La UE, del revés

Trump pasa a Europa una factura en defensa de 80.000 millones

El presidente electo de EE UU exige a los europeos que asuman su parte del coste de la OTAN

La factura para España asciende a 11.000 millones de euros

Bruselas plantea una Unión de la Defensa para compartir los gastos entre todos los socios

Trump

Los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa de la UE se reúnen hoy (14 de noviembre) en Bruselas para debatir, entre otras cosas, sobre la nueva estrategia de seguridad del club comunitario. La política de seguridad común ha sido una de las asignaturas pendientes de la UE desde su fundación hace 60 años. Pero el giro político que se anuncia en EE UU obliga a Bruselas a acelerar la llamada Unión de la Defensa y, sobre todo, a buscar los ingentes recursos necesarios para financiarla. Una factura inevitable tras la promesa del presidente electo de EE UU, Donald Trump, de replegar la presencia militar de su país en el exterior, muy en particular en Europa.

La decisión de Trump, si se materializa, obligará a Europa a aumentar el gasto en defensa en unos 80.000 millones de euros para cumplir con los objetivos marcados por la OTAN.

Los 28 miembros de la Alianza Atlántica se comprometieron a asignar a gasto de defensa el equivalente al 2% del PIB, pero Europa (incluida Turquía y Noruega) sólo destinó en 2016 un total de 263.000 millones de dólares (a precios de 2010), equivalente al 1,46%. Una cifra que se queda muy lejos de lo que le correspondería (359.000 millones de dólares) y que es menos de la mitad del presupuesto de defensa de EE UU (608.000 millones de dólares).

Casi toda la UE está por debajo del 2% de gasto militar que exige la OTAN

El 2% no es un objetivo legalmente vinculante. Y de hecho, el gasto no ha dejado de caer en la mayoría los aliados, empezando por EE UU, que destina el 3,6% a defensa frente al 5,3% de 2009. El problema es que Trump parece dispuesto a cerrar el paraguas militar bajo el que se ha cobijado gran parte de Europa desde el final de la II Guerra Mundial, lo que obligará a los europeos a asumir su parte de la factura.

El país más perjudicado por la descomunal derrama presupuestaría que se avecina será Alemania, cuyo gasto militar está casi 25.000 millones de euros por debajo del esfuerzo teóricamente requerido por la OTAN. Berlín ya ha empezado a tirar de cartera y tiene previsto aumentar su presupuesto defensivo de 35.000 millones en 2015 a casi 40.000 millones en 2020.

Pero España, donde el gasto de defensa ha caído un 17 desde el comienzo de la crisis hasta los 10.000 millones de euros al año, también se vería obligada a realizar un tremendo esfuerzo presupuestario. Para cubrir el objetivo de la OTAN, España tiene que doblar el gasto con 11.000 millones de euros más.

España debería duplicar su
su gasto militar hasta
11.000 millones

La factura sorprende a España y a buena parte de la zona euro (14 de sus 19 miembros pertenecen a la OTAN) atrapada todavía en un proceso de ajuste presupuestario tras la crisis financiera de 2008 y la crisis de la moneda única en 201.

Aun así, Europa parece condenada a aumentar su gasto militar. Y como en tantos otros terrenos, la única vía para que la factura resulte asumible parece pasar por la coordinación y mutualización de la nueva política. Y en este caso, a diferencia de los problemas de deuda o paro, Alemania acepta que se compartan los gastos y se ha puesto del frente del plan junto a Francia, Italia y España.

Ese grupo de vanguardia pretende comunitarizar en parte el gasto militar para que el presupuesto de la UE contribuya a su financiación. La Comisión Europea ya ha dado un primer paso, proponiendo una pequeña partida de 30 millones de euros anuales (2017-2019) para un fondo de I+D (investigación y desarrollo) destinado al sector de defensa. La partida es pequeña pero su objetivo es romper el tabú que impide al presupuesto comunitario financiar proyectos militares. Si sale adelante, Berlín y compañía intentarán ampliar el fondo a partir de 2020. El segundo paso apuntaría a la emisión de bonos “militares” con aval de la UE o a través del Banco Europeo de Inversiones, aunque para ello se requiere cambiar el estatuto de la entidad, que también impide la financiación de proyectos militares. Y por otro lado, se pretende ampliar el porcentaje de gastos compartidos por los Estados en las operaciones militares conjuntas, que ahora se sitúa en torno al 10% o 15% y sólo puede sufragar ciertas partidas de gasto.

El plan se ha bautizado como Unión de la Seguridad y de la Defensa y se pretende lanzar con pompa en Roma en marzo de 2017, durante las celebraciones del 60 aniversario de la fundación del club europeo. Pero la idea se ha topado ya con la resistencia de numerosos socios, que durante la reunión de hoy y mañana en Bruselas hará todo lo posible por diluirlo o retrasarlo.

La resistencia, según fuentes diplomáticas, procede de países neutrales, como Irlanda, Suecia y Austria, que no pertenecen a la OTAN y no desean que la UE se involucre en temas militares, o de los países del Este, que frente a Rusia se fían más de la protección actual de Washington a través de la OTAN que de la futura de Bruselas a través de la UE.

La victoria de Trump, según fuentes diplomáticas, podría alterar estas posiciones. Pero las mismas fuentes reconocen que el cambio puede jugar tanto a favor como en contra de la Unión de la defensa europea porque algunos socios pueden optar por concentrarse en cumplir concentrarse en cumplir el objetivo de gasto de la OTAN (incumplido por todos, salvo Reino Unido, Polonia, Grecia y Estonia) para congraciarse con el futuro presidente de EE UU.

Federica Mogherini, Alta Representante de la UE, que presidirá hoy la reunión de ministros en Bruselas, intentará convencer a esos paises reticentes de que “no hay contradicción entre que la UE se dote de una autonomía estratégica y el compromiso con la OTAN”. Mogherini recordó la semana pasada que “nuestra región es la más conflictiva del mundo” y pidió pasos concretos para demostrar que Europa “es un socio fiable que se ocupa de su propia seguridad”. Un objetivo que puede costar 80.000 millones de euros.

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