Director general de Robotics

Arderiu: “La libertad horaria aumenta un 19% la productividad”

La empresa ofrece un software para organizar las horas de trabajo de los profesionales

"Lo que más daña a las organizaciones es tener a gente mirando el reloj"

Arderiu: “La libertad horaria aumenta un 19% la productividad”

Las empresas, lentas pero firmes, parecen avanzar hacia la flexibilidad horaria y hacia la autonomía de los profesionales. Y ahí surge una oportunidad de negocio, siempre y cuando se ofrezca un proyecto rompedor y transformador. Esto es precisamente lo que construyen en Robotics, una compañía familiar con sede en Sabadell (Barcelona) que dirige desde hace 14 años David Arderiu, nacido en la Ciudad Condal en 1972. “Yo iba para programador, pero cuando terminé la carrera de Ingeniería de Telecomunicaciones tuve el dilema de continuar con mi trayectoria o entrar en la empresa”.

Ganó la segunda opción, pero en todos estos años ha trastocado el negocio por completo. “Cuando llegué aquí había seis personas. Hoy somos más de 50”. Pero lo que más ha cambiado, prosigue, ha sido la forma de hacer negocio: “Hoy en día, y más en el mundo tecnológico, todo lo que hacemos pasa a estar olvidado en tres años”, advierte, mientras añade que este es el mayor hándicap de la empresa de hoy en día. “Es la parte más dura, porque inventas algo que sabes que no va a perdurar. No ocurre como cuando eres arquitecto, que sabes que el edificio construido lo verán hijos y nietos”.

Pero Arderiu saca la parte positiva de esta situación, “y esto también supone un incentivo, ya que tienes que reinventarte continuamente para seguir siendo competitivo”. La respuesta de Robotics ha sido un software que venden a las empresas para gestionar el tiempo de sus profesionales. “Todo lo que puede ser flexibilizado debe serlo, también el tiempo de trabajo”. De esta forma, cada empleado puede organizarse la jornada a su gusto, dependiendo de sus necesidades u obligaciones, “y si por alguna razón te tienes que ir antes o tienes poco trabajo ese día, sabes las horas que te quedan por recuperar. Nuestro software avisa al departamento de recursos humanos correspondiente por si alguien hace tiempo de más o de menos”, explica desde su despacho, en una alta torre de oficinas de Sabadell rodeada de casitas bajas que da a parar a una sala diáfana en la que trabaja el resto del equipo, que también utiliza la propia herramienta que ellos mismos confeccionan.

“Nosotros, por ejemplo, estamos siempre de 9 a 13 horas, que es cuando tenemos que hablar con los clientes, darles soporte y reunirnos, pero si alguien quiere entrar antes o quedarse por la tarde, es libre de organizarse y hacerlo”. Y es que, asegura el ejecutivo, lo que más daño hace a la empresa hoy en día es “tener gente mirando el reloj, esperando la hora de irse, el presentismo. Diferentes estudios de Adecco e IESE afirman que esa libertad para irse a casa antes o autogestionarse la jornada aumenta la productividad como mínimo un 19%”.

Todo se reduce, al fin y al cabo, a dar libertad al profesional para que organice su tiempo. “Esto, en mi caso, supone trabajar todo el día. Yo soy de los que se levantan a las tres de la mañana para apuntar una idea que ha surgido. Aunque es cierto que gran parte de la labor la hago fuera de la oficina”. Esto conlleva a que tampoco presten mucha atención a las oficinas, sobrias y poco decoradas, plenamente funcionales. Arderiu trabaja en un despacho con vistas a la sierra, espacioso, equipado únicamente con una mesa de trabajo y una pequeña estantería, que siempre permanece con la puerta abierta. “Aquí hago de coach, hablo con el equipo, le ayudo a buscar nuevas perspectivas. Esa es mi principal función en la oficina, ya que por otra parte me gusta permanecer en la sombra, sin ser protagonista. Y para eso, realmente el despacho es secundario”.

Y aunque no le den mucha importancia al espacio, el director general reconoce que a este ritmo tendrán que pedir hueco a los vecinos de la torre de oficinas. “Tuvimos que ampliar y a este paso tendremos que volver a hacerlo”. Se refiere a la facturación de Robotics en 2015, de dos millones de euros, que previsiblemente aumentará un millón más este año.

 

Buceo para sentir más grande el planeta

La oficina en la que trabajan David Arderiu y su equipo está exactamente a 36,7 metros de altura. Eso es lo que dice al menos el reloj de precisión de este directivo, amante e instructor de buceo. “Me encanta la naturaleza y, sobre todo, bucear, una pasión que descubrí hace ya unos años”. Principalmente, explica, porque se aleja del ruido y de las aglomeraciones. “A las personas ya las veo mucho durante el resto de la semana”. Y, así, ha viajado hasta los lugares más remotos de la Patagonia argentina, o se ha quedado tirado en Kazajistán en un viaje a Mongolia en un coche de tercera mano.

Con el buceo, continúa, descubrió que el mundo es mucho más grande de lo que suele pensarse. “A mí, por ejemplo, me gusta mucho Egipto, pero hay veces que he estado allí y ya no he visto las pirámides o las tumbas, sino que me he ido a bucear, a ver otra parte más desconocida del país”, afirma este profesional, quien intenta descubrir nuevos mundos y lugares perdidos. “Hay que ver cosas nuevas. Hoy, con la inteligencia artificial, que solo nos muestra lo que a priori nos gusta porque antes nos ha registrado y analizado, cada vez somos más ignorantes, porque dejamos de aprender cosas nuevas”.

Eso, explica, también ocurre cuando muchas empresas oyen que deben dar más autonomía a los empleados. “Se asustan y, a veces, te cuelgan el teléfono porque no lo entienden”. Pero todos los días, prosigue, se forman atascos por la mañana y por la tarde, “porque todos entramos y salimos de trabajar a la misma hora. Lo que tenemos que conseguir es que alguien que ha terminado su trabajo o que prefiere continuar al día siguiente pueda irse a casa sin sentirse culpable y sin que nadie le mire mal”.

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