Entrevista

Pascual: “Democratizamos el uso de los robots en las empresas”

Jacob Pascual dirige la filial de Universal Robots para Europa del Sur desde Barcelona

robótica
Jacob Pascual, en su despacho de trabajo.

Todas las revoluciones industriales se han caracterizado por transformar la producción y los modelos de trabajo. Y en el periodo actual, ya bautizado como cuarta revolución industrial, la robótica es una de las principales protagonistas. Este es el segmento de negocio al que se ha dirigido Universal Robots, empresa danesa de robótica que esparce sus artefactos alrededor de todo el mundo desde 2009, cuando lanzaron al mercado sus primeros productos. La filial en España y resto de países del sur de Europa la capitanea desde Barcelona Jacob Pascual, nacido en Dinamarca hace 43 años. “Llegué a la empresa hace cuatro años, tras haber trabajado en el sector industrial y en consultoría, principalmente en compañías danesas”, cuenta desde las oficinas de la organización, luminosas, que visten de un blanco impoluto, casi futurista y equipadas únicamente con lo imprescindible para trabajar.

La casa de Universal Robots en la Ciudad Condal, en la que trabaja un equipo de 12 personas, alberga por sus salas y esquinas varios de los prototipos que la organización vende: “Son tres brazos robóticos de diferente tamaño, peso y capacidad”, explica. Pascual narra cómo cuando se habla del potencial de este sector suele llegarse a un punto que, hoy por hoy, está más próximo a la ciencia ficción que a la realidad: “Se está investigando mucho sobre inteligencia artificial y cognitiva, pero en nuestros días los robots tienen funciones muy limitadas. Útiles, pero limitadas”. Por esa razón, en la empresa han decidido apostar por los llamados robots colaborativos, “aquellos que pueden trabajar hombro con hombro con las personas, para facilitarles la labor, pero siempre de forma conjunta”, prosigue.

La solución ha llegado de la mano de tres brazos robóticos, formados cada uno por seis ejes que, programándose para que hagan en cada ocasión el movimiento deseado, imitan la labor que podría hacer la extremidad humana. “Están pensados para que realicen las tareas más peligrosas y cansadas para una persona, como serrar, lijar, levantar peso o estar en una cadena de montaje”, continúa. Pero siempre, recalca, asistiendo al profesional. “Es un asistente más que un trabajo sustitutivo”.

La compañíaacapara el 80%de la cuota de mercado de los robots colaborativos

Pascual hace hincapié en este aspecto: la llegada de la robótica no significa que los empleados vayan a ser prescindibles en la empresa, “ya que se necesitarán nuevas cualidades matemáticas, ingenieras y técnicas”, apunta. Simplemente se producirá poco a poco una transformación completa del modelo productivo. En estos siete años, Universal Robots ha instalado cerca de 15.000 robots en todo el mundo, acaparando el 80% de la cuota de mercado de este segmento.

“La razón de este éxito es que nuestras herramientas son fáciles de programar. Antes hacía falta una formación ingeniera, pero estos, con lenguaje intuitivo y una mínima formación, son totalmente manejables”. Esta fácil irrupción ha llevado a que se transformen por completo los espacios de trabajo. “Hace unos años era impensable, por seguridad, que robots y humanos trabajasen en el mismo lugar. Ahora unos asisten a los otros. Queremos democratizar el uso de la robótica. De hecho, de aquí a cinco o diez años estos aparatos serán al 100% útiles incluso en el ámbito doméstico”.

Para ilustrar este cambio, Pascual encuentra un símil en internet. “Quizá con él han desaparecido algunos trabajos físicos en establecimientos, pero han surgido otros en distribución, logística o reparación”. Esas son, de hecho, las funciones a las que se dedican en la filial barcelonesa, de costumbres y métodos daneses. La mayoría del equipo ocupa una gran sala común, con mesas individuales que, mediante un botón, suben y bajan para trabajar sentado o de pie. “En Dinamarca esto se exige por ley, porque no es bueno para la espalda estar tantas horas sentado”.

En su despacho individual, Pascual cumple con la tradición de su país y la mesa de trabajo está alzada, junto a uno de los modelos de los brazos robóticos de la firma, el más pequeño de todos, con capacidad para manejar hasta tres kilos de peso. Sobre la mesa descansan varias carpetas y archivadores, “aunque para trabajar lo que necesito es el móvil y el ordenador”.

Las abejas y las matemáticas

Las abejas saben de matemáticas en muchos aspectos. Almacenan la miel en hexágonos porque, con la misma cantidad de cera, tienen más capacidad que un cuadrado, un círculo o un triángulo. Y al salir de la colmena volando, lejos de abrazarse a la improvisación, todas ellas se mueven en torno a una fórmula matemática compleja. De hecho, de ese recorrido al salir del panal se sirvió hace unos años Greenpeace en una campaña destinada a salvar las abejas. Un brazo robótico de Universal Robots programado para ello dibujó en un cuadro el patrón que siguen estos insectos.

Algo similar hizo la empresa con uno de sus robots, que ilustró el logo de la marca en un cuadro que decora el despacho de Jacob Pascual. “Para mí representa la necesaria fusión entre naturaleza y máquina”. Es el único elemento decorativo del director regional para el sur de Europa: “Paso fácilmente el 50% de mi tiempo viajando por negocios, y tampoco estoy aquí tanto tiempo”.

Esa rutina, sin embargo, no le hace privarse de sus principales aficiones, “y como me gusta mucho el deporte, si no puedo hacer maratones o triatlones porque estoy de viaje, procuro meter siempre unas zapatillas de running en la maleta”. De esta forma, “descubro las ciudades de una manera diferente a como lo hace la mayoría de la gente”, cuenta.

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