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Tipos más altos para ser más productivos

Los estímulos monetarios artificiales producen inversiones erróneas, según la escuela austriaca

Sede del Banco Central Europeo, en Fráncfort (Alemania).

El crecimiento de la productividad ha caído a niveles bajos o negativos en países con políticas monetarias poco convencionales, los desarrollados, mientras se mantiene normal en los emergentes. Hay muchos factores, pero los hechos recuerdan a las advertencias de la escuela austríaca de economía sobre los efectos perniciosos del dinero fácil. Una cosa es segura: invertir el rumbo no será sencillo.

Las políticas de estímulo que han seguido varios bancos centrales desde 2008 no han provocado un aumento de la inflación, como debería haber ocurrido según la visión convencional de la teoría monetaria liderada por Milton Friedman. El crecimiento de los precios, que había empezado a subir en 2011, ha bajado a niveles muy bajos desde entonces.

Sin embargo, el crecimiento de la productividad ha caído en todos los países que han aplicado políticas prolongadas de tipos de interés cero. En EEUU, los trabajadores se volvieron un 2,9% anual más productivos entre 1948 y 1973, frente al 1,9% en el siguiente periodo, hasta 2010. Durante los últimos cinco años se ha desplomado hasta un mero 0,7% anual, y a 0 en los últimos cuatro trimestres. En ReinoUnido, la tasa promedió un 2,2% anual entre 1959 y 2007, y desde entonces se ha hundido hasta el 0,1%. En los últimos dos años, sin embargo, se recuperado ligeramente.

En la zona euro, la variable ha disminuido del 1,3% anual entre 1995 y 2007 al 0,8% entre 2007 y 2015. Esta disminución es menos marcada en parte gracias a que los nuevos miembros del Este están alcanzando a las economías más desarrolladas. En Japón, la productividad manufacturera creció entre 1990 y 2008 a un ritmo anual del 2,6%. Desde entonces, con políticas monetarias de estímulo, ha disminuido a un 0,5% anual.

Esta desaceleración no ha ocurrido en la misma medida en los mercados emergentes, donde los tipos han permanecido generalmente más altos. En Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, México, Indonesia y Turquía, el crecimiento de la productividad, que promedió un 4,9% anual entre 1999 y 2006, cayó solo hasta un 4,2% anual hasta 2015.

Existen posibles explicaciones no monetarias. Robert Gordon, de la Northwestern University (Illinois, EEUU), sostiene que los avances tecnológicos tienen cada vez menos impacto. Asimismo, también podría jugar un papel la mayor regulación.

El aumento de la desigualdad, que está en parte causado por los tipos ultrabajos, es un factor. También puede ser que las mediciones de la productividad en los países ricos no reflejen adecuadamente las nuevas formas que tienen los trabajadores de mejorar sus capacidades.

Hay, sin embargo, dos posibles mecanismos por los cuales los tipos ultrabajos, negativos en términos reales, podrían causar un inesperado pobre crecimiento de la productividad. Uno es a través del ahorro, un ingrediente esencial en la formación de nuevos negocios, y que ha estado algo deprimido por los bajos tipos reales. La tasa de formación de nuevos negocios en EEUU disminuyó del 12% al 10,2% entre 2007 y 2013 (aunque ya venía cayendo desde el 17,1% de 1977).

La otra posibilidad la sugirió el economista austriaco Ludwig von Mises. La productividad de la inversión se optimiza cuando los tipos están en su nivel “natural”, según el desarrollo de la economía y el estado del ciclo económico. Cuando los tipos se reducen artificialmente, se produce la denominada malinversión, como en las burbujas de las puntocom y de vivienda, que reducen la productividad a corto plazo y obligan a realizar liquidaciones en la recesión posterior. Los bajos tipos prolongados pueden, por ejemplo, impulsar la construcción excesiva de hoteles o alimentar niveles récord de recompra de acciones corporativas.

Devolver los tipos reales a un nivel más cercano a su nivel natural, que podría estar ahora por debajo de su promedio histórico de más del 2% –pero no en negativo–, podría corregir esta situación. Pero también se correría el riesgo de provocar una recesión, ya que las inversiones mal asignadas se liquidarían, lo cual reduciría la producción y provocaría pérdidas de empleo.

Sin embargo, si la escuela austriaca tuviera razón, también podría llevar de nuevo el crecimiento de la productividad cerca de su tendencia histórica, permitiendo a las economías más ricas continuar su avance a largo plazo. Pero sólo llegarían a ello después de una incómoda caída.

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