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El CEO de Nestlé solo pide salud

El nuevo máximo ejecutivo de la multinacional proviene del sector sanitario

Ulf Mark Schneider, CEO de Nestlé.
Ulf Mark Schneider, CEO de Nestlé.

Alemán de origen, pero nacionalizado estadounidense. Alto ejecutivo del sector sanitario durante toda su carrera, y ahora CEO de una de las mayores multinacionales de bienes de consumo, muchos de ellos repletos de azúcar, a cuyo negocio está destinado a dar un giro. Ulf Mark Schneider, que acaba de asumir el cargo de consejero delegado de Nestlé –para el que fue nombrado en junio– está acostumbrado a adaptarse a entornos distintos, y ahora será él quien tenga que aplicar esos cambios al entorno.

Proviene de la empresa sanitaria alemana Fresenius, y es el primer CEO externo de la multinacional suiza desde 1922. Entonces fue un banquero, Louis Dappels, el elegido para reflotar la situación financiera del grupo. Schneider sustituye a Paul Bulcke, máximo ejecutivo de la compañía desde 2008, y que a partir de abril ejercerá de presidente.

El nuevo CEO llega con unas sólidas credenciales desde el punto de vista del inversor. Fresenius, que fabrica equipos y medicamentos para pacientes con problemas renales, ha ofrecido durante los últimos cinco años un rendimiento anual del 23% a sus accionistas a través de dividendos y el aumento del precio de la acción. En ese tiempo, Nestlé ha ofrecido un 10%. Los antecedentes del nuevo CEO encajan con el giro que quiere dar Nestlé hacia las ciencias de la salud: básicamente, productos para que las personas estén más sanas. Schneider tendrá el control directo de la rama de productos de salud –hasta ahora una unidad independiente–, que se integrará en el negocio general.

Dados sus antecedentes, asumirá con gusto la apuesta de la multinacional por la investigación sanitario-alimentaria: invertirá nueve millones de euros en cinco años en investigar, junto al Imperial College de Londres, el microbioma intestinal, y cómo se puede mejorar el metabolismo mediante el consumo de fibra. Nestlé también está interesada en investigar el Alzheimer y cómo combatirlo mediante la alimentación.

Alemán de nacimiento, tiene también la nacionalidad estadounidense; estudió en Harvard y ha trabajado también en Reino Unido

Aunque habla tres idiomas –alemán, inglés y francés–, le resultará más difícil convencer a algunos veteranos inversores, que ven con escepticismo esta apuesta por un área científica aún en sus comienzos, y que ya ha producido algunos fracasos. Por ejemplo, la biotecnológica estadounidense Seres Therapeutics, de la que Nestlé es máximo accionista, anunció en julio que su pastilla de esporas de la bacteria Clostridium difficile había tenido malos resultados en una prueba clínica. Sus acciones cayeron un 75%.

Nestlé prevé que las ventas anuales de esta área crezcan desde los 1.900 millones de euros actuales hasta los 9.600 millones, aunque no ha concretado cuándo. Anualmente, las ventas totales de la multinacional alcanzan los 83.000 millones de euros, y más del 80% del beneficio de explotación sigue proviniendo de los bienes de consumo. Sin embargo, el apartado de salud puede dar mejores márgenes de beneficios, hasta del 20%, frente al 15% global. Además, la unidad de capital riesgo de Nestlé, Inventages –creada hace 12 años– invierte principalmente en marcas de salud.

El nombramiento de alguien ajeno al sector tradicional de la empresa sorprendió al mercado, que lo interpretó como una confirmación de la voluntad de Nestlé de cambiar su orientación de negocio. “Es una compañía global verdaderamente icónica, con una larga historia y unas tremendas perspectivas futuras”, afirmó Schneider en el comunicado de su nombramiento. “Los consumidores de todo el mundo tienen cada vez más interés en su salud y bienestar personal, y Nestlé está bien colocada para avanzar en ese enfoque”. Nacido el 9 de septiembre de 1965 en Neuwied (Alemania), Schneider se licenció en Contabilidad y Finanzas, y se doctoró en Económicas por la Universidad de St. Gallen (Suiza), y un MBA en Harvard. En 2003 adquirió la nacionalidad estadounidense –que compagina con la de nacimiento–, y a menudo utiliza su apodo americano, Mark.

En 1989 entró en el grupo industrial alemán Haniel Group, accionista mayoritario del distribuidor farmacéutico británico Gehe, en el que fue director financiero. En noviembre de 2001 entró en Fresenius Medical Care también como director financiero, en este caso del negocio básico de diálisis, y en mayo de 2003 ascendió a CEO, con solo 37 años.

Bajo su liderazgo, el número de empleados se triplicó, los ingresos se cuadruplicaron y el ingreso neto se multiplicó por 12. También realizó importantes adquisiciones estratégicas, un método que los analistas creen que mantendrá en su nueva empresa.

El directivo ha afirmado en alguna ocasión que su experiencia en Harvard, en el Reino Unido con Gehe y en EE UU con Fresenius ha influido mucho en su visión de los negocios, dándole una orientación global.

Los expertos creen que Schneider debería olvidarse del objetivo –no alcanzado durante los últimos tres años– de incrementar los ingresos de Nestlé entre un 5% y un 6% al año. Como otras empresas de consumo, la multinacional anunció ventas decepcionantes en el tercer trimestre. Otra dificultad añadida es que, pese a la probada experiencia del nuevo CEO, Nestlé no deja de ser cuatro veces más grande que Fresenius.

Schneider es también directivo no ejecutivo del consejo de administración de la compañía química estadounidense DuPont de Nemours, y preside el Consejo Asesor Europeo de la Escuela de Negocios de Harvard. Es aficionado al ciclismo y a correr, dos actividades tan saludables como el rumbo que quiere tomar Nestlé.

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