, su política social, etc.; las oportunidades de desarrollo que ofrece;y el valor de las personas que la componen, sobre todo, de la alta dirección:“Que su liderazgo sea motivante”, añade Rojo. Para Herminia Gomà, “el liderazgo tiene dos componentes: determinación para lograr los objetivos, y humildad para relacionarte con las personas que van a ayudar a conseguirlos. Cuando no se valora esa carga emocional, nace la desmotivación”.

“Hace diez años no podía hablarse de emociones en la empresa”, cuenta Merche Aranda. La incorporación de la gestión emocional a la cultura corporativa, con herramientas específicas para desarrollarla entre los empleados, define, según Aranda, a una empresa sensible con la salud emocional.

Archivado en:

Y además:

Outbrain